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Microcréditos apoyan crecimiento de economía rural

Biduli daughtersPINET, Albania—En 1957, durante la colectivización de estas suaves colinas, los campesinos de una aldea lejana invadieron los preciados viñedos de la familia Biduli y sacaron las vides para sembrar patatas y maíz con el fin de cumplir con las cuotas de producción que exigía el Estado comunista. Esa era la situación cuando, seis años después, nació Dashnor Biduli.
Hoy día, sus pequeñas hijas, Marina y Johana, se apuran con una bandeja con vasos por un sendero en la misma tierra, que ahora es privada, entre las ordenadas hileras de vides. “Son las futuras propietarias”, sonríe Dashnor, mientras ve aproximarse a sus hijas.
Mientras degusta el vino añejo que produce con su hermano Flamur en la tierra que una vez perteneció a su bisabuelo, es fácil olvidar las dificultades del pasado. Sin embargo, el retorno de los Biduli a las raíces familiares no fue algo fácil y necesitaron una combinación de buena suerte, trabajo duro y microcréditos oportunos.

Destroyed cowshedAl igual que muchos otros albanos, Dashnor y Flamur, acorralados por la agricultura colectiva, enfrentaron serios aprietos cuando colapsó el sistema comunista. La tierra fue devuelta a la familia, pero debido a las revueltas durante el cambio de régimen los bienes de propiedad del estado, entre ellos maquinaria, ganado e invernaderos, resultaron destruidos o les fueron arrebatados. Así, los agricultores debieron arreglárselas solos, sin dinero y en algunos casos, con serias dificultades incluso para sobrevivir.

Una alternativa a la pobreza o la emigración

Un proyecto del Banco Mundial, que se lanzó en forma experimental en 1992, fue una excelente alternativa a la extrema pobreza o a la cruda emigración. La idea era simple: ofrecer préstamos pequeños a pobladores confiables y esperar que sus inversiones dieran fruto. Este plan de microcrédito, apoyado con fondos adicionales del Banco Mundial en 1999, se ha convertido en una exitosa red de asociaciones de microcrédito que atiende a más de 10.000 miembros.

Zana Konini estuvo en los inicios del proyecto, cuando se entregaban préstamos de US$50 y US$100 en efectivo a los aldeanos “bajo la sombra de un árbol”. Ahora, a la cabeza de la próspera Cooperativa albana de ahorro y crédito, Konini recuerda la emoción de esos primeros días. “Ayudamos a miles de agricultores a comprar la primera vaca, oveja o equipamiento agrícola. La gente alimentaba a sus hijos con la leche de la vaca y vendía el ternero para pagar el préstamo una vez al año. Solíamos redactar planes comerciales para una sola vaca”, señala.

Zana también recuerda el gran desafío que fue explicar a la gente las ventajas de pedir prestado e invertir capital, puesto que no entendía porqué el Banco Mundial, una institución tan rica, venía a los poblados a ofrecer préstamos en lugar de harina, azúcar o donaciones. “Nuestro programa no sólo sirvió para iniciar una economía rural rentable, sino que además introdujo los conceptos básicos de una economía de mercado”, comenta.

Alimentar el crecimiento de la economía rural de Albania

Hasta la fecha no existen bancos en las zonas rurales de Albania. Los pobladores usan efectivo, no depósitos, y guardan el dinero en casa. En base a la confianza individual y a la solidaridad entre los aldeanos, las instituciones de microcrédito llenan un vacío importante del sistema financiero del país. Junto con las remesas que envían los trabajadores desde el extranjero, los pequeños préstamos ayudaron a los albanos a surgir de la profunda crisis de los noventa. En la actualidad, los créditos apoyan el crecimiento de una economía rural prometedora. Aunque la mayoría de los recursos se sigue destinado a inversiones agrícolas o a la compra de ganado, se advierte un alza en la proporción de actividades de comercio, turismo y artesanía.

A medida que aumenta la ambición y la productividad entre los agricultores, también crecen los montos que las asociaciones crediticias prestan a sus miembros. El tope pronto llegará a los US$8.000, 80 veces más que el límite original que se fijó hace 13 años, cuando se inició el proyecto.

New greenhousesPor otra parte, en las ciudades, donde los fondos del Banco Mundial apoyaron un plan de microcréditos similar, los bancos comerciales están comenzando a ofrecer servicios financieros orientados a la pequeña empresa. No obstante, aquí en Pinet, como en otras zonas rurales, el microfinanciamiento sigue siendo una bendición del cielo. En todo el pueblo, ubicado en un frondoso rincón del distrito de Tirana donde las planicies dan paso a colinas costeras, es difícil no ver los resultados. Nuevos invernaderos salpican el paisaje y las parcelas de los miembros de la Asociación de ahorro y crédito cuentan con mejores sistemas de riego, están más organizadas y son más productivas que los lotes de los demás agricultores.

Invertir en el futuro de Albania

Flamur, de 36 años, es el más joven de los hermanos Biduli y fue uno de los primeros en atreverse y solicitar US$600 en 1994. Con los años, los dos hermanos han pedido varios créditos para plantar cepas nuevas y construir los soportes de hormigón y las estructuras de alambre sobre las cuales crecen las viñas.

El éxito no llegó rápido. Las viñas maduran con lentitud por lo que la inversión se tuvo que pagar con otras cosechas, melón tras melón y durazno tras durazno. Durante la era comunista, Dashnor trabajó como “líder de brigada” supervisando a 52 trabajadores agrícolas; ahora, tiene que trabajar con sus propias manos de sol a sol. Fueron días difíciles aquellos, cuando los hermanos tuvieron que separarse e ir a Grecia e Italia a trabajar como meseros. “Fue una pérdida de tiempo y una tortura espiritual”, recuerda Dashnor, de 41 años. Así como otros inmigrantes descontentos, volvieron a casa decididos a triunfar. “Mi familia está aquí, al igual que las oportunidades de inversión”, señala Dashnor.

El sueño de los hermanos es dejar de embotellar vino sin etiqueta, que hoy venden a amigos y conocidos de la capital, y producir vino con todas las de la ley. Pero puede que ahora no sea realista pensar en una expansión radical, pues los hermanos no tienen más empleados que los ayuden y para fertilizar la tierra sólo cuentan con una vaca.

No obstante, las cosas están cambiando en todas partes. Los bancos comerciales se preparan para hacer negocios en los poblados pequeños y hoy, con una pequeña inversión, los hermanos Biduli han logrado sacudir las colinas de un largo sueño de inactividad productiva. Durante tres decenios, la tierra de la familia no tuvo otra opción que producir cosechas menores para la despensa colectiva. Hoy, la tierra está dando lo mejor de sí: uvas excepcionalmente dulces. Flamur está seguro, “aquí está el futuro de nuestra familia”, dice mientras alza su vaso.

Este avance fue posible gracias al Proyecto de microcréditos en Albania (1999-2005). Para leer más sobre este exitoso proyecto, haga clic aquí.


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