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Microfinanciamiento celebra su mayoría de edad

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7 de diciembre, 2006— Tras décadas de ocupación y conflicto que devastaron su economía, a finales de 2001 Afganistán no tenía un solo banco en funcionamiento.

Los agricultores pobres, las viudas y otras personas que no podían pedir dinero a sus familias o amigos se veían forzados a recurrir a usureros que cobraban intereses anuales de 80% o incluso muy superiores.

Cinco años después y con la ayuda del Banco Mundial y otros donantes, los afganos pueden conseguir préstamos pequeños y otros servicios financieros en instituciones de microfinanciamiento ubicadas en 22 de las 34 provincias del país.

Y a pesar de tasas de interés superiores a 30% anual (para cubrir el costo de poner en marcha una institución financiera entre los pobres de zonas rurales), la demanda por préstamos “ supera por lejos la ofertaâ€, señala Stephen Rasmussen, Especialista principal, asuntos de microfinanciamiento para la región de Asia meridional del Departamento de Desarrollo del Sector Financiero y el Sector Privado del Banco Mundial.

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"Contribuye de manera importante a que las personas evalúen sus opciones de sustento y su participación en la economía, en especial las mujeres", señala Stephen Rasmussen, Especialista en asuntos de microfinanciamiento del Banco Mundial.

Las nuevas instituciones de microfinanciamiento son el primer testimonio de un sector financiero formal que la mayoría de los afganos han visto en muchos años, comenta Rasmussen.

Las instituciones han ayudado a iniciar negocios y a asistir a los agricultores que buscan formas de sustento distintas al cultivo de amapolas para opio. Y lo que es más importante, el microfinanciamiento comienza a crear una sensación de vigor y habilitación entre las personas que usan sus servicios.

“Contribuye de manera importante a que las personas evalúen sus opciones de sustento y su participación en la economía, en especial las mujeresâ€, añade Rasmussen.

También se ha demostrado que el acceso a financiamiento contribuye a mejorar la nutrición, la educación, la vivienda y otras necesidades básicas.

El microfinanciamiento y el microcrédito concentran la atención del mundo esta semana cuando el comité Nóbel se prepara para entregar el Premio Nóbel de la Paz 2006 a Muhammad Yunas y el Grameen Bank por sus esfuerzos pioneros en ofrecer microcréditos a los pobres.

El comité comentó la labor de Yunus y el Grameen en la generación de desarrollo económico y social diciendo que “no se puede lograr una paz duradera a menos que grandes grupos de la población encuentren los medios para salir de la pobrezaâ€.

Muchos creen que el premio representa la mayoría de edad del microfinanciamiento, el que suele considerarse como la banca de los pobres.

Aunque fundamentalmente el microcrédito es la extensión de préstamos muy pequeños a los pobres que suelen estar excluidos de la banca tradicional porque no tienen garantías o empleos, el microfinanciamiento ofrece a los pobres una gama completa de servicios financieros que incluyen préstamos, ahorros, seguros y servicios de pago.

“Creo que el Nóbel realmente subraya que el microfinanciamiento ha dejado de ser un nicho en el ámbito del desarrollo y que forma parte de la integración sistemática del aspecto financieroâ€, señala Syed Hashemi, especialista superior en microfinanciamiento en el Grupo Consultivo de Ayuda a la Población más Pobre.

“No obstante, el microfinanciamiento hoy es mucho más que el suministro de préstamos pequeños. Es la entrega de un abanico completo de servicios financieros, entre otros que incluye lugares seguros para ahorrar y transferir dinero a un número cada vez mayor de pobresâ€, agrega.

El CGAP, un consorcio de 33 organismos de desarrollo públicos y privados acogido en el seno del Banco Mundial, representa el 95% del dinero que hoy se destina al microfinanciamiento.

De acuerdo con el CGAP, los donantes del sector público comprometen créditos anuales de al menos US$1.500 millones al microfinanciamiento y los donantes cuasi comerciales brindan otros US$500 millones.

El Banco Mundial, que según cálculos del grupo es el donante de microfinanciamiento más grande del mundo, contribuyó en 2005 con hasta US$1.200 millones o el 6% de su actividad crediticia total a líneas de crédito, asesoría en materia de políticas públicas, oficinas de créditos y creación de la infraestructura de mercado necesaria para el éxito del microfinanciamiento.

La Corporación Financiera Internacional, la entidad del Grupo del Banco Mundial para el sector privado, también había invertido US$421 millones hasta junio del ejercicio económico de 2006, con planes para duplicar ese monto de aquí al año 2009, señala Andre Laude, oficial principal de inversiones de la CFI en mercados de capital globales.

“Es una de las principales armas en la lucha contra la pobrezaâ€, comenta Laude. “No sentimos muy comprometidos con el sector y queremos poner más recursos en él.

Una de nuestras prioridades más claras es concentrarnos en Ãfrica y es ahí donde necesitamos crear capacidades en terrenoâ€.

Unos 3.000 millones de personas podrían salir beneficiadas con los servicios de microfinanciamiento, pero son sólo 500 millones las que tienen acceso a estos servicios, según el CGAP. La “cuna del microfinanciamiento†es Asia meridional, donde vive cerca de 45% de la población que usa este tipo de servicios.

Organizaciones como Grameen Bank y BRAC en Bangladesh y Self Employed Women's Association (SEWA) en India han proporcionado recursos financieros a grandes cantidades de pobres durante decenios.

El Banco comenzó a involucrarse en el microfinanciamiento en Asia meridional a principios de los años noventa. Hasta la fecha ha desembolsado un total de US$260 millones provenientes de fondos de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) a través de dos proyectos de microfinanciamiento en Bangladesh en 1996 y 2001, además de un préstamo para el aprendizaje y la innovación en 2002 y apoyo al microfinanciamiento en Sri Lanka y Pakistán.

En Bangladesh se convirtió en el primer donante importante para la Palli Karma Sahayak Foundation (PKSF) en 1996 mediante el reembolso de préstamos de microcréditos a más de 6 millones de prestatarios pobres, 90% de los cuales son mujeres.

Las mujeres usaron estos préstamos pequeños para ganar dinero a través del comercio, el cultivo de peces, la crianza de ganado y aves, la confección, el traslado en jinrikisha y otras actividades.

Los préstamos aumentaron los ingresos de 90% de los prestatarios y mejoraron ámbitos como la nutrición, la vestimenta, la vivienda, la educación, el saneamiento y la calidad de vida de la gran mayoría.

En India, el Banco brindó su apoyo a Andhra Pradesh Indira Kranti Pratham, que moviliza a mujeres para formar grupos de auto ayuda, forma su capital social y facilita su acceso a financiamiento.

Hoy, seis millones de mujeres pobres están aprovechando los beneficios del programa. El dinero no es la “limitante más importante en el microfinanciamiento y tampoco es el instrumento más poderoso del Banco Mundial para mejorar el acceso de los pobres al financiamientoâ€, indica la Directora del CGAP, Elizabeth Littlefield.

“Lo que necesita el microfinanciamiento es ayuda de mejor calidad, no más ayuda. La labor de creación de los mercados nacionales y de formación de las capacidades locales para la intermediación entre las personas que ahorran y los prestatarios exige más aportes técnicos y administrativos que financierosâ€, agrega.

La función de la CFI es ayudar a las instituciones de microfinanciamiento para que se puedan convertir en empresas viables y duraderas que no necesiten ser financiadas por los donantes, señala Laude.

“Plantamos la semilla, pero con el tiempo los derivamos a los mercados de capital para que puedan recabar suficiente financiamiento. No puede haber crecimiento real sin una integración más estrecha con los mercados de capital. Esa es la esencia de nuestra estrategiaâ€.

En Afganistán, el Banco entregó dinero semilla para que el sector financiero formal comenzara “sin deudasâ€, comenta Rasmussen.

“La intervención del Banco es fundamentalâ€, señala. “No somos el principal financista...pero [el microfinanciamiento] no habría existido sin la participación del Bancoâ€, agrega. Hace tres años , el Banco estableció el Servicio de apoyo a la inversión en el ámbito del microfinanciamiento para Afganistán (MISFA, por sus siglas en inglés) con US$5 millones del Fondo Fiduciario para la Reconstrucción de Afganistán.

El MISFA, que a la fecha es una empresa privada afgana, le facilitó el camino a los donantes, entre éstos el Departamento de Desarrollo Internacional (DFID) del Reino Unido, la Agencia Canadiense de Desarrollo Internacional (ACDI), la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (ASDI), el gobierno danés y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), para que integraran su aportes en un fondo común y para que las instituciones de microfinanciamiento incursionaran en Afganistán y ayudaran a reconstruir parte del sistema financiero del país.

Desde que se iniciara el sector del microfinanciamiento, también se ha autorizado el funcionamiento de 14 bancos comerciales, aunque su alcance aún se limita a unas pocas ciudades importantes, y otros proveedores del sector formal comienzan a ofrecer servicios.

“No es necesario ser el mayor donante en cada país para marcar la diferencia y estoy convencido que el Banco sí ha sido primordial no sólo por la cantidad de dinero que ponemos, sino por nuestro nivel de compromiso. ¿Fijamos las normas correctas? ¿Seguimos las políticas adecuadas para crear instituciones duraderas y sostenibles? ¿Ayudamos a crear un entorno regulador propicio? “Es probable que uno de nuestros mayores logros sea que fuimos capaces de crear una buena institución —una institución afgana que fija estándares elevados— y que estaremos aquí por un buen tiempoâ€, señala Rasmussen.

Aunque el microfinanciamiento tiene efectos menores en la economía incluso en países como Bangladesh donde ha existido por unos 30 años, llega a muchas personas y marca una gran diferencia en sus vidas, en especial cuando más pobres tienen acceso a un amplio abanico de servicios financieros, señala Rasmussen. “No es sólo cuestión de recursos financieros.

Se trata más bien de la gran cantidad de personas previamente excluidas que ahora vislumbran nuevas oportunidades y sienten confianza en lo que hacen, de la cantidad de energía que crea: ese tipo de sensación inconmensurable de habilitación e inclusiónâ€.




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