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La migración cierra la brecha de género y consigue otros beneficios en el terreno social y de la salud

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9 de julio de 2007— Las migraciones internacionales no sólo reducen la pobreza en las naciones con menos recursos, donde comienza la mayoría de estos viajes, sino que también pueden generar en los países de origen, en particular en las niñas e incluso en las familias no inmigrantes, una serie de efectos generalmente positivos en el terreno social y de la salud.

Éstas son algunas de las conclusiones de un nuevo libro titulado International Migration, Economic Development, and Policy (Migración internacional, desarrollo económico y política), editado conjuntamente por Caglar Ozden, economista del Grupo de investigación sobre desarrollo del Banco Mundial; y Maurice Schiff, economista principal del Programa de investigación sobre migraciones internacionales y desarrollo.

En el libro se ofrece nueva documentación sobre el impacto positivo que las remesas de los emigrantes tienen en sus familias en 12 países de origen en América Latina y el Caribe. El gran caudal de investigaciones y datos del libro, que incluye también a las zonas rurales de Pakistán, Turquía, Egipto y Marruecos en sus estudios de casos seleccionados, demuestra cómo la migración puede producir, en los países en desarrollo de origen, resultados que:

  • disminuyen las diferencias por cuestiones de género (permiten que más niñas asistan a la escuela y reducen la tasa de deserción);
  • reducen el trabajo infantil;
  • mejoran la salud infantil, especialmente la de las niñas;
  • bajan las tasas de fecundidad elevadas cuando la migración tiene como destino países de baja fertilidad y las elevan cuando el país de llegada es de fecundidad alta; y
  • promueven el espíritu empresarial.

En el Pakistán rural, la contribución de la migración a reducir la discriminación en los hogares, que impide a las niñas realizar estudios, fue espectacular.

De acuerdo con el estudio, los estudios de casos de zonas rurales de Pakistán, Guatemala y Nicaragua demostraron que la migración traía consigo beneficios en materia de salud para los niños, y en particular para las niñas.

En el libro se señala, además, que los migrantes se ven perjudicados cuando regresan a sus países de origen, independientemente de su nivel de educación. En Egipto, por ejemplo, los migrantes que vuelven a su país ganan cerca de un 40% más que los no migrantes, y los ingresos de los trabajadores que no asistieron a la escuela pero que estuvieron en el exterior son aún mayores (43%) que aquéllos de los trabajadores con un nivel de educación elevado (19%).

En el informe también se indica que la migración puede tener una influencia significativa en las tasas de fecundidad en los países de origen, reduciéndola si los trabajadores han tenido contactos con el mundo occidental. Por ejemplo, en Marruecos, la emigración —hacia Europa occidental, en su mayoría— aumentó en forma sostenida, y las tasas de fecundidad se movieron en la dirección opuesta. Una tendencia decreciente similar se registró en las tasas de fecundidad de Turquía, ya que los emigrantes de ese país también se trasladan principalmente hacia Occidente. En cambio, en Egipto, durante los períodos de migración —en particular, hacia los Estados del Golfo más conservadores desde el punto de vista social y cultural—, las tasas de fecundidad aumentaron o se mantuvieron sin cambios.

El impacto en la fecundidad puede explicarse por el hecho de que, a través de los migrantes, los familiares y amigos que han permanecido en el país disponen de nuevos cauces de contacto con actitudes sociales y culturales y con las formas de conducta de los países receptores.

"Como se observa en este estudio, el impacto de la migración en el desarrollo va mucho más allá de las remesas", declaró Maurice Schiff, economista principal y coeditor del libro. "La comprensión de estos efectos adicionales —en particular los relativos a la fecundidad y el desarrollo institucional— ha adquirido carácter urgente en un momento en que muchos países receptores están considerando la posibilidad de reformar sus políticas de inmigración".

Schiff observó que las conclusiones del libro indican de qué manera las tendencias de la migración deberían ayudar a configurar las políticas nacionales. "Un país de origen que esté considerando la posibilidad de aplicar un programa para mejorar la educación y salud de los niños, reducir la brecha de género en esas esferas y hacer disminuir la tasa de fecundidad, podría considerar la migración hacia Occidente como un elemento de dicho programa, y negociar acuerdos bilaterales de migración con los principales países de destino de sus migrantes".

En el libro se examina también la eficacia de las políticas de inmigración de los países. Por ejemplo, en Nueva Zelandia, una política que exige una oferta previa de empleo para garantizar la llegada de inmigrantes calificados, contribuyó de hecho a favorecer la migración de quienes contaban con contactos en el país, ya que estos últimos podrían generar ofertas de empleo para ellos. En Suiza, la eficacia de una política para frenar la inmigración reduciendo las cuotas de trabajo se vio obstaculizada por el hecho de que la migración seguía siendo posible a través del mecanismo de la reunión familiar.

La eficacia de las políticas de inmigración de los países receptores se ve fuertemente reforzada si en su diseño se tienen en cuenta las condiciones y políticas pertinentes, mantiene Caglar Ozden, coeditor del libro.

En el libro se presentan nuevos datos sobre los flujos de migración bilaterales entre todos los países del mundo. Se observa que, en 2002, había 175,7 millones de migrantes, incluidos los ilegales, que vivían en países receptores de todo el mundo. La base de datos revela, por primera vez, la importancia de la migración Sur-Sur, que representa aproximadamente una cuarta parte de la migración total o dos tercios de la migración Sur-Norte (37%). La migración Norte-Norte no es tampoco insignificante (16%), seguida de cerca por la migración dentro de la antigua Unión Soviética (15%). No obstante, esta última se debe sobre todo a la creación de minorías rusas en los países resultantes de la desintegración de la Unión Soviética, más que al desplazamiento de personas.

El economista Schiff observó que dichos datos confirman que la migración está contribuyendo cada vez más a configurar la economía mundial, hasta el punto de que representa, de hecho, "el tercer pilar de la globalización, junto con la liberalización del comercio y los flujos de capital".

Los cinco principales países receptores son:

País

Número de inmigrantes (en miles)

Estados Unidos

34.634

Alemania

9.143

Francia

6.277

India

6.270

Canadá

5.717


Los cinco principales países de origen son:

País

Número de emigrantes (en miles)

México

10.098

India

8.958

Bangladesh

6.638

China

5.793

Reino Unido

4.193



No obstante, en proporción de la población del país, los principales países de origen suelen ser pequeños y pobres. Asimismo, sufren las tasas más altas de migración de mano de obra especializada: en varios países del Caribe más del 80% de todo ese grupo de la población vive fuera de su país de origen y, en el caso de los países pequeños de África al sur del Sahara, la proporción se sitúa entre el 50% y el 60%.

El Sr. Schiff observó que, según los pronósticos, la migración no va a disminuir. “No sólo continuará sino que aumentará”, afirmó. “La tasa de crecimiento de la población en los países de emigrantes continuará siendo muy elevada, mientras que la población de Europa seguirá descendiendo y envejeciendo”. Agregó que solamente en África al sur del Sahara —que no se incluyó en los estudios de casos del libro— se espera un aumento de la población de 200 millones para 2030.

El libro International Migration, Economic Development, and Policy se presentó en París el 28 de junio y en El Cairo el 4 de julio, como actividad previa al Foro mundial sobre migración y desarrollo, que se realizará en Bruselas del 9 al 11 de julio y al que asistirán autoridades de los países receptores y de origen.




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