17 de septiembre de 2006—Una mejor gestión pública y la aplicación de medidas contra la corrupción deben ser componentes de toda estrategia de lucha contra la pobreza. Esta idea recibió el caluroso respaldo de destacados orientadores de la opinión pública mundial, en Singapur, el domingo.
Todos ellos hicieron uso de la palabra en un debate en panel, cuyo moderador fue Dele Olojede —periodista ganador del premio Pulitzer—, organizado por el Instituto del Banco Mundial, en un plenario del Programa de seminarios que acompaña a las Reuniones Anuales del Banco y del FMI.
En su discurso, el primero de todos los pronunciados, Volcker dijo que un fracaso en la lucha contra la corrupción irÃa en detrimento del desarrollo, y que “[e]l mayor peligro para el desarrollo, y para el propio Banco Mundial, serÃa el de asumir el papel de espectadores frente a este desafÃoâ€. Si el Banco intentara otorgar más financiamiento sin abordar ese tema, no harÃa más que “reducir el valor de ese nuevo financiamiento […] y la eficacia de sus programasâ€.
La corrupción —sostuvo Githongo— cobró impulso en la “profunda maraña†de burócratas, polÃticos, funcionarios de seguridad y empresarios-intermediarios. Para desentrañarla hubo que exigir rendición de cuentas al poder ejecutivo y promover el imperio de la ley.
Ribadu, que en su calidad de investigador principal de casos de corrupción en su paÃs ocupa posiciones de avanzada en esa lucha, dijo que la corrupción impide a los paÃses pobres aprovechar sus propios recursos, humanos y naturales. En una exposición conmovedora, recibida con aplausos, señaló que paÃses como el suyo habÃan sido despojados del dinero con el que podrÃan haber financiado colegios y hospitales. “Estamos cansados de vivir de la bondad ajena; […] la pobreza no pasará a la historia si primero no pasan a la historia la corrupción y la malversación de los recursosâ€.
Labelle y Volcker mencionaron el reciente asesinato de Andrei Kozlov, ejecutivo del Banco Central de la Federación de Rusia, de orientación reformista, como ejemplo de los efectos corrosivos de la corrupción.
La observación de que la corrupción es una “vÃa de tránsito en dos sentidos†se formuló en forma más rotunda en la etapa de preguntas y respuestas. Los panelistas señalaron que asà como los paÃses en desarrollo tienen que realizar una gestión más acertada para prevenir la corrupción y castigar a los transgresores, los paÃses desarrollados deben adoptar medidas encaminadas a castigar a quienes dan sobornos, e impedir que sus sistemas bancarios se utilicen para almacenar dinero obtenido ilÃcitamenteâ€. Según Ribadu, “[l]os paÃses desarrollados no pueden aplicar un doble juego de normasâ€.
Anteriormente, en su alocución de bienvenida, el presidente Paul Wolfowitz habÃa destacado su convicción de que la corrupción era un grave obstáculo para el desarrollo, y que una buena gestión pública y el establecimiento de salvaguardias contra la corrupción eran requisitos indispensables para reducir la pobreza.