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Oportunidades justas para los niños: De la asistencia social a la educación

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“Nunca pude ir a la escuela y no aprendí a leer ni a escribir, pero quiero que mis hijos reciban educación para que no se queden atrás, como me pasó a mí”, Fikriye Lermi, beneficiaria de transferencias en efectivo condicionadas (CCT, por sus siglas en inglés).

TRABZON, Turquía. Junio de 2007. Fikriye Lermi es una mujer de 23 años, madre soltera de tres hijos, desempleada y analfabeta. Su día comienza a primera hora de la mañana en un pobre y alborotado apartamento subterráneo de dos habitaciones con vista a las calles adoquinadas de uno de los barrios más pobres de Trabzon.

Ubicada en Turquía, en la región al este del Mar Negro, Trabzon tiene una de las tasas de desempleo más altas del país. En ella viven hoy más de 300.000 personas, muchas de las cuales pertenecen a familias empobrecidas, como la de Fikriye, que no pueden sobrevivir sin la asistencia de la oficina local de servicio social.

La rutina matutina habitual de Fikriye la ayuda a no pensar demasiado en los problemas que más la aquejan, como la falta de trabajo, de dinero y de ropa. Cada mañana, prepara un sencillo desayuno para sus tres hijos de tres, seis y siete años, quienes a su edad requieren toda la atención que una madre pueda dar. Todos los días Fikriye los levanta, los viste y envía a su hijo de siete años, Mert, a la escuela. Mert toma su mochila, en la que lleva el mínimo de útiles, apenas un par de libros y lápices, y sale hacia la escuela para asistir a sus clases durante la mañana.

Sin embargo, la realidad no es tan sencilla como parece. Para muchas familias turcas, es casi imposible enviar a los niños a la escuela, en particular cuando el dinero es escaso y los padres desempleados luchan por sobrevivir tomando empleos temporales para conseguir algo de alimento para su familia. En estas condiciones, la educación de los hijos es para muchos más un lujo que una prioridad.

La asistencia financiera que permite a Fikriye enviar a Mert a la escuela ubicada en las inmediaciones proviene del programa CCT de US$380 millones administrado por la Dirección General del Fondo de Solidaridad Social y financiado por el Banco Mundial, a través del Proyecto de mitigación de riesgo social en Turquía. Si bien el monto que recibe cada mes es muy pequeño (equivale a unos US$40), sí cubre el costo de la mayoría de los útiles escolares, como libros, lápices y cuadernos. A cambio del dinero, Fikriye debe velar por que su hijo mantenga un registro de asistencia intachable y asista regularmente a controles médicos.

Para esta madre, poder enviar a su hijo a la escuela es una cuestión de orgullo y determinación personal. “Nunca pude ir a la escuela y no aprendí a leer ni a escribir, pero quiero que mis hijos reciban educación para que no se queden atrás, como me pasó a mí”, confiesa.

Adoptado luego de la crisis económica de 2001, el programa de CCT de Turquía fue primero aplicado en forma experimental en seis de los 850 distritos del país, pero luego se extendió por todo el país. El programa está orientado al 6% más pobre de los niños de entre 0 y 18 años y sus familias son identificadas a través de una evaluación de los medios socioeconómicos mediante variables sustitutas. Si bien se calcula que al comienzo el programa tenía 1,3 millones de beneficiarios, finalmente la cobertura se amplió a 2,6 millones de personas o unas 900.000 familias.

Este programa ha logrado entregar transferencias de asistencia social a las familias más pobres con niños de Turquía gracias a su elevada focalización. Goza asimismo de reconocimiento debido a que ha dejado una profunda huella al generar un cambio social positivo en áreas como la promoción de la autonomía de la mujer y la educación de las niñas, las entrega de beneficios de salud y la planificación familiar.

Uno de los efectos del programa de CCT es su extraordinario impacto en la mujer, quien suele ser la principal beneficiaria de la asistencia financiera. El 100% de las madres inscritas en el programa de CCT tiene hoy su propia cuenta bancaria, muchas de ellas por primera vez en su vida. Antes de la puesta en marcha del programa, la mayoría de las mujeres no tenía acceso al sistema bancario.

Para participar en el programa de CCT, se debe presentar el certificado de matrimonio de la madre de los niños. Esta política estimula a las mujeres a procurar la legalización formal de su matrimonio, medida que confiere a la mujer los derechos que consagra la ley turca y, por ende, vela por su protección legal.

El requisito legal de inscribir a los niños, que también es condición para participar en el programa de CCT, ha tenido un impacto profundo en el acceso de las niñas a la educación en Turquía. El aumento de la tasa de matrícula de las niñas ha ido acompañado de un aumento general de la tasa de asistencia y, de manera más significativa, de las tasas de inmunización infantil. La inmunización aumentó en 14 puntos porcentuales entre los niños beneficiarios de programas de CCT, en comparación con los niños que no participan en el programa.

El Proyecto de mitigación del riesgo social en Turquía, que cuenta con el apoyo del Banco Mundial, finalizó en 2006. El programa de CCT hoy continúa con financiamiento público.




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