8 de marzo, 2007— Hoy, el Presidente del Banco Mundial Paul Wolfowitz será testigo de primera mano de uno de los mayores desafíos que enfrenta la República Democrática del Congo tras haber superado decenios de lucha.
Miles de ex combatientes, soldados y milicianos necesitan reintegrarse a la sociedad y volver a su trabajo, vida familiar y escuelas mientras el conflicto aún sigue latente en las fronteras de la República Democrática del Congo.
Varios de los ex soldados contaron su historia personal a Wolfowitz en un centro regional de la Comisión nacional para el desarme, la desmovilización y la reintegración (CONADER) en Kisangani, durante la visita de dos días del líder a esta nación tan rica en recursos, pero devastada por la pobreza de 57,5 millones de personas.
El Banco Mundial brinda a la RDC su apoyo a la transición hacia la paz a través de un Proyecto de desmovilización y reintegración de emergencia, por un monto de US$100 millones, los que se financian gracias a la Agencia Internacional de Fomento (AIF), la rama del Banco Mundial que ofrece donaciones y créditos sin intereses. El fondo de múltiples donantes por otros US$100 millones, conocido como el Programa de múltiples donantes para la desmovilización y la reintegración, también va en apoyo de los esfuerzos de la RDC por reintegrar a los ex combatientes.
Los alrededor de 100.595 ex combatientes “desmovilizados” abandonaron las armas y dejaron el ejército. De ellos, 69.000 se están reintegrando a la sociedad.
Las milicias también han liberado a unos 30.000 niños que servían como combatientes o como esclavos sexuales. Gracias al programa, 80% de ellos volvieron con su familia.
Sin embargo, el nuevo gobierno de la RDC, elegido en octubre de 2006, necesita incentivar aún más a otros 60.000 a 70.000 miembros de las fuerzas armadas para que regresen a la vida civil, esfuerzo que debería requerir US$60 millones adicionales.
Además, el gobierno, el primero elegido en forma democrática en 40 años, enfrenta otros desafíos importantes.
La RDC es tal vez uno de los países más pobres de África y posiblemente dos o tres cuartas partes de su población viven bajo el umbral de la pobreza. Algunas regiones muestran niveles de pobreza que superan el 80%.
De acuerdo con los datos más actualizados, sólo 60% de los niños están matriculados en la escuela primaria y la mortalidad infantil es la más alta de África, con 1.850 muertes por cada 100.000 nacidos vivos.
Prácticamente no existen programas de redes de seguridad social y los padres pagan la mayor parte de los costos de las escuelas en funcionamiento, al igual que los pacientes, quienes cubren la mayoría de sus gastos de salud.
No obstante, en el último año la RDC ha logrado mayor estabilidad y por ende hay señales prometedoras en términos económicos. El crecimiento del PIB se mantuvo sobre 5% en 2006 y el país recibió más de US$1.000 millones en inversión extranjera directa, a pesar de su clasificación como el peor país del mundo de acuerdo con los indicadores de “Hacer negocios”.
Aunque la economía formal del país prácticamente colapsó en los últimos decenios, la RDC es rica en recursos naturales y humanos: suelos fértiles, lluvias abundantes y recursos minerales. La minería de cobre, cobalto, diamantes, oro, zinc y otros metales, además de la extracción de petróleo, constituyó alguna vez el 75% del PIB del país.
Por lo tanto, la paz podría brindar enormes dividendos, a partir de la nueva oportunidad que ofrece para proteger o manejar los abundantes recursos del país, lo que incluye el bosque congolés, el segundo bosque pluvial más grande del mundo.
Reformas en materia de conservación forestal
Sin embargo, algunos advierten que si falta decisión en los esfuerzos para reformar la ordenación forestal, la paz y los nuevos caminos podrían traer un desarrollo caótico para el cinturón de bosques, perjudicar la biodiversidad o generar conflictos en torno a los derechos tradicionales.
En 2002, por consejo del Banco, la RDC canceló las concesiones forestales ilegales (derecho a talar árboles) que afectaban a más de 25 millones de hectáreas, superficie similar al tamaño del Reino Unido.
El mes pasado durante una conferencia en Bruselas, el nuevo gobierno se comprometió a impulsar los esfuerzos de conservación del país a través de una moratoria para nuevas talas, la revisión legal de las concesiones vigentes y el reconocimiento jurídico de los derechos de los pueblos indígenas.
Hay mucho en juego. Unos 40 millones de personas dependen de los bosques para conseguir alimento, medicinas, energía e ingresos y los grupos indígenas, los pigmeos, dependen casi por completo de los bosques.
El Banco, como administrador del Fondo Fiduciario de Múltiples Donantes para los Bosques y a nombre de la Comisión Europea, de Bélgica, de Francia y del Reino Unido, piensa apoyar las reformas que emprenderá la RDC con un nuevo proyecto, financiado con fondos de la AIF, que busca fortalecer el departamento forestal, el instituto de conservación de la naturaleza y las organizaciones de la sociedad civil.
Estrategia de asistencia al país
El Banco también apoyará la recuperación y la reforma de la RDC a través de una nueva estrategia de asistencia al país, la que se espera esté sobre la mesa del Directorio del Banco a mediados de 2007.
La EAP destinará recursos para:
buena gobernabilidad y paz
estabilidad macroeconómica y crecimiento económico
acceso a servicios sociales y reducción de la vulnerabilidad
VIH/SIDA
promoción de la dinámica comunitaria.
Desde 2001, el Banco ha comprometido US$2.400 millones para la RDC, de los cuales US$1.200 millones han sido desembolsados. Además, se han comprometido cerca de US$1.600 millones para nueve proyectos destinados a reconstruir infraestructura, prestar servicios sociales, fortalecer la institucionalidad, consolidar la paz y promover la estabilidad económica, y recuperar el sector salud, entre otras cosas.