Contactos: En Washington: Gabriela Aguilar (202) 473-6768 gaguilar2@worldbank.org En Bogotá: María Clara Ucros (571) 326-3600 mucros@worldbank.org BOGOTÁ, julio 10, 2007 – Invertir hoy en la juventud de América Latina y el Caribe, sobre todo en la que se encuentra en “situación de riesgo”, será mucho más benéfico social y económicamente que afrontar las consecuencias de no hacerlo, concluye un nuevo estudio del Banco Mundial que asegura que más de la mitad de los jóvenes entre los 12 y los 24 años en la región están en condición de riesgo. El informe El potencial de la juventud: políticas para jóvenes en situación de riesgo en América Latina y el Caribe insta a generar programas específicos para estos grupos. Presentado hoy en esta ciudad, el informe centra su atención en los jóvenes que tienen factores comunes que los llevan a caer en conductas o vivir experiencias que son nocivas para ellos, para la sociedad y para las futuras generaciones. Entre otras, se citan el prematuro abandono escolar, la desocupación, el abuso de sustancias adictivas, involucrarse en conductas violentas, iniciar la vida sexual precozmente y realizar prácticas sexuales de riesgo. “Las circunstancias y acciones que conducen a la desigualdad en América Latina y el Caribe surgen en la juventud”, aseguró Wendy Cunningham, Economista del Banco Mundial, y una de las autoras del estudio. “Actualmente no se invierte lo suficiente en los jóvenes, pues existe una tendencia a subestimar el costo real de su conducta negativa, pero en realidad ésta reduce el crecimiento económico en la región hasta en 2% cada año”. De acuerdo con el informe, el desempleo juvenil, la delincuencia, los embarazos no deseados, las enfermedades de transmisión sexual y el consumo de sustancias adictivas pueden reducir, cada uno, la producción de un país hasta en 1.4% del Producto Interno Bruto (PIB). Las circunstancias juveniles de riesgo no sólo implican costos para el Estado, que asigna recursos para ayudar (o castigar) a estos jóvenes y proteger a la sociedad de su conducta, principalmente de la violencia, también impactan a sus familias, ya sea por medio de ingresos no percibidos como en gastos en efectivo. Además, la tendencia demográfica en la región indica que tales costos aumentarán en el futuro, pues el número total de jóvenes crecerá hasta 2025. Por ello, los gobiernos podrían considerar los programas enfocados al subgrupo en situación de riesgo como una inversión y diseñarlos como tal; incluir programas de prevención de este tipo de conductas que comiencen desde el nacimiento y diseñar otros para los jóvenes expuestos a riesgos y que necesitan una segunda oportunidad, entre otras medidas. “Hay un gran porcentaje de la población joven en América Latina y el Caribe que no está en situación de riesgo. Algunas iniciativas de los jóvenes han demostrado que pueden ser productivos y benéficos para el desarrollo de los países”, dijo Wendy Cunningham. “Aun cuando los jóvenes enfrentan hoy desafíos considerables y los que están expuestos a riesgos se encuentran en desventaja, existen soluciones eficaces, tanto de inversión como de prevención”. De acuerdo con el informe, es posible mejorar la eficacia en el combate a los problemas existentes en la región aprovechando al máximo los aportes de las familias, la comunidad, la sociedad civil, las instituciones locales, el sector privado y los jóvenes. El informe concluye enfatizando que los programas más exitosos son aquellos forjados sobre la bases de consensos entre estos grupos y adaptados a las necesidades y los objetivos de cada país. ### Para más información del trabajo del Banco Mundial en América Latina y el Caribe, visite: http://www.bancomundial.org/alc |