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Seguimiento de los objetivos internacionales

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16 de abril, 2007—Margaret Wabire vive en dos pequeñas habitaciones en las afueras de Kampala, Uganda. Viuda y con tres hijos, se gana la vida haciendo mosquiteros a medida para camas.

El objetivo inmediato de Margaret Wabire es llegar a fin de mes. Pero, según señala, realiza esa tarea en un entorno dominado por los hombres.

“África es un mundo de hombres. Aquí no se cumple el ‘primero las damas’, sino ‘primero los caballeros’”, dice Wabire.

Sin embargo, y como ella señala, son las mujeres las que cuidan a los niños.

Sus comentarios ponen de manifiesto uno de los principales temas del Informe sobre seguimiento mundial 2007: la necesidad de que el mundo preste más atención al fomento de la igualdad de género y la potenciación de la mujer.

En el informe se examina dónde se encuentra el mundo actualmente en relación con el logro de los objetivos de desarrollo del milenio, las metas internacionales acordadas por los líderes mundiales en el año 2000.

El primero de dichos objetivos es reducir la pobreza a la mitad para 2015. Entre las metas restantes se incluyen lograr la terminación universal de la enseñanza primaria, reducir la mortalidad materna y en la niñez y garantizar la sostenibilidad ambiental.

Según el Informe sobre seguimiento mundial 2007, los esfuerzos conjuntos en pos de los objetivos de desarrollo del milenio están resultando insuficientes.

Pero, si se mira el lado positivo, la cantidad de personas que viven con menos de US$1 al día ha disminuido.

“En todo el mundo estamos bien encaminados en lo que respecta a la reducción de la pobreza (la pobreza extrema) a la mitad para 2015. Entre 1999 y 2004, 135 millones de personas dejaron de vivir en la pobreza extrema. Ése es un mensaje muy positivo”, sostiene Mark Sundberg, principal autor del informe.

“Sin embargo, los resultados varían significativamente de una región a otra. En particular, es muy poco probable que en África al sur del Sahara se logre ese objetivo”.

En lo que respecta al resto de las metas, Sundberg afirma que los resultados son igualmente dispares.

“Hay zonas donde se obtuvieron enormes progresos. Hay 35 millones de niños más que completaron la escuela primaria desde el año 2000. En África se puso en marcha un programa de vacunación contra el sarampión que ha sido extraordinariamente exitoso, por lo que la incidencia de dicha enfermedad y el número de muertes provocadas por ella han disminuido marcadamente”.

“No obstante, aún hay serias deficiencias que subsanar. Menos del 80% de los países van camino a lograr la meta referida a la mortalidad en la niñez. En la esfera de la nutrición, la mayoría de los países están rezagados en el logro del objetivo correspondiente”.

Y, como señala Sundberg, si bien la mayor parte de los países están bien encaminados para lograr la tasa de terminación de la escuela primaria, persiste una pregunta inquietante. ¿La calidad de la educación se equipara a la cantidad de niños que atraviesan las puertas de la escuela?

En el Informe sobre seguimiento mundial 2007 se señala la necesidad de mayores esfuerzos para determinar los resultados y comprender lo que los alumnos realmente logran aprender y retener.

Y, si bien son cada vez más las niñas que asisten a clase, en el informe se señala que el aumento en la participación de las mujeres en la economía y en las decisiones políticas ha sido, en el mejor de los casos, modesto. Allí se afirma que contar con mejores niveles de educación sin oportunidades de empleo y mayor participación para la mujer es desperdiciar un bien muy preciado.

Otro tema principal del informe de este año es lo que el Banco llama "Estados frágiles”: 35 países de todo el mundo que se caracterizan por una gestión de gobierno e instituciones deficientes y que a menudo enfrentan conflictos y crisis internos.

“Cerca de 500 millones de personas viven en lo que llamamos Estados frágiles”, sostiene Sundberg. “En estos países se registra el mayor déficit respecto del desafío de desarrollo del milenio, es decir, son los que están más lejos de la línea de llegada. A pesar de que representan el 9% de la población del mundo en desarrollo, el 27% de los que viven en la extrema pobreza habitan en estos países”.

“Casi un tercio de todas las muertes de niños se producen en esos países. Es una categoría en la que los problemas están más acentuados, pero es un grupo diverso".

“El dilema consiste en que estos países padecen las necesidades más acuciantes, mientras que los donantes enfrentan el desafío más difícil: garantizar que su asistencia se use de un modo eficaz. La clave es responder con prontitud cuando surgen oportunidades de cambio, como en los países que salen de un conflicto”.

En el informe también se analiza la asistencia brindada al mundo en desarrollo. Y, como sostiene Sundberg, los resultados son alarmantes.

“No se cumplen realmente los compromisos asumidos en la cumbre de Gleneagles celebrada en Escocia en 2005", afirma.

“La asistencia no se corresponde con los compromisos. Y también están surgiendo problemas serios en lo que respecta a la calidad de la ayuda: se ha multiplicado el número de donantes. Esto genera problemas de fragmentación, lo que repercute negativamente en los países con capacidad deficiente. Por estos motivos, es necesario que la comunidad internacional procure mejorar la calidad de la ayuda y su suministro", concluye.


 




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