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El tratamiento contra el SIDA es un compromiso de por vida, ¿pero quién va a cubrir los costos?

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27 de noviembre de 2006— Desde las dos primeras muertes documentadas que ocurrieron en California a mediados de 1981, el SIDA ha avanzado implacablemente por los países y continentes segando la vida de más de 25 millones de personas y convirtiéndose en una de las amenazas más graves que enfrenta el desarrollo en nuestro tiempo. 

Según las últimas cifras de ONUSIDA, hay en la actualidad más de 38 millones de personas que viven con VIH en el mundo y cada año se contagian unos cuatro millones más. Por otra parte, el SIDA afecta cada vez más a mujeres jóvenes que disponen de pocos medios para protegerse y que en muchos países hoy representan la mayoría de los nuevos infectados.

No obstante, la nueva actualización de ONUSIDA muestra también algunos avances en el tratamiento que deberían haber ocurrido mucho tiempo antes.

El acceso de las personas a medicamentos antirretrovirales (ARV) que les pueden salvar la vida ha aumentado significativamente en los países de ingreso bajo y medio, de 240.000 personas en 2001 a 1,6 millones en 2006.

A pesar de los problemas relacionados con la infraestructura de los sistemas de salud y el déficit de personal médico capacitado, África al sur del Sahara trata en la actualidad a más de un millón de personas que viven con SIDA. Esto significa que las personas tratadas se han multiplicado por diez desde fines de 2003. Los precios de los medicamentos ARV han descendido significativamente y los sistemas de adquisición han mejorado, al igual que la disponibilidad de medicamentos genéricos.

Sin embargo, la cobertura del tratamiento del VIH es muy dispar entre una región y otra. En África al sur del Sahara, por ejemplo, el tratamiento que se entrega a quienes lo necesitan fluctúa entre 3% en la República Centroafricana y 85% en Botswana.

Se mantiene la urgencia de llevar estrategias eficaces de prevención y tratamiento del VIH a las comunidades del mundo, hecho que se recalcará el 1 de diciembre, Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, al igual que en la conferencia mundial que se realizará esta semana en el Banco, denominada "Sustentar los costos del tratamiento. ¿Quién va a pagar?". Esta conferencia reunirá a diversas autoridades líderes en el tratamiento contra el SIDA de todo el mundo. La cumbre cuenta con el patrocinio conjunto de la OMS, el ONUSIDA y el Banco Mundial y su apertura estará a cargo de Paul Wolfowitz, presidente de Banco.

Según afirma la Dra. Debrework Zewdie, directora del Programa Mundial de lucha contra el VIH/SIDA del Banco Mundial y anfitriona de la conferencia sobre tratamiento que comienza esta mañana, “entregar a las personas un tratamiento contra el SIDA que puede salvarles la vida es un compromiso que puede extenderse por décadas”.

“Es por eso que no podemos permitirnos el procedimiento de ‘hoy te ayudamos, mañana no podemos’, en que los gobiernos y donantes entregan tratamiento a las personas y unos pocos años después las dejan libradas a su propia suerte argumentando que ‘no conseguimos el dinero para mantener este programa’. Me preocupa mucho ese panorama”.

Zewdie afirma que el problema del financiamiento previsible se vuelve aún más grave ahora cuando algunas personas que reciben medicamentos de ‘primera generación’ contra el SIDA desarrollan un VIH resistente a ellos y deben ser sometidas a terapias de ‘segunda generación’ para mantenerlas con vida. En la actualidad, los medicamentos de segunda generación son mucho más costosos que los de primera generación y la decisión de cambiar los pacientes de un tratamiento al otro exige además realizar análisis de sangre especiales que pueden ser extremadamente caros. 

Estos costos repercuten muy fuertemente en la sostenibilidad del tratamiento, ya que en muchos países en desarrollo el gasto per cápita en salud es inferior a US$10 al año. En consecuencia, la capacidad de los países pobres y de ingreso medio de costear los programas de tratamiento antirretroviral de personas con SIDA va a depender directamente de la posibilidad de prevenir nuevas infecciones. 

El mero hecho de que 1,6 millones de personas que viven con SIDA continúen con vida gracias al tratamiento es algo que podemos considerar un triunfo tras años de suponer que los países pobres nunca podrían reunir los conocimientos médicos especializados y el dinero necesario para el tratamiento con ARV. No obstante, como lo han demostrado países como Tailandia y Brasil, el acceso universal al tratamiento sí es posible.

Desde 1996, por ejemplo, los esfuerzos de tratamiento realizados por Brasil han ayudado a prevenir más de 60.000 nuevos casos de SIDA y 90.000 muertes relacionadas con el VIH en al país. En mayo de este año, Tailandia estaba tratando alrededor de 78.000 pacientes con SIDA, más de 90% de quienes necesitan tratamiento.

Según un informe reciente del Banco, Los aspectos económicos del tratamiento efectivo del SIDA: Evaluación de las opciones de política para Tailandia, la capacidad del país para costear el tratamiento con ART de más de 80.000 tailandeses que padecen SIDA es el resultado de campañas de prevención altamente efectivas realizadas en los últimos años, una vasta red de hospitales de distrito y centros de salud rurales con capacidad para brindar tratamiento generalizado, una sólida comunidad de organizaciones no gubernamentales que ha trabajado en estrecha colaboración con el gobierno en la expansión del programa ampliado de tratamiento con ARV y la decidida participación de las propias personas que viven con VIH/SIDA.

Según afirma Ana Revenga, coautora del informe sobre Tailandia y economista principal del Banco Mundial para el Departamento de Asia oriental y el Pacífico, quien presentará su trabajo en la conferencia de esta semana, "el programa de ART en Tailandia servirá de guía a otros países en desarrollo que buscan la forma de brindar este tratamiento a personas en un estado avanzado de VIH". 

Ahora que más de 20 países de ingreso bajo y medio tratan a más de 50% de los ciudadanos que lo necesitan, se ha desterrado finalmente la idea de que el tratamiento contra el SIDA está reservado exclusivamente a los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). No obstante, existen problemas reales que deben ser resueltos antes que más países se embarquen en programas para tratar las personas que viven con SIDA.

Kevin De Cock, director del Departamento de VIH/SIDA de la Organización Mundial de la Salud y una de las patrocinadoras de la reunión que se realiza esta semana en el Banco, piensa que el mayor impedimento para llevar los servicios de tratamiento a una cobertura universal es “la fragilidad de los sistemas de salud, incluidos los recursos humanos, la infraestructura física, la capacidad de los laboratorios, los sistemas de adquisición y suministro, la gestión fiscal y todo el complejo de servicios de salud pública y clínicos necesarios para manejar y prestar los servicios”.

De Cock pondrá énfasis también en la necesidad de tratar unos 800.000 niños menores de 15 años que viven con SIDA, la mayoría de ellos en África. Los niños representan aproximadamente 14% de las muertes por SIDA, pero sólo alrededor de 6% de quienes reciben la terapia antirretroviral en los países de ingreso bajo y medio. Por ende, “debemos concluir que el progresivo incremento del tratamiento hasta la fecha no ha llegado a los niños.”
 
El tercer patrocinador de la conferencia sobre tratamiento de esta semana es Peter Piot, director ejecutivo de ONUSIDA, quien en un reciente artículo en The Lancet hizo hincapié en la necesidad de que tanto los países como los donantes muestren resultados sostenidos en la lucha contra el SIDA si se pretende mantener la atención del público en este flagelo como prioridad máxima para la acción a nivel mundial y nacional.

“Sin importar el fondo del problema, la atención política y pública por lo general no perdura en el tiempo. Por este motivo, mantener el SIDA en el largo plazo como tema central en los programas públicos es algo que amerita máxima atención. Para que la respuesta al SIDA siga siendo prioridad, debemos mostrar resultados sostenidos y palpables en terreno, es decir, demostrar que los resultados en materia de infecciones, enfermedades y muertes evitadas se condicen con las grandes inversiones realizadas en la lucha contra el SIDA”.




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