Comunicado de Prensa Nº: 2007/023/HDN
Contactos en Washington: Phil Hay (202) 473-1796 Teléfono celular (202) 409 2909 phay@worldbank.org Magda Garcia (202) 473-5875 mgarcia3@worldbank.org CIUDAD DE WASHINGTON, 19 de julio de 2007. — En un nuevo informe del Banco Mundial, publicado en el día de hoy, se advierte que los países pobres, los donantes adinerados y los organismos de ayuda están perdiendo de vista la utilidad de los anticonceptivos, la planificación familiar y otros programas de salud reproductiva para ayudar a promover el crecimiento económico y reducir las altas tasas de natalidad, que están fuertemente vinculadas con la pobreza endémica, la inadecuada educación y las elevadas cifras de muertes maternas e infantiles. De acuerdo con el nuevo informe —Cuestiones de población en el siglo XXI: la tarea del Banco Mundial— 35 países, en su mayor parte de África al sur del Sahara, tienen tasas de natalidad de más de cinco hijos por madre, y de los 210 millones de mujeres que según se estima quedan embarazadas cada año en el mundo, más de 500.000 fallecen durante el embarazo y el parto, y alrededor de una de cada cinco recurre al aborto provocado por inadecuado acceso a los anticonceptivos. Según el informe, alrededor de 68.000 mujeres fallecen cada año como consecuencia de abortos intencionales no seguros, 5,3 millones padecen discapacidades temporales o permanentes y muchas terminan siendo objeto de ostracismo en sus propias comunidades. Según el informe, las tasas de fecundidad se han reducido significativamente en la mayoría de los países no africanos de ingreso medio y bajo: “…las prioridades de los donantes y organismos de desarrollo se han desplazado hacia otros temas y los fondos e iniciativas mundiales han dejado de lado el financiamiento para planificación familiar, y se está prestando menos atención a las consecuencias de los altos niveles de fecundidad, incluso en países que están retrasados en lograr un crecimiento demográfico sostenible ”. “Las mujeres pobres soportan una carga desproporcionada en cuanto a inadecuada salud sexual y reproductiva por efecto de barreras financieras o sociales de obtención de acceso a esos programas básicos pero cardinales ”, sostiene Joy Phumaphi, vicepresidenta de la Red sobre Desarrollo Humano del Banco Mundial, ex directora general adjunta de la OMS y ex ministra de Salud de Botswana, 1999-2003. “Su plena e igual participación en el desarrollo depende directamente del acceso a cuidados de salud sexual y reproductiva. El Banco está resuelto a ayudarlas, junto con el Fondo de Población de las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los organismos técnicos de salud, para que adopten decisiones voluntarias e informadas sobre la fecundidad ”. Phumaphi agrega que no puede lograrse la disminución de las tasas de natalidad exclusivamente a través de programas de salud. Según ella, una mejor educación para las niñas, la igualdad de oportunidades económicas para las mujeres en la sociedad y la disminución del número de familias que viven por debajo del umbral de la pobreza son también componentes esenciales de una estrategia tendiente a lograr una reducción sostenible de las tasas de natalidad. Tendencias demográficas mundiales En el nuevo informe se señala que el mundo está experimentando importantes cambios demográficos. En los últimos decenios las tasas de fecundidad disminuyeron mucho más rápidamente de lo proyectado por la mayoría de los demógrafos, incluso en los países más pobres del mundo. Por ejemplo, en 1970 Bangladesh registraba algunos de los más insatisfactorios indicadores sociales y menores niveles de ingresos de todos los países, con una tasa de fecundidad de alrededor de siete hijos por mujer; ahora esa tasa es de aproximadamente tres. Disminuciones similares se observan en países de Asia oriental, América Latina y Oriente Medio y Norte de África. La disminución generalizada de la fecundidad, aunada a la reducción de la mortalidad en la mayoría de los países, ha dado lugar a modificaciones de la estructura de edades y el crecimiento demográfico que suscitan consecuencias de largo aliento para, sectores tales como: la salud, la educación, los mercados laborales y la protección social. En la segunda mitad del siglo XX la población mundial se duplicó con creces, hasta llegar a 6.000 millones de personas, lo que supone un asombroso incremento de 3.000 millones de personas en apenas 40 años. Aunque esa tasa se ha desacelerado, hasta llegar al 1,2% anual, cada año de la presente década se agregan 75 millones de personas más. Según las proyecciones, la población mundial llegará a 9.100 millones en 2050 y es probable que la mayoría de esas personas habite los países más pobres del mundo. De acuerdo con el informe, las tasas de natalidad más elevadas del mundo se registran en África al sur del Sahara, donde la tasa promedio de fecundidad sigue siendo de cinco hijos por mujer. Aunque los patrones demográficos están convergiendo en muchas regiones, los países que van a la zaga en materia de disminución de la fecundidad y reducción de la mortalidad difieren cada vez más de los del resto del mundo. Phumaphi opina que “cuanto más tardan los países en adoptar una modalidad de baja fecundidad y mortalidad, tanto mayor es el peligro de que los países con altas tasas de natalidad sigan experimentando mayores desigualdades que los países más pudientes en educación, puestos de trabajo, esperanza de vida y prevalencia del VIH/SIDA en los adultos ”. Análogamente, en el informe se sostiene que la fecundidad puede también afectar al empleo de las mujeres. Un estudio comparado entre países ha inducido a pensar que el porcentaje de mujeres económicamente activas está directamente relacionado con las tasas nacionales de natalidad y que en Bolivia, por ejemplo, existían fuertes lazos entre utilización de anticonceptivos por las mujeres y número de puestos de trabajo femeninos fuera del hogar. También en Filipinas el incremento medio de los ingresos de las mujeres con uno a tres embarazos duplica el de las que habían tenido más de siete. Esto lleva a pensar que el número de hijos que da a luz una mujer afecta sus ulteriores perspectivas de empleo e ingreso, con el riesgo de creación de adicionales desigualdades de género y perpetuación de la pobreza. ¿Qué puede hacer el Banco? El Banco Mundial sigue cumpliendo un papel capital en el fomento del acceso a todos los programas reproductivos a través de recomendaciones de políticas y asistencia financiera. En sus debates de políticas con sus países clientes seguirá afirmando su duradero y fuerte compromiso con el Consenso de El Cairo, el acuerdo hito de 1994 sobre planificación familiar y salud sexual y reproductiva, y proporcionando a los países la asistencia financiera y técnica que soliciten en esa esfera. Ese compromiso es una piedra angular de la nueva estrategia de salud, nutrición y población del Banco, que ayudará a los países en desarrollo a fortalecer sus sistemas de salud para mejorar la salud y el bienestar de millones de las personas más pobres del mundo, acelerar el crecimiento económico, reducir la pobreza atribuible a enfermedades catastróficas y proporcionar el “cemento” estructural que combine programas múltiples relacionados con la salud dentro de los países clientes. Según el nuevo informe, la planificación familiar forma parte integral de los servicios de salud reproductiva y actualmente se reconoce cada vez más que la prestación de servicios integrales de salud reproductiva actúa como un indicador sustituto de un sistema de salud que funcione adecuadamente. Además, un eficaz sistema de salud reduce también la mortalidad infantil, indicador que a su vez se ha asociado con la disminución del nivel de fecundidad. Por otra parte, es más probable que se logre abordar la “protección doble” (contra las enfermedades de transmisión sexual y el VIH/SIDA, así como los embarazos involuntarios) y asimismo ofrecer programas de planificación familiar y asesoramiento sobre VIH de manera sincronizada a través de un sistema de salud que funcione adecuadamente. Los programas de planificación familiar han sido especialmente susceptibles a recibir menos financiamiento del que necesitan. Ni los gobiernos ni los donantes han cumplido sus compromisos financieros de respaldarlos y, como consecuencia, la insuficiencia de suministro de anticonceptivos plantea un creciente problema. El Banco, con su capacidad de análisis sectorial y fiscal y su participación en diálogos de políticas con interesados de alto nivel, puede ayudar a hacer frente a ese problema crítico a través de armonización de donantes, la alineación de la ayuda y la integración de las necesidades de financiamiento para la planificación familiar en el plan nacional de salud de un país. Otro factor que limita el suministro de anticonceptivos es el inadecuado estado de la logística en muchos países pobres. A nivel nacional un adecuado sistema de logística puede distribuir anticonceptivos y otros suministros en forma ordenada y eficiente para que cada clínica o farmacia disponga de existencias suficientes para atender las necesidades de sus clientes. También se reconoce que la modificación del comportamiento en los hogares es esencial para incrementar el uso de programas de planificación familiar. Los factores socioculturales, como la reprobación de la familia y de las comunidades, y el papel del hombre en la decisión del número de miembros de la familia, pueden disuadir a mujeres que de lo contrario podrían tener interés en obtener asistencia para la planificación, en tanto que en otros países los proveedores e incluso los programas posiblemente nieguen esta asistencia a grupos vulnerables, como las adolescentes no casadas. "La baja jerarquía social de la mujer suele representar un escollo, porque en muchas sociedades las mujeres carecen del poder de adoptar decisiones autónomas sobre uso de anticonceptivos y otros medios de atención de la salud reproductiva", dice Joy Phumaphi, del Banco Mundial. "Educar a las niñas, mejorar las oportunidades económicas para las mujeres y a la vez darles control sobre el diseño, la gestión y la supervisión de programas de salud reproductiva son vías muy importantes para fomentar un acceso más expedito a esos programas de salud esenciales". |