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"Luz de esperanza" en Etiopía

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Recuperándose del “desastreâ€

12 de junio de 2007 -En el año 2000, cuando se encontraba a punto de finalizar sus estudios universitarios en botánica y comenzaba a trabajar como agrónomo, Sileshi Betelei sufrió dos enfermedades graves y se enteró de que tenía SIDA. La consejería le ayudó a llenarse del coraje necesario para decírselo a su familia, quienes le brindaron todo su apoyo. Él cree que su actitud positiva se debe a que pudo comprender que cualquiera puede contagiarse con el VIH.

Sileshi
Sileshi Betelei

Regresó al trabajo y continuó con su vida normal hasta que en 2001, su recuento de células CD4 (células T) descendió peligrosamente lo cual lo dejó bastante débil. Aunque Sileshi tenía la intención de comenzar el tratamiento antirretroviral,

no podía costear los medicamentos disponibles en Etiopía en ese momento. Se refiere a esta etapa de su vida como "el período del desastre".

Un año más tarde, Sileshi supo de Dawn of Hope, organización no gubernamental que presta ayuda a las personas infectadas y afectadas por el SIDA en Etiopía. Decidió unirse a ella y trabajar en la campaña para conseguir la prestación pública y gratuita del tratamiento antirretroviral (TAR). Durante aquel período recibió los medicamentos para tratar las infecciones oportunistas por medio de dicha entidad -financiada por el Programa multisectorial de lucha contra el SIDA (MAP, por sus siglas en inglés) de Etiopía-, lo cual le permitió mantener una buena condición de salud y casarse con su novia, también VIH positiva.

Sileshi y otros activistas realizaron una campaña de presión para conseguir ayuda del gobierno, de ONUSIDA y del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. En 2004, se lanzó el programa TAR de Etiopía con financiamiento del Fondo Mundial.

Luego de 18 meses de tratamiento, el recuento de células CD4 de Sileshi mejoró y tuvo la fuerza necesaria para comenzar su segundo año de estudios de administración. Cuando se dio cuenta de que había futuro para su esposa y para él, decidieron comenzar una familia. Actualmente, Sileshi es un líder en la comunidad de portadores del SIDA de su país y representa a las personas que viven con el VIH en el Consejo Nacional del SIDA y en la Junta de Administración de la Comisión Nacional del SIDA. También es el orgulloso padre de un niño de 18 meses que nació VIH negativo gracias a un tratamiento de prevención de la transmisión madre a hijo. Si bien el buen estado de salud de Sileshi y de su esposa se debe al acceso gratuito a tratamiento antirretroviral, indica que ellos y muchos otros etíopes que conviven con el virus no habrían sobrevivido de no ser por los medicamentos gratuitos para combatir las infecciones oportunistas que financia el Programa MAP del Banco Mundial.

“El MAP ha marcado una gran diferencia en la vida de las personasâ€, declara Sileshi. “Antes de que el tratamiento estuviera disponible, la gente moría a causa de las infecciones oportunistas y el MAP nos ha permitido sobrevivir para llegar a la era del tratamiento antirretroviralâ€. Sileshi también dice que la consejería y la atención domiciliaria que entrega el programa son esenciales: “Sin consejería, no puede haber una actitud optimista hacia la vida y se acaba la esperanzaâ€.


Un ejemplo a seguir

La sonrisa apacible y la actitud tranquila del joven de 21 años, Zerihun Gashaw, poco revela el trauma que ha debido enfrentar como huérfano a causa del SIDA, de la gran responsabilidad que lleva en sus hombros al tener que criar a sus hermanos menores y de los logros que ha conseguido en su corta vida.
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Respuesta ecuménica

El padre Aba Serekebirhan Woldesamuel y su comprometido equipo a cargo del proyecto de control y prevención del VIH/SIDA de la Escuela Dominical de la Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahido son un ejemplo de la importante función que cumplen muchas organizaciones religiosas financiadas por el Programa multisectorial de lucha contra el VIH/SIDA (MAP, por su sigla en inglés) de Etiopía.
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La ayuda llega a 6.000 comunidades

En el año 2000, Etiopía se comprometió a formular una respuesta participativa y dirigida por la comunidad al problema del VIH/SIDA. La iniciativa fue financiada con una donación de US$60 millones de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) del Banco Mundial a través del Programa multisectorial de lucha contra el SIDA (MAP, por su sigla en inglés) de Etiopía. Éste, que cerró el 30 de diciembre del año 2006, financió alrededor de 6.000 iniciativas comunitarias y de ONG, entre las cuales se cuentan las descritas en este informe.

El MAP de Etiopía proporcionó el único apoyo sistemático a las organizaciones de la sociedad civil que trabajan en el tema del SIDA en dicho país y contribuyó a descentralizar el sistema de respuesta local que impera hoy en día. El proyecto financió actividades que han tenido un impacto positivo en la actitud hacia las personas que viven con el virus y sobre la importancia de conocer el estado de salud por parte de los enfermos. También ha financiado componentes de atención domiciliaria, cuidado de huérfanos, tratamiento de infecciones oportunistas menores, alimentos para personas pobres con VIH y actividades que generan ingresos. Sin el apoyo prestado por el proyecto para costear medicamentos contra las infecciones oportunistas, muchos de los etíopes VIH positivos habrían muerto antes de que estuviera disponible el tratamiento antirretroviral en 2004. Una de las lecciones aprendidas es que los alimentos constituyen una necesidad básica de mucha importancia para muchas personas con VIH en Etiopía, ya que la mayoría de los etíopes que viven con el virus son muy pobres y sufren de desnutrición. En este sentido, la falta de alimentos nutritivos suficientes impide recuperarse o mantener la salud a los pacientes sometidos a terapias antirretrovirales.





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