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Cena de premios de la Fundación Appeal of Conscience

Nueva York, 27 de marzo de 2007
Disponible en: العربية, English, Français

Paul Wolfowitz
Presidente del Grupo del Banco Mundial
Nueva York, 27 de marzo de 2007

Deseo expresar mis agradecimientos a Rabbi Schneier y la Fundación Appeal of Conscience por su invitación para dirigirme a una organización dedicada al móvil que más ha impulsado a la humanidad a hacer el bien: nuestra conciencia.  

Permítanme felicitar al embajador Richard Holbrooke por este bien merecido premio. Su destacada carrera en el servicio público no sólo refleja su determinación por hacer bien, sino también su inquebrantable compromiso con su país. Gracias por su liderazgo en la lucha contra el VIH /SIDA.

Me gustaría felicitar también a Lord John Browne, quien desde la dirección de BP ha planteado a su industria el desafío de satisfacer las necesidades energéticas del mundo y proteger al mismo tiempo el medio ambiente.

Rabbi Schneier ha mencionado ya a su extraordinaria madre. Permítanme decirles que agradezco la oportunidad de haberla conocido. Esta mujer irradia una enorme vitalidad que demuestra la fortaleza del espíritu humano, incluso frente a crueldades horribles.


La importancia de África

Una parte del mundo que hoy remece nuestra conciencia es África al sur del Sahara. Allí, trescientos millones de personas —la mitad de la población— luchan por sobrevivir con menos de un dólar al día.

 Cuando regresemos esta noche a nuestras cómodas camas, deberíamos acordarnos de los millones de personas sin voz que posiblemente no tengan ni siquiera una cama, que se duermen hambrientos, enfermos y llenos de incertidumbre respecto de su futuro.

Para muchos es literalmente una cuestión de vida o muerte.

El VIH/SIDA reclamó la vida de dos millones de africanos, tanto adultos como niños, en 2005 y esta cifra continúa aumentando.

Pero el VIH /SIDA no es la única plaga que ronda África.

Cada 30 segundos muere un niño africano de malaria. Esto significa casi tres mil niños cada día. O un World Trade Center diario.

Además, casi 400 millones de niños africanos aún no asisten a la escuela.

Todo esto ocurre después de los U$300.000 millones en ayuda internacional que ha recibido África en un período de 20 años.

Algunos miran estas cifras y piensan que no hay esperanzas para África, una tierra atormentada por guerras, hambrunas y corrupción. Dicen que no tiene sentido enviar más ayuda, que simplemente terminará en manos de dictadores como Mobutu, el último dictador del país otrora conocido como Zaire y que hoy es la República Democrática del Congo.

Pero tal excusa, al igual que el mismo Mobutu, debería ir a parar al tacho de la basura de la historia.

A lo largo y ancho de África empezamos a ver señales esperanzadoras de progreso, progreso que refleja la energía, el talento y la ambición de sus habitantes.

Acabo de regresar de mi cuarto viaje a África, que esta vez incluyó Ghana, Burundi, la República Democrática del Congo y Sudáfrica. 
 
Ghana celebraba sus 50 años de independencia. Después de muchos años de deficiente desarrollo, hoy es una democracia boyante y una de las economías africanas de mejor desempeño económico.

En los últimos 20 años, Ghana ha mantenido una tasa de crecimiento de 4,5% o más. El año pasado, por ejemplo, el crecimiento fue superior a 6%.

Si bien Ghana debería obtener mejores resultados, cosa que puede hacer, este progreso tiene un efecto real en la lucha contra la pobreza y sirve de inspiración para toda la región.

A principios del decenio de 1990, más de la mitad de la población de Ghana sobrevivía con menos de US$1 al día. En 2003, esta cifra había descendido a 35% de la población y continúa bajando.

El Congo es una historia distinta, pero igualmente esperanzadora.

El país acaba de salir de una guerra devastadora y da sus primeros pasos en el camino de la superación de la pobreza.

Hoy el congoleño promedio vive con 30 centavos de dólar al día. Piensen en ello un instante.
 
No obstante, el presidente Kabila del Congo tiene grandes expectativas respecto del futuro de su país. Se sintió inspirado por lo que vio en Ghana. “En Ghana,” me dijo “vi en lo que puede convertirse el Congo”.

En lugar de una carrera al precipicio, hoy en África comenzamos a ver que los países africanos luchan por seguir el ejemplo de sus vecinos más exitosos. 
 
Podemos ver en África una nueva generación de líderes que toma en serio su responsabilidad frente a sus conciudadanos.

Vemos a muchos africanos que literalmente arriesgan sus vidas en la lucha por la transparencia y la responsabilidad, con el fin último de asegurar que los recursos públicos se utilicen en beneficio de la población.

Una de estas personas es Nuhu Ribadu, presidente ejecutivo de la Comisión nigeriana contra delitos económicos y financieros. Él lidera con valentía los esfuerzos de su gobierno en la lucha contra la corrupción, sin desanimarse a pesar del asesinato de dos de los suyos.

Nuhu Ribadu ha dicho de modo elocuente: “no podemos derrotar la pobreza a menos que derrotemos la corrupción”.

Existen muchos héroes como él. Éstas son las personas que conducen a África hacia un futuro más esperanzador. Su pedido por ayuda apela a nuestra conciencia colectiva. Les debemos una respuesta generosa.

¿Por qué debe ayudar la comunidad internacional?

Lo que impresiona particularmente en África hoy es que países como Rwanda se reconstruyen literalmente a partir de las cenizas del genocidio.

Rwanda no sólo muestra un buen desempeño económico, sino un desempeño excelente. Su economía crece a un promedio aproximado de 7% anual.

Liberia pareciera iniciar el camino de un progreso similar. Después de 20 años de una guerra civil devastadora, la comunidad internacional finalmente intervino. Con la ayuda inicial de infantes de marina de Estados Unidos, seguida por una misión africana de mantenimiento de la paz, las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas intervinieron y ayudaron en la supervisión de elecciones libres y limpias.

Al tener la oportunidad de elegir a su presidente, los habitantes de Liberia votaron por un candidato que prometió luchar contra la corrupción y llevar adelante reformas económicas. La presidenta Ellen Johnson Sirleaf es hoy la primera mujer presidente de una nación africana.

Me enorgullece decir que su ministra de hacienda Antoinette Sayeh, otra mujer notable, es ex-alumna del Banco Mundial. Ella dejó de lado su familia y una carrera destacada en Washington para ayudar a reconstruir su fragmentado país.

Estos héroes necesitan y merecen nuestro apoyo. Deben poder mostrar resultados positivos a su gente muy pronto —en seis meses y no seis años.

En el Banco Mundial, estamos cambiando nuestros procedimientos para acelerar la entrega de apoyo.

Nuestra nueva política de respuesta rápida está diseñada para ayudar a movernos con rapidez en entornos donde la paz está echando raíces y los reformadores necesitan mostrar resultados. Ya hemos comprometido US$180 millones para la reconstrucción de Kinshasa, la capital del Congo, de modo que las personas tengan acceso a agua limpia, atención de salud, mejores caminos y escuelas, todo rápidamente, en meses y no en años.

En el último medio siglo, la Asociación Internacional de Fomento, entidad del Grupo del Banco Mundial encargada de entregar préstamos en condiciones concesionarias, ha proporcionado créditos y donaciones a los países más pobres.

En el último ejercicio económico, el apoyo de la AIF alcanzó un máximo histórico de US$9.500 millones. La mitad de ese monto estuvo destinado a África.

Con su ayuda, la AIF ha permitido que 600.000 niños etíopes asistan a la escuela, ha mejorado la nutrición de 1,2 millones de niños en Madagascar y ha ayudado a reducir la tasa de incidencia del VIH / SIDA en Uganda.

Hoy llevamos nuestro apoyo a la región sur de Sudán sustentándonos en el acuerdo de paz.

Si tuviéramos el apoyo de los países ricos, especialmente de Estados Unidos, podríamos hacer mucho más.

Un llamado a nuestra conciencia

Pero no podemos hablar de progreso en África y dejar de mencionar la mancha en la conciencia del mundo que significa Darfur.

Hoy en Darfur no hay paz. Hay genocidio.

Hay una guerra que se propaga a los países vecinos y amenaza la frágil estabilidad de la región.

La respuesta de la comunidad internacional a la tragedia de Darfur ha sido decepcionante. Y mientras más esperemos, más difícil será reconstruir las vidas y restaurar la esperanza.

Si finalmente llegase la paz a Darfur, el Banco Mundial y los demás donantes tendrán que moverse rápido para satisfacer las necesidades de su torturada gente.

En Rwanda, casi un millón de personas murió en el genocidio. Si la comunidad internacional hubiese escuchado el llamado de conciencia, estas vidas podrían haberse salvado.

Al ver lo que sucede en Darfur, deberíamos sentir un enorme peso en nuestras conciencias.

Pero el progreso en otros lugares de África también clama por apoyo y apela a nuestra conciencia. Vale la pena recordar que hace cincuenta años, tras la devastación de la guerra de Corea, muchos expertos creyeron que el futuro de Corea del Sur lucía desesperanzador.

Hoy sabemos, al observar el espectacular éxito de Corea y otros países en desarrollo, que el liderazgo y las políticas apropiadas marcan una diferencia. No obstante, tanto el liderazgo como las buenas políticas necesitan recursos para tener éxito.

Corea del Sur recibió más de US$20.000 millones en ayuda tan sólo del Banco Mundial.

Hoy, los países africanos necesitan ese tipo de ayuda.


Destinos compartidos

Los norteamericanos son personas generosas, pero podemos permitirnos hacer mucho más.

Las encuestas demuestran que los norteamericanos creen en promedio que el 24% del presupuesto federal se destina a ayuda extranjera. La verdad es que es menos del 1%. La buena noticia es que, en promedio, los norteamericanos piensan que el 14% debería destinarse a la ayuda extranjera.

Me interesó escuchar la descripción de Rabbi Schneier sobre el apoyo brindado por Martin Luther King para iniciar la Fundación Appeal of Conscience en 1964. Recuerdo haberme unido a la Marcha por los Derechos Civiles en Washington el año anterior y haber escuchado al Dr. King hablar desde las escaleras del Lincoln Memorial.

Muchos de nosotros recordamos el famoso sueño que describió de modo tan elocuente en su discurso.

Pero también vale la pena traer a la memoria el comienzo de tal discurso, cuando nos recordó que ningún individuo puede esperar avanzar por sí solo.

“…Muchos de nuestros hermanos blancos”, señaló el Reverendo King, “han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y que su libertad está intrincadamente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos”.

Damas y caballeros, nosotros tampoco podemos caminar solos en esta trayectoria hacia la paz, la libertad y la prosperidad. No podemos dar la espalda al dolor y la pobreza que consumen naciones enteras de África y otras partes del mundo.

El llamamiento a la conciencia es nuestra mayor esperanza para lograr que los millones de personas atrapadas en la pobreza se integren al camino del progreso y tengan la oportunidad de moldear su propio destino.




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