10 de marzo de 2008 — Si bien los flujos oficiales de ayuda hacia África al sur del Sahara aumentaron en los últimos años, se requieren nuevos mecanismos financieros externos para reducir la pobreza y mejorar las condiciones de vida en la región. La asistencia oficial para el desarrollo (AOD) entregada a la zona sumó más de US$30.000 millones en 2005 y constituye la mayor fuente de financiamiento externo; la segunda fuente en tamaño es la inversión extranjera directa (IED). “En última instancia, la fuerza motriz para impulsar el crecimiento y el empleo en los países pobres debe ser el sector privado y las iniciativas de asistencia oficial deben orientarse a catalizar soluciones financieras innovadoras para aumentar los flujos privados hacia el sector privado,” señala Uri Dadush, director del Grupo de Perspectivas de Desarrollo del Banco Mundial. En un nuevo estudio i (pdf), el economista principal Dilip Ratha y sus colegas Sanket Mohapatra y Sonia Plaza del Banco Mundial calculan que África al sur del Sahara puede movilizar hasta US$30.000 millones anuales si busca fuentes hasta ahora inexploradas, como las remesas, los bonos de la diáspora (emitidos entre ciudadanos residentes en el extranjero) y el fortalecimiento de las alianzas público-privadas. “Cálculos preliminares sugieren que los países de África al sur del Sahara pueden obtener entre US$1.000 millones y US$3.000 millones si reducen los costos de las remesas que realizan sus emigrantes internacionales, entre US$5.000 millones y US$10.000 millones si recurren a bonos de la diáspora, y US$17.000 millones mediante la conversión en valores de las futuras remesas (securitización) y otros efectos por recibir en el futuro,” señaló Ratha. En una reunión realizada en Nairobi el año pasado, los gobiernos que recurren a los servicios del Banco examinaron algunas fuentes de financiamiento además de los limitados fondos de la AIF, como fondos de la diáspora, conversión en valores de futuras entradas y garantías.  Asistencia oficial para el desarrollo La asistencia entregada a la región en la forma de alivio de la deuda es muy superior a los flujos de ayuda directa. En efecto, los recientes aumentos en la AOD han estado asociados a programas de alivio de la deuda del FMI y del Banco Mundial, como la Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados (Iniciativa para los PPME) y la Iniciativa multilateral para el alivio de la carga de la deuda (MDRI, por sus siglas en inglés). Los acreedores del Club de París, por ejemplo, aportaron US$18.000 millones en alivio de la deuda para Nigeria en 2005. Si bien este tipo de ayuda reduce la carga de la deuda, sigue siendo necesario obtener recursos adicionales para impulsar el desarrollo social y económico. La asistencia proveniente de nuevos donantes podría cubrir parte del déficit de recursos que aqueja a estos países. Por ejemplo, China, Chipre, Egipto, Letonia y Lituania se integraron a la lista de donantes que han contribuido a la reposición de recursos Nº 15 de la AIF en diciembre del año pasado.
Migración y remesas Las remesas personales e institucionales destinadas a África al sur del Sahara fuera de aquéllas dirigidas a Sudáfrica aumentaron de US$7.200 millones en 2000 a US$13.900 millones en 2005. Sin embargo, la región va a la zaga de otras regiones en desarrollo.
El envío de remesas a África tiene un elevado costo. En 2006, enviar US$200 de Londres a Lagos tenía un costo de US$29 y de Benin a Lagos, más de US$34. Por este motivo, las personas suelen recurrir a canales informales para hacer llegar el dinero a su hogar. “Reducir estos costos en 50%, una meta no muy difícil de lograr, podría generar US$2.500 millones adicionales en la corriente de remesas a África al sur del Sahara,” pronosticó Ratha. “Sin embargo, no hay que olvidar que se trata de flujos privados que deberían mantenerse ajenos al control del Estado.” Muchos países de la región pueden explotar la riqueza de su diáspora mediante la emisión de bonos (ver recuadro). En África al sur del Sahara, la emisión de estos bonos y la superación de cualquier deficiencia en los sistemas jurídicos y normativos podrían ayudar a los inversionistas a aprovechar entre US$5.000 millones y US$10.000 millones al año .
Bonos de la diáspora
Un bono de la diáspora es un instrumento de deuda emitido por un país, o incluso por un organismo o sociedad privada sub-soberano, para recaudar recursos de su diáspora extranjera. Se trata de un instrumento relativamente poco explotado que tiene la capacidad de movilizar inversiones entre sus emigrantes internacionales para destinarlos al desarrollo económico del país de origen. Los miembros de la diáspora tienen mayores probabilidades de invertir su dinero en su país de origen no exclusivamente por motivos patrióticos, sino también porque su percepción acerca del riesgo que corre su país suele ser menor que el que tienen los inversionistas internacionales. En los últimos decenios, las diásporas de India e Israel han movilizado US$11.000 millones y US$25.000, respectivamente. Filipinas, en tanto, ha anunciado que este año vendería bonos de la diáspora a los trabajadores filipinos que viven en el extranjero para obtener fondos para proyectos de desarrollo. Ghana ha comenzado a comercializar el “Bono de ahorro del jubileo de oro” a la diáspora de su país que reside en Europa y Estados Unidos. |
La conversión en valores de los flujos futuros, tales como: remesas, ingresos por concepto de turismo y efectos a cobrar por exportaciones, podría facilitar el acceso a los mercados de capital internacionales de parte de los países al sur del Sahara. Las divisas a cobrar a futuro se entregan a modo de caución a un organismo especial que emite deudas a una cuenta de recaudación extranjera a la que puede acceder el país que está obteniendo un préstamo. Este tipo de valores suele tener una calificación más favorable que aquella otorgada a los créditos garantizados por los estados de los países al sur del Sahara. Una calificación más alta a las transacciones de mercado dirigidas a la región a su vez aumenta su atractivo para un amplio espectro de inversionistas. Para los países al sur del Sahara, los futuros flujos de exportación de petróleo, materias primas sin elaborar, minerales y metales, servicios de viaje y remesas, entre otros, podrían redituar unos US$17.000 al año. |