27 de febrero de 2008 — Brasil es el décimo consumidor de energía más grande del mundo. Gran parte de esta energía proviene de energía hidroeléctrica limpia, combustibles de biomasa y casi todo el petróleo que el mismo país produce. No obstante, se espera que esta nación duplique su uso de energía antes de 2030. A pesar de que tiene programas de eficiencia energética desde 1985 y una próspera industria de las empresas de servicios energéticos (ESCO, por sus siglas en inglés), se calcula que al año se desaprovecha un potencial cercano a los US$2.500 millones en mejoras para la eficiencia energética.
“Brasil es un lugar donde la eficiencia energética es todo un desafío”, señala Todd Johnson, especialista en energía del Banco Mundial, quien trabaja en eficiencia energética en dicho país. “Las tasas de interés son elevadas y es difícil conseguir financiamiento. En la actualidad, los bancos no otorgan préstamos para eficiencia energética, ya que se concentran en líneas comerciales probadas y concretas”. El problema es que la mayoría de los proyectos de eficiencia energética en pequeñas y medianas empresas sencillamente no consiguen financiamiento.
Cobro por conexión
Por el contrario, la mayoría de las operaciones de la industria nacional de las ESCO proviene de empresas de servicios públicos que están obligadas a financiar medidas de eficiencia energética. La fuente principal de financiamiento en la mayoría de los proyectos es un “cobro por conexión” para eficiencia energética en el sector de energía, que representa entre 0,5% y 1% de las ganancias netas anuales por el servicio de distribución y que se destina a la conservación de energía desde finales de la década de 1990.
Aunque el cobro por conexión “envía un mensaje de que la eficiencia energética es importante”, deja los proyectos de este tipo a discreción de las empresas de servicios públicos. Uno de los resultados es que el alumbrado público, que comprende 3% del consumo de energía anual, capta la mayoría de los recursos de los programas de eficiencia energética de las empresas de servicios públicos, señala el libro. “Desde la perspectiva de estas empresas, las inversiones en eficiencia energética eran una manera de reducir al mínimo las pérdidas” que se originan en el incumplimiento del pago por servicio de muchos municipios del país, comenta.
Brasil podría mejorar el financiamiento por cobro de conexión mediante un seguimiento más atento de los resultados del proyecto y el ofrecimiento de nuevos incentivos para ahorrar energía, señala Johnson. El Banco, junto con el Banco del Desarrollo de Brasil y la Fundación Clinton, busca formas de ampliar la eficiencia energética en los edificios públicos y en servicios de agua y saneamiento, donde las ganancias por eficiencia podrían ser enormes, agrega Johnson.