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Asistencia para pueblos indígenas de Argentina a 5.200 metros sobre el nivel del mar

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4 de mayo de 2007—La región de América Latina y el Caribe es el hogar de aproximadamente 40 millones de indígenas, muchos de los cuales viven en Argentina, un país no tan conocido por tener una numerosa población aborigen. “No muchos argentinos saben cuántos indígenas hay en el país”, aventuró Dorte Verner, economista superior de la Oficina Regional de América Latina y el Caribe que trabaja en un proyecto sobre pueblos indígenas en Argentina. “En la práctica, se cree que son entre 600.000 y dos millones”, agregó.

Entre otras cosas, la presencia de los pueblos indígenas de Argentina se está empezando a sentir gracias al programa de préstamos para el aprendizaje y la innovación del Banco, que, como su nombre lo indica, se sirve de métodos novedosos para promover iniciativas de desarrollo en las comunidades.

Argentina

Las comunidades indígenas viven en condiciones adversas

La Sra. Verner, experta en varias regiones del Banco y conocida por su labor en las regiones más pobres, comenzó a trabajar en el proyecto sobre pueblos indígenas de Argentina el año pasado. Se apasiona con su relato de los cambios que ha logrado el proyecto en las comunidades que viven en las alturas de los Andes, en Salta (provincia del norte del país).

“Antes de que interviniera el Banco, estas comunidades no conocían ningún tipo de servicios. Ahora gozan de agua corriente en sus hogares y han construido un dispensario, además de haber incrementado considerablemente su capital social”, agregó. “Lo mejor de todo es que ellos han tomado las riendas: además de administrar los fondos, preparan y ejecutan los proyectos comunitarios por sí mismos”.

La construcción en comunidades remotas

Argentina

No es fácil llegar a las comunidades andinas de Salta. Se necesitan al menos 12 horas para subir a pie hasta los 5.200 metros sobre el nivel del mar.

La Sra. Verner considera que el cambio radical y el despegue que han acusado las comunidades es poco menos que increíble. “No es fácil llegar a las comunidades andinas de Salta. Se necesitan al menos 12 horas para subir a pie hasta los 5.200 metros sobre el nivel del mar. A pesar de las dificultades de accesibilidad y transporte, las comunidades han logrado acarrear 120 bolsas de cemento para un proyecto de agua. Tuvieron que adquirir todos los materiales de construcción en la capital de la provincia, pedir que se los entregaran al pie de la montaña, organizar la ayuda de varias comunidades para transportar las bolsas a lomo de burro y luego, obviamente, construir el sistema de abastecimiento de agua. Las condiciones son realmente adversas, le soy sincera. Se pone bastante frío allá arriba”.

Participación en el desarrollo

La capacidad para superar desafíos abrumadores es tan sólo uno de los aspectos de la transformación que ha captado todo el interés de la Sra. Verner. Los pueblos indígenas han aprendido rápidamente a escribir propuestas y a insistir para que los políticos —a quienes, por lo visto, tomó por sorpresa la perspicacia que desarrollaron estos grupos tantas veces ignorados— escuchen sus reclamos.

“Los pueblos indígenas de Salta se sienten facultados para ejercer sus derechos y saben qué servicios públicos les corresponden. Se dirigen a las autoridades públicas provinciales con demandas específicas basadas en lo que se les prometió y se niegan a marcharse hasta recibir respuestas satisfactorias”, indica la Sra. Verner, que claramente está de su parte.

Fidelidad a las tradiciones

Otra característica que asombra a la Sra. Verner, una macroeconomista, es la habilidad con la que los pueblos indígenas transitan por el mundo moderno sin olvidar su fidelidad a las tradiciones y costumbres. “Sí, muchos pueblos indígenas son pobres en lo material; algunos incluso se enfrentan a la inseguridad alimentaria, y la desnutrición es un problema serio”, observa. “No obstante, al trabajar con ellos me he dado cuenta de que la pobreza no puede medirse solamente en términos de nivel de ingresos, ya que la cultura y las tradiciones poseen un gran valor.

Los pueblos indígenas no son los más pobres de los pobres en términos no monetarios”. Aun así, la Sra. Verner no resta importancia a la retahíla de problemas que tiene la comunidad ante sí: aislamiento, analfabetismo, desempleo, falta de servicios básicos y los frecuentes casos de discriminación y explotación.

Comunidades potenciadas

Argentina

Dorte Verner, experta en varias regiones del Banco y conocida por su labor en las regiones más pobres.

La ejecución del primer proyecto del Banco para las comunidades indígenas de Argentina no ha sido sencilla; ha requerido un nuevo enfoque de desarrollo mediante el cual se faculta a las comunidades para que tomen decisiones y hagan el trabajo, aunque en el pasado los pobres de las zonas rurales y los pueblos indígenas hayan sido marginados y hayan tenido un acceso restringido a los bienes públicos.

La Sra. Verner atribuyó buena parte de los resultados del proyecto al dedicado equipo de promotores locales que trabajan directamente con las comunidades a fin de fortalecer la capacidad y a la mayor apertura del Estado a la hora de considerar alternativas para satisfacer las necesidades de las comunidades indígenas. El proyecto concluirá oficialmente en diciembre de este año, con beneficios otorgados a 53 comunidades de seis provincias de Argentina. “Claro que es sólo el comienzo. Queda mucho más por hacer”, dice la Sra. Verner.

Enseñanzas recogidas

La Sra. Verner señala: “Es mucho lo que se puede aprender de este proyecto, pero en particular una cosa: que a veces lo único que hace falta es un poco de iniciativa, comprensión y capital inicial para lograr que una comunidad aislada y marginal se organice y acceda a los conocimientos y recursos necesarios para que pueda hacerse cargo de su propio destino y comience a participar en los asuntos de la sociedad en general”.




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