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Banco mundial recomienda mejorar la gestión forestal y usar mercados de emisiones de carbono para salvar los bosques tropicales

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Comunicado de prensa Nº:2007/114/DEC

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WASHINGTON D.C., 23 de octubre de 2006-Para detener la rápida contracción de los bosques tropicales y mejorar las perspectivas económicas de millones de pobres, se requiere fortalecer en forma urgente el buen gobierno forestal a nivel de países. En el ámbito mundial, este proceso exige fuertes incentivos financieros, según un nuevo informe sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo publicado por el Banco Mundial, "At Loggerheads? Agricultural Expansion, Poverty Reduction and Environment in the Tropical Forests." [¿Ámbitos contradictorios? Expansión agrícola, lucha contra la pobreza y medio ambiente en los bosques tropicales].

 

La mayoría de los habitantes de las zonas tropicales rurales -unos 800 millones de personas- viven en zonas boscosas y selvas vulnerables o en sus cercanías y su supervivencia depende casi exclusivamente de ellas. Sin embargo, la deforestación, con una tasa de avance de 5% cada 10 años, sigue agotando este recurso a un ritmo sostenido, contribuye a 20% de las emisiones mundiales anuales de CO2 y amenaza gravemente la biodiversidad del planeta.

 

"A nivel mundial, el financiamiento generado por la venta de créditos de emisiones de carbono puede convertirse en un incentivo poderoso para frenar la deforestación", señaló François Bourguignon, economista principal y primer vicepresidente, Economía del Desarrollo, del Banco Mundial. "Las compensaciones para evitar la deforestación pueden ayudar a los países en desarrollo a fortalecer el buen gobierno forestal y aumentar los ingresos rurales, además de ayudar al mundo en general a mitigar más decididamente el cambio climático".

 

En América Latina, los densos bosques tropicales suelen talarse para dar paso a tierras de pastoreo -cuyo valor puede ser de apenas US$300 la hectárea- en un proceso que libera grandes cantidades de CO2. En África y Asia, algunas deforestaciones son tan poco productivas como las recién mencionadas. En cambio, los bosques pueden valer hasta cinco veces más si se mantienen y proporcionan los beneficios de la absorción de carbono en lugar de ser talados y quemados. Si los países en desarrollo pudieran explotar este valor, podrían fomentar actividades agrícolas más productivas en zonas degradadas y a la vez conservar los beneficios ecológicos brindados por los bosques.

 

Sin embargo, los actuales mercados de emisiones de carbono no aprovechan los potenciales beneficios de los bosques en el ámbito del carbono. Por este motivo, el informe revisa los obstáculos que impiden usar el financiamiento generado por la venta de créditos de emisiones de carbono a nivel mundial para frenar la deforestación y ofrece soluciones viables.

 

"Ahora es el momento de reducir la presión ejercida sobre los bosques tropicales mediante la creación de un marco integral que incorpore la ordenación forestal sostenible a la estrategia mundial de mitigación del cambio climático y conservación de la biodiversidad", afirmó Katherine Sierra, vicepresidenta, Desarrollo Sostenible, del Banco Mundial.

 

La deforestación es un fenómeno impulsado en gran medida por incentivos económicos para ampliar la frontera agrícola y cuya rentabilidad es muy variable. En Madagascar, por ejemplo, los pobres talan los bosques para obtener ganancias exiguas y momentáneas, mientras que en Brasil, los agricultores a escala comercial talan los cerrados y los bosques y obtienen enormes utilidades. En ambos casos, la tasa de deforestación y su rentabilidad se ven influenciados por cambios de precio en los productos agrícolas.

 

"Se dice que la gente corta los bosques porque es pobre y que la deforestación causa pobreza -pero las generalizaciones no son una buena base para formular políticas", sostiene Kenneth Chomitz, el autor principal del informe. "Nosotros constatamos que la deforestación es provocada tanto por ricos como por pobres y que puede destruir o bien crear activos para los pobres".

 

El informe entrega un marco sencillo para el análisis de políticas con la identificación de tres tipos de bosques -en tierras en disputa y fronterizas, en tierras más allá de la frontera agrícola y en tierras en mosaicos donde coexisten bosques y predios agrícolas. Además, compara información geográfica y económica de cada tipo de bosque con el objetivo de ayudar a formular políticas forestales que sirvan para reducir la pobreza.

 

El informe destaca diferentes prioridades para cada tipo de bosque y las diversas interacciones entre incentivos para la deforestación, lejanía, derechos forestales y medio ambiente:

 

En zonas en disputa y fronterizas es fundamental ordenar y garantizar los derechos forestales a fin de reducir los conflictos y mejorar los medios rurales de sustento.

 

En áreas más allá de la frontera agrícola, tales como las cuencas de los ríos Amazonas y Congo y el corazón de los bosques tropicales de Borneo, Nueva Guinea y Sulawesi, el principal desafío es actuar con rapidez para prevenir los efectos sociales y ambientales negativos derivados de una futura expansión agrícola.

 

En el caso de las tierras de mosaico, que a menudo se pasan por alto y donde existe una mayor integración entre personas y árboles, el informe sugiere incluir pagos para programas de beneficio ecológico. Por ejemplo, un proyecto financiado por el FMAM en Colombia, Costa Rica y Nicaragua paga a los campesinos por preservar el bosque y cambiar su ganado de tierras de pastoreo degradadas a sistemas de agroforestería, los cuales pueden aportar beneficios tanto en materia de biodiversidad como de reducción de las emisiones de carbono.

 

Según el informe, las causas de la pobreza en zonas forestales se explican, entre otros motivos, por la lejanía, situación que con frecuencia impide que los habitantes de los bosques comercialicen los productos forestales. Además, millones de habitantes de zonas boscosas no tienen derechos legales sobre los bosques, carecen de acceso y tenencia segura sobre los recursos del bosque o viven en zonas degradadas. Por otra parte, los potenciales ingresos forestales pueden verse mermados por la falta de suficientes capacidades y tecnologías o la deficiencia de las instituciones.

 

 

Con nuevas tecnologías e instituciones, los pobres podrían contrarrestar las poderosas fuerzas en competencia que tienden a quedarse con los recursos forestales, mientras que la sociedad podría armonizar los objetivos medioambientales y de desarrollo regional. Por ejemplo, la propuesta de usar compromisos de protección forestal negociables en Brasil podría aumentar los beneficios de las normativas del uso del suelo para la biodiversidad, al tiempo que facilitarían el cumplimiento de parte de los propietarios.

 

Las reformas emprendidas en Camerún incluyen la asignación transparente de concesiones y regalías forestales y la contratación de observadores independientes que utilizan sensores a distancia para detectar cualquier tala ilegal.

 

 




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