1 de mayo de 2007—Elizabeth tenía tres años y padecía una forma mortal de paludismo cuando su madre la llevó al hospital público gratuito de uno de los municipios más pobres del país.
Como su madre sabía que los médicos llegaban tarde al hospital, y no podía darse el lujo de perder un día de trabajo, esperó hasta el fin de semana, varios días después de que Elizabeth comenzara a presentar síntomas.
Tal como resultaron las cosas, la madre tuvo que vender una de sus dos vacas, gastó todos sus ahorros y tuvo que pedir que le prestaran dinero para pagar los gastos y las dádivas relacionados con la enfermedad de Elizabeth.
Todo fue inútil.
El 17 de febrero de 2003, Elizabeth se convirtió en uno de los 840.000 niños menores de cinco años que mueren cada año a causa del paludismo.
¿Se podría haber salvado? ¿Qué hubiese sido necesario para salvarla?
El relato de la historia de Elizabeth, en un “país hipotético pero lamentablemente demasiado representativo”, ocupa un lugar destacado en la nueva estrategia de salud del Banco Mundial, aprobada ayer por su Directorio Ejecutivo.
La historia vierte luz sobre las razones por las cuales el dinero para medicamentos y equipos por sí solo, sin la “cadena de acontecimientos adecuada” para distribuirlos o para brindar acceso a ellos, no es suficiente para salvar vidas en los países en desarrollo.
La cadena debe incluir eslabones tales como un número suficiente de enfermeras, médicos y otros trabajadores de la salud, que deben estar en el lugar indicado y en el momento justo. También es preciso cerciorarse de que los medicamentos se almacenen correctamente, para que mantengan su potencia y efectividad, y supervisar que los tratamientos sean administrados, para evitar que se desarrolle resistencia a ellos. Debe existir, además, un seguro médico (público o privado) para atenuar las consecuencias que tiene un problema de salud en la familia y que, en la actualidad, la sumergen en una mayor pobreza.
De acuerdo con Cristian Baeza —el especialista principal del Banco en política de salud y jefe del equipo a cargo de la estrategia de salud—, en los países en desarrollo, lograr que se cumplan todas estas condiciones al mismo tiempo plantea un desafío enorme, y ese es el fin que persigue el Banco a través de su nueva estrategia de salud.
"Las peores crisis que afrontan los pobres suelen deberse a problemas de salud" Julian Schweitzer
Los mosquiteros gratuitos podrían haber protegido a Elizabeth y a otros niños como ella de los mosquitos que transmiten el paludismo, pero no se habían distribuido a toda la población local.
Si el centro de salud del pueblo hubiese contado con un trabajador sanitario durante los últimos 18 meses, la enfermedad de Elizabeth se podría haber diagnosticado y tratado en las etapas iniciales.
Varios de estos trabajadores se habían mudado a las ciudades donde el sistema de pagos de la administración pública les permitía ganar el mismo sueldo y gozar de mejores condiciones de trabajo, mientras que los que permanecieron en el pueblo se veían obligados a tener más de un empleo para ganar dinero extra y a menudo faltaban o llegaban tarde al trabajo.
“La muerte de Elizabeth fue consecuencia de un sistema de salud quebrado que debía ser reparado urgentemente”, se afirma en Healthy Development: The World Bank Strategy for Health, Nutrition, and Population Results (Desarrollo saludable: Estrategia del Banco Mundial para lograr resultados en materia de salud, nutrición y población).
En efecto, Elizabeth se podría haber salvado si hubiese existido una “secuencia de acontecimientos correcta”, como por ejemplo garantizar la distribución de mosquiteros, medicamentos y suministros a las familias pobres, o modificar los incentivos salariales para que los trabajadores se presenten en sus puestos de trabajo en los centros de salud y realicen un diagnóstico de los niños que se presenten enfermos y les proporcionen tratamiento; forjar asociaciones entre el sector público y el privado con organizaciones comunitarias o no gubernamentales para la prestación de servicios; potenciar a los pacientes y las comunidades para abordar los problemas existentes en el sistema, o establecer un seguro adecuado y/o mecanismos de financiación pública a fin de que el costo de la enfermedad no sea un impedimento para que una madre haga atender a su hijo enfermo ni la sumerjan a ella y a su familia en la indigencia.
Fortalecimiento de los sistemas de salud
Baeza manifiesta que la nueva estrategia consiste en fortalecer los sistemas de salud en los países en desarrollo al tiempo que se complementan los esfuerzos de otras organizaciones que aportan miles de millones de dólares para combatir enfermedades tales como el VIH/SIDA y el paludismo.
Hace 10 años, el Banco era el principal financista de programas de salud y nutrición en el mundo en desarrollo.
Hoy, organizaciones tales como la Fundación Bill y Melinda Gates, el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el Paludismo, la Asociación “Hacer retroceder al paludismo” y el Plan de Emergencia del Presidente de Estados Unidos para el Alivio del SIDA (PEPFAR, por su sigla en inglés) desempeñan un papel fundamental.
Las donaciones internacionales han aumentado enormemente, de US$6.000 millones al año en 2000 a US$11.000 millones en 2005, y se prevé que en el período 2006-07 ascenderán a US$14.000 millones.
“Es una buena noticia”, afirma Baeza. “El mundo ha abierto los ojos y ha asignado a la salud un lugar central en el programa de desarrollo”.
No obstante, resaltó el especialista, la multiplicidad de fondos y programas, especialmente cuando se concentran en un enfermedad concreta, genera el riesgo de que no se preste la debida atención al fortalecimiento del sistema de salud en lo que respecta a todas las enfermedades, aspecto éste que en opinión de Baeza es fundamental para lograr resultados utilizando el mayor volumen de financiamiento internacional para el sector de salud.
"El mundo ha abierto los ojos y ha asignado a la salud un lugar central en el programa de desarrollo" Cristian Baeza
En consecuencia, afirma el especialista, el Banco ha decidido que el financiamiento destinado a vacunas y medicamentos se conceda de manera tal de garantizar que el sistema de salud en cuestión podrá distribuir las vacunas y los medicamentos y brindar servicios generales de salud a un mayor número de personas.
“La estrategia permitirá que el Banco se sitúe en una mejor posición para colaborar más adecuadamente con los países clientes en su lucha por mejorar la vida de sus habitantes y prevenir la pobreza ocasionada por la enfermedad”, manifiesta Baeza.
Julian Schweitzer, director de Desarrollo Humano para la Oficina Regional de Asia meridional del Banco, afirma que el esfuerzo será “tanto intelectual como financiero”.
“En verdad, está ayudando a los países a buscar una respuesta a cuestiones que son extremadamente difíciles y complicadas —financiamiento, gestión, ejecución— debido a que la economía de la salud y el tema mismo del financiamiento de la salud son muy complicados y están plagados de fracasos”.
Agrega, además, que muchos resultados de salud no dependen del sector de salud.
Entre otras cosas, “están relacionados con la pobreza, con el agua y también con el comportamiento”.
“Las peores crisis que afrontan los pobres suelen deberse a problemas de salud”, agrega Schweitzer.
“A menudo, acontecimientos tales como la necesidad de que la madre sea sometida a una cesárea, o la enfermedad crónica de un niño o un accidente, son la causa de que una persona pase de la pobreza relativa a la absoluta”.
“Es preciso prestar mucha más atención a un punto obvio: que probablemente las personas enfermas no sólo no son felices sino que además también son muy improductivas”.
Incentivos y resultados
La estrategia actualiza un plan que en el plazo de 10 años —entre 1997 y 2006— comprometió un total de US$15.000 millones para 400 programas y proyectos en más de 100 países.
A través de la nueva estrategia se procura corregir un error del plan anterior: el hecho de que muchos países no recopilaban y mantenían datos y registros de salud, por lo cual era muy difícil medir los resultados.
“Es preciso vincular el financiamiento a los resultados”, explica Baeza.
El especialista considera que la mejor manera de lograrlo es ofreciendo incentivos para que la recopilación de datos sea una parte natural del proceso.
Los programas y proyectos, por ejemplo, podrían ofrecer bonificaciones a los distritos locales que estén en condiciones de demostrar que han alcanzado las metas relativas a la vacunación, la atención prenatal de la mujer, y el nacimiento de bebés que cumplen los criterios del índice de Apgar.
"El Banco comprometió US$15.000 millones en proyectos y programas entre 1997 y 2006" Cristian Baeza
“En un proyecto tradicional, diríamos que vamos a construir 20 clínicas y a comprar 20 millones de vacunas y también equipos de anestesia. En lugar de ello, daríamos cada vez más ayuda al gobierno para establecer un vínculo directo entre la vacunación de un millón de niños y el desembolso de los préstamos del Banco”, afirma Baeza.
El enfoque, que ya se ha comprobado en varios programas piloto, funcionaría en muchos países, agrega Baeza.
Debe prestarse especial atención a los “Estados frágiles” —los países que padecen pobreza extrema y/o se están recuperando después de un conflicto— donde el Banco “deberá respaldar la creación de infraestructura básica de salud, y colaborar para lograr que todos tengan acceso a servicios básicos”.
“La estrategia no es un plan que se aplica en forma uniforme. Es una manera de ayudar a los equipos a cargo de cada país a promover una estrategia formulada e impulsada por el propio país y adecuada a sus circunstancias, que permita mejorar la vida de sus habitantes”.
“Para quienes creemos en el principio de buen gobierno, es allí, en el ámbito de cada país, donde ésta tiene lugar, pues es el pueblo quien gobierna y decide su propio destino”.