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El Banco Mundial aboga por la renovación agrícola y el énfasis en el aumento de la productividad en África al sur del Sahara

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Comunicado de prensa Nº:2008/081/DEC
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Informe sobre el Desarrollo Mundial 2008: Agricultura

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CIUDAD DE WASHINGTON, 19 de octubre de 2007. En la última edición del Informe sobre el desarrollo mundial se insta a incrementar la inversión en agricultura en África y se advierte que, a fin de alcanzar el objetivo de reducir a la mitad la extrema pobreza y el hambre para 2015, el sector agrícola debe convertirse en el eje del programa de desarrollo de la región.

En el informe, titulado Agricultura para el desarrollo, se señala que la necesidad de actuar es especialmente acuciante en África al sur del Sahara, donde el crecimiento de la productividad agrícola ha sido menor que en otras regiones. La agricultura en África al sur del Sahara emplea al 65% de la fuerza laboral y genera el 32% del crecimiento del PIB.

“En África al sur del Sahara, en cuyas zonas rurales viven 229 millones de personas extremadamente pobres, la agricultura puede ofrecer mucho más que la seguridad alimentaria”, señaló Robert B. Zoellick, presidente del Grupo del Banco Mundial. “Un mayor énfasis en la agricultura puede contribuir a impulsar el crecimiento económico general y ofrecer diversos caminos de salida de la pobreza”.

Según se indica en el informe, la proporción de ayuda oficial para el desarrollo que se destina a la agricultura en los países en desarrollo es de tan sólo el 4%. Los gobiernos de la región destinan el mismo porcentaje insuficiente de sus presupuestos a la agricultura, una cifra mucho menor que el 11%-14% del presupuesto nacional que se invirtió en el sector agrícola para impulsar las revoluciones verdes de Asia.

En el informe se aboga por la formulación de un programa de “agricultura para el desarrollo” en África que mejore el clima para la inversión y permita un uso óptimo de los mercados, la tecnología, la ordenación sostenible del agua y el suelo y los servicios institucionales. Asimismo, es preciso que los países resuelvan temas como la creación de condiciones equitativas para el comercio, mientras que las organizaciones de agricultores y otros grupos locales deben tener más participación en la elaboración de las políticas.

Según el Informe sobre el desarrollo mundial, el crecimiento del PIB originado en la agricultura es aproximadamente cuatro veces más eficaz para reducir la pobreza que el generado en otros sectores.

En el informe se cita el ejemplo de los pequeños agricultores que producen con éxito cultivos como café, algodón y frijoles verdes para los mercados de exportación. En vista del rápido crecimiento de la población y la urbanización, la demanda de alimentos básicos locales y de productos ganaderos aumenta a gran velocidad y ofrece nuevas oportunidades de mercado, según el informe.

“El crecimiento agrícola de África aumentó de 2,3% en la década de 1980 al 3,3% en promedio en los años noventa y llegó al 3,8% anual entre 2000 y 2005. Los índices de pobreza rural han comenzado a disminuir en 10 de los 13 países cuyos datos se analizaron”, indicó François Bourguignon, primer economista y primer vicepresidente, Economía del Desarrollo del Banco Mundial. “Si se pretende alcanzar los objetivos de desarrollo fundamentales, se debe acelerar y sostener este crecimiento”.

Según el informe, se espera que para 2015, la demanda de alimentos en África al sur del Sahara duplique el nivel de 2000. Pero los mercados de alimentos de la región carecen ya de la capacidad para atender adecuadamente a millones de personas, en particular en las zonas aisladas donde la infraestructura es insuficiente. Es necesario hacer más.

Por su parte, el Banco Mundial ha asumido el compromiso de incrementar su apoyo a la agricultura y el desarrollo rural, luego de la disminución en el financiamiento otorgado al sector que se registró en las décadas de 1980 y 1990. Durante los ejercicios de 2005 a 2007, los compromisos ascendieron, en promedio, a US$2.900 millones anuales, lo que equivale al 12% del total de compromisos del Banco en ese período. En el ejercicio de 2007, los compromisos totales alcanzaron los US$3.100 millones, de los cuales US$580,5 millones se destinaron a África al sur del Sahara.

Conclusiones detalladas

Si bien las perspectivas de la agricultura en África son auspiciosas, de acuerdo con el informe, los desafíos que se presentan en la actualidad son considerables y requerirán que el Estado, el sector privado y la sociedad civil desempeñen una función distinta. También hará falta una nueva combinación de servicios centralizados y descentralizados para atender a la población rural y mayor coordinación entre entidades tales como el Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Banco Mundial y una amplia variedad de asociados en la tarea del desarrollo, organizaciones no gubernamentales, entidades regionales y gobiernos nacionales.

El programa de agricultura para el desarrollo también requiere que los países ricos modifiquen las políticas que perjudican a los pobres. Por ejemplo, es esencial que reduzcan los subsidios que obstaculizan las exportaciones de algodón africano. Asimismo, según el informe, los países ricos, que son los que más han contribuido al calentamiento de la Tierra, deben intensificar urgentemente sus esfuerzos para ayudar a los agricultores pobres a adaptarse al cambio climático.

“En África, la revolución agrícola debe beneficiar a sistemas de cultivo de secano muy diversos y a la vez mejorar las tecnologías, las instituciones y los mercados”, afirmó Alain de Janvry, uno de los dos jefes del equipo a cargo del informe y profesor de Economía Agrícola en la Universidad de California en Berkeley. De Janvry citó los casos del riego en Nigeria (de pequeña escala) y Malí (de gran escala), los múltiples usos de la mandioca en África occidental, el algodón en Zambia y los productos hortícolas y lácteos en Kenya como buenos ejemplos de logros a nivel local que pueden ampliarse.

“En la actualidad, las tecnologías inocuas para el medio ambiente, como la labranza de conservación, la gestión integrada de plaguicidas y las nuevas variedades como el arroz “NERICA” (por la sigla en inglés de “nuevo arroz para África”) resultan prometedoras. La ciencia y la tecnología son un elemento esencial para el futuro aumento de la productividad en África”, señaló Derek Byerlee, uno de los jefes del equipo a cargo del informe.

Según los autores, más allá de la agricultura, es crucial que exista mayor movilidad geográfica y mejor capacitación para reducir la pobreza rural en África. En vista de la presencia del VIH/SIDA y el paludismo, una atención de la salud y educación sanitaria de mejor calidad deben formar parte de un amplio conjunto de redes de protección social que preserven los recursos de la población pobre.

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