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De acuerdo con el Informe sobre el desarrollo mundial, existe una necesidad urgente de incrementar las inversiones en la población juvenil del mundo en desarrollo, que ha alcanzado un nivel sin precedente

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SINGAPUR, 16 de septiembre de 2006. De acuerdo con un nuevo informe del Banco Mundial, presentado en las Reuniones Anuales del Banco en Singapur, los países en desarrollo que inviertan en mejor educación, atención de la salud y formación laboral para sus habitantes jóvenes de entre 12 y 24 años de edad, cuyo número ha alcanzado un nivel sin precedente, podrían lograr un pujante crecimiento económico y reducir marcadamente la pobreza.

Habida cuenta de que hoy viven en el mundo en desarrollo 1.300 millones de jóvenes —el grupo más extenso en toda la historia—, no ha existido jamás un mejor momento para invertir en los jóvenes, que gozan de mejor salud y han recibido más instrucción que las generaciones anteriores e ingresarán en la fuerza de trabajo con menos dependientes debido a los cambios demográficos. Por el contrario, no aprovechar esta oportunidad de darles una formación más eficaz para desempeñarse laboralmente y para ser ciudadanos activos, podría ocasionar una desilusión generalizada y tensiones sociales.

 “El gran número de jóvenes que viven en los países en desarrollo ofrece amplias oportunidades al tiempo que plantea riesgos”, afirma François Bourguignon, Primer Vicepresidente y Primer Economista, Economía del Desarrollo, del Banco Mundial. “Las posibilidades son enormes, pues muchos países tendrán una fuerza de trabajo más extensa y calificada y un menor número de dependientes. No obstante, estos jóvenes deberán recibir una preparación adecuada que les permita crear y encontrar buenos empleos”.

En el informe se señala que los jóvenes constituyen casi la mitad de las filas de desempleados de todo el mundo y que exclusivamente en la región de Oriente Medio y Norte de África, por ejemplo, deben crearse 100 millones de empleos para el año 2020 a fin de estabilizar su situación en la esfera laboral. Asimismo, las encuestas de jóvenes en Asia oriental y en Europa oriental y Asia central —que se llevaron a cabo como parte de la investigación para el informe— señalan que el acceso al empleo, así como la seguridad física, es su mayor preocupación.

Muchísimos jóvenes —unos 130 millones de entre 15 y 24 años de edad— no saben leer ni escribir. La enseñanza secundaria y la adquisición de aptitudes sólo tienen sentido si se ha completado con éxito la escuela primaria. Y como éste no es el caso, deben redoblarse los esfuerzos en esta esfera. Además, más del 20% de las empresas de países como Argelia, Bangladesh, Brasil, China, Estonia y Zambia declaran que uno de los obstáculos importantes o graves que afectan a sus operaciones consiste en la falta de aptitudes y educación adecuadas de los trabajadores. Para superar esta desventaja se requieren más y mejores inversiones en los jóvenes.

“La mayoría de los países en desarrollo tiene una breve ventana de oportunidad para resolver la situación antes de que su vasta población juvenil llegue a la edad madura, y pierda así su ventaja demográfica. Es más que una política social acertada; es una de las decisiones de fondo que los países en desarrollo podrían tomar para erradicar la pobreza y galvanizar su economía”, afirma Manny Jimenez, principal autor del informe y Director de Desarrollo Humano del Departamento de Asia Oriental y el Pacífico del Banco Mundial.

Según un estudio, el hecho de que en 1965-90 la tasa de crecimiento de Asia oriental haya superado en más del 40% a la de América Latina obedece a políticas progresistas en materia de macroeconomía, comercio, educación, salud y formación profesional, así como al crecimiento más rápido de su población en edad de trabajar. Los países que dejen pasar esta oportunidad demográfica quedarán aún más rezagados en el marco de la economía mundial.

En el Informe sobre el desarrollo mundial se señala que la mayoría de las autoridades normativas sabe que los jóvenes ejercerán una gran influencia en el destino social y económico de su nación, pero al mismo tiempo enfrentan graves dilemas al escoger la manera más eficaz de invertir en ellos. También se identifican tres políticas estratégicas que permiten potenciar las inversiones en la población juvenil: 1) ampliar las oportunidades, 2) mejorar las capacidades, y 3) ofrecer segundas oportunidades a los jóvenes que han quedado rezagados debido a circunstancias difíciles o decisiones desacertadas. Estas políticas abordan las cinco fases de transición fundamentales que afrontan los jóvenes e inciden en toda su vida económica, social y familiar, a saber: seguir estudiando, comenzar a trabajar, adoptar un estilo de vida saludable, formar una familia y ejercer los derechos cívicos.

Oportunidades. Cuando sus posibilidades de recibir buenos servicios de educación y de atención de la salud son mayores, los jóvenes pueden adquirir las aptitudes de vida que les permiten navegar sin zozobras por el mar de la adolescencia y la juventud; en forma similar, una mejor formación profesional los ayuda a competir en el ámbito laboral. La participación de los jóvenes en actividades políticas y en organizaciones sociales es fundamental para potenciar la voz de los jóvenes en la vida cívica de sus propias comunidades y también es de vital importancia para un buen gobierno.

Si los jóvenes no tienen la posibilidad de participar productivamente en la vida cívica, sus frustraciones pueden generar tensiones económicas y sociales, con la consiguiente creación de conflictos que persisten durante largo tiempo. En Sri Lanka, por ejemplo, el actual enfrentamiento étnico entre los cingaleses y los tamiles fue causado inicialmente por la frustración experimentada por los estudiantes tamiles, a quienes se había privado de la posibilidad de ingresar en universidades y otros canales de participación cívica.

Capacidades. Es importante proporcionar información a los jóvenes y desarrollar sus aptitudes para tomar decisiones, especialmente respecto de su salud y del aprendizaje continuo. Armados con la información y los incentivos adecuados, estos jóvenes pueden tomar decisiones acertadas.

El análisis del programa Mejores Alternativas de Vida, en la India, que ofrece información sobre salud y servicios reproductivos y formación profesional a mujeres de entre 12 y 20 años de edad que viven en barrios de tugurios urbanos y zonas rurales, indica que las jóvenes que participaban en el programa intervenían en forma más significativa que las restantes en decisiones vitales clave.

Segundas oportunidades. Los países deben establecer programas destinados a jóvenes que han quedado rezagados debido a circunstancias difíciles o decisiones desacertadas, entre ellas: deserción escolar, drogadicción, conducta delictiva o desempleo prolongado. Las segundas oportunidades ayudan a los jóvenes a reconstruir su futuro y, consiguientemente, generan beneficios a largo plazo para la sociedad en su conjunto. La rehabilitación es costosa, pero los beneficios son máximos para los jóvenes que aún tienen por delante toda una vida de productividad potencial.

Según el informe, 300.000 personas menores de 18 años han participado recientemente en conflictos armados, y otras 500.000 han sido reclutadas por fuerzas militares o paramilitares. La experiencia de los programas de desmovilización y rehabilitación demuestra que los jóvenes combatientes pueden reconstruir su vida cuando reciben formación laboral y apoyo médico y psicológico.

Si bien estas cuestiones no se resuelven fácilmente, los países en desarrollo, así como su población juvenil pueden extraer enseñanzas de docenas de ejemplos en que los jóvenes, con el apoyo de políticas e instituciones públicas acertadas, no sólo han podido hacer frente a sus dificultades, sino que han prosperado.

 “En comparación con sus predecesores, los jóvenes de hoy tienen un mayor grado de instrucción, gozan de una apertura política más amplia y tienen más contacto con el mundo exterior a través de la televisión, internet y la migración, gracias a lo cual pueden recorrer con más facilidad la etapa de transición y convertirse en los ciudadanos del futuro comprometidos y respetuosos de la ley”, afirma Mamta Murthi, coautora del Informe sobre el desarrollo mundial, 2007, y economista superior en el Departamento de Europa y Asia Central del Banco Mundial.

 Murthi sostiene que la canalización de los conocimientos y la creatividad natural de los jóvenes contribuye a estimular el crecimiento económico y puede producir beneficios perdurables que también tendrán efectos positivos en las futuras generaciones. En otras palabras, incidirán en los resultados de la lucha mundial contra la pobreza durante los próximos 40 ó 50 años.





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