23 de octubre 2006 —Imaginemos a un campesino pobre talando una hectárea de bosque pluvial, rico en biodiversidad, para dar un lugar a una pradera cuyo valor ascienda a US$300.
Entretanto, las empresas de los paÃses industrializados pagan con creces el valor de la tierra desbrozada – cerca de US$7.500 – para cumplir su compromiso de limitar la misma cantidad de emisiones de carbono.
“Los árboles son más valiosos vivos, almacenando carbono, que lo que valen una vez quemados y transformados en campos improductivosâ€, indica Kenneth Chomitz, autor principal de un nuevo informe del Banco Mundial acerca de los bosques tropicales. “Actualmente, la gente que vive en las lindes del bosque no puede aprovechar ese valorâ€.
El informe At Loggerheads? Agricultural Expansion, Poverty Reduction and Environment in the Tropical Forests[¿Ãmbitos contradictorios? Expansión agrÃcola, lucha contra la pobreza y medio ambiente en los bosques tropicales] indica que esa situación podrÃa cambiar con un sistema de pagos internacionales denominado financiamiento para la retención del carbono de los bosques.
Según François Bourguignon, primer vicepresidente de EconomÃa del Desarrollo y economista principal del Banco, “el financiamiento mundial para la retención del carbono de los bosques serÃa un fuerte incentivo para detener la deforestaciónâ€.  El informe sostiene que al contar con mayores incentivos financieros para evitar la tala de los árboles, los agricultores pobres de Madagascar y otros paÃses con bosques podrÃan invertir en agricultura sostenible en campos que ya están talados, en lugar de cortar nuevos bosques para obtener ganancias miserables y habitualmente transitorias.
Chomitz señala que “estos bosques están desapareciendo a una tasa de 5% o más por decenioâ€.
“Esa cifra puede no sonar muy abultada, pero equivale a perder cada año una superficie del tamaño de Portugal; y para mediados de siglo, podrÃa significar que vastas extensiones de bosques tropicales quedarÃan reducidas a sólo fragmentos de lo que fueron un dÃaâ€.
El informe enfatiza que la lucha contra la pobreza forestal deberÃa formar parte de este marco. Cerca de 800 millones de personas viven en el interior de los bosques tropicales o en sus alrededores y muchos de ellos son extremadamente pobres.
“Sin embargo, no deberÃamos suponer automáticamente que la pobreza se traduce en deforestación o que la deforestación causa pobrezaâ€, indica Chomitz. “Estas generalizaciones son sólo parcialmente correctas y no constituyen una base sólida a la hora de formular polÃticas públicasâ€.
El experto indica que la deforestación suele ser responsabilidad de agricultores adinerados y de propietarios de grandes plantaciones y que los hogares pobres pueden extraer tierras agrÃcolas productivas del bosque.
Según el informe, el desafÃo en las zonas que se encuentran actualmente más allá de las presiones agrÃcolas es anticiparse a los futuros conflictos. Algunos enfoques que han tenido buenos resultados en estos lugares han sido la regularización de las zonas protegidas y el reconocimiento de las tierras indÃgenas.