Por otro lado, hemos visto el rostro humano de las personas que se esfuerzan por hacer frente a estas fuerzas aparentemente impersonales.
Los Estados Unidos han tenido la fortuna de contar con lÃderes financieros firmes y prácticos en este momento de agitación: el secretario del Tesoro, Hank Paulson; el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, y Tim Geithner, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Los ministros de hacienda y los gobernadores de los bancos centrales de todo el mundo están en contacto estrecho y constante.
Parte de su desafÃo -y del nuestro- es comprender los efectos de este tumulto financiero sobre la economÃa “real”; sobre el crecimiento, los empleos, los precios, los sueldos, los beneficios, el comercio, las casas y las empresas, sobre los individuos y las familias. Además, el deterioro financiero se combina con otros dos cambios: una subida de los precios mundiales de la energÃa y de los productos básicos y una reducción de la caÃda de los precios conseguida en el pasado decenio gracias a la incorporación de centenares de millones de nuevos trabajadores de paÃses en desarrollo a la fuerza de trabajo mundial. Sabemos que los efectos macroeconómicos de estos reveses no son positivos, pero desconocemos todavÃa el alcance y el tipo exacto de influencia que ejercerán.
La notable diferencia entre este perÃodo de agitación financiera y los del pasado es el comportamiento de los paÃses desarrollados y en desarrollo. En un seminario celebrado en agosto, un funcionario mexicano observó con sorna que, esta vez, la culpa no habÃa sido de su paÃs. De hecho, los Estados Unidos deberán extraer enseñanzas sobre la reglamentación y supervisión financieras en un mercado siempre cambiante, al mismo tiempo que colaboran con otros para iniciar la reconstrucción.
No sólo ha cambiado el epicentro del terremoto: los temblores han sacudido a cada mercado de distinta manera. Los márgenes de endeudamiento, tradicionalmente reducidos, en la deuda de los mercados emergentes se han ampliado algo, pero sólo modestamente en comparación con la mayorÃa de los demás productos crediticios. Naturalmente, los mercados de los paÃses en desarrollo no quedarán inmunes; los tipos de cambio han sufrido grandes altibajos, los precios accionarios de los mercados emergentes se han visto afectados negativamente y los márgenes de la deuda no gubernamental han conocido una notable ampliación, en consonancia con sus contrapartes de otros lugares.
Altos precios de los alimentos: Un Nuevo acuerdo para la polÃtica alimentaria mundial
En un momento en que los mercados financieros se han hundido, los precios financieros han subido vertiginosamente. Desde 2005, los precios de los alimentos básicos han crecido nada menos que el 80%. El mes pasado, el precio real del arroz alcanzó el máximo de los 19 últimos años; el precio real del trigo se situó en el nivel más elevado de los 28 últimos años, casi dos veces superior al precio medio de los 25 años precedentes.
Esta buena noticia para algunos agricultores representa una carga abrumadora para los más vulnerables: niños de sólo cuatro ó cinco años que se ven obligados a abandonar la seguridad de sus comunidades rurales para buscar desesperadamente alimentos en ciudades superpobladas; motines por la falta de alimentos que representan una amenaza de desintegración social; madres que no pueden criar niños sanos. El Grupo del Banco Mundial estima que 33 paÃses de todo el mundo están expuestos a disturbios sociales debido a la enorme subida de los precios de los alimentos y la energÃa. En estos paÃses, donde los alimentos representan entre la mitad y tres cuartas partes del consumo, no hay margen para la supervivencia.
Las realidades de la demografÃa, los cambios en los hábitos alimentarios, los precios de la energÃa y los biocombustibles, y los cambios climáticos parecen indicar que durante muchos años los precios de los alimentos seguirán siendo altos, e inestables.
La espectacular subida de los precios de los alimentos ha atraÃdo mayor atención al desafÃo más amplio de la lucha contra el hambre y la malnutrición, el componente “olvidado” entre los objetivos de desarrollo del milenio (ODM) de las Naciones Unidas.
La Corporación Financiera Internacional (IFC), nuestra entidad encargada del sector privado, incrementará su apoyo en forma de inversiones y asesoramiento a las operaciones agroindustriales de Ãfrica y otros lugares, en particular colaborando con el Banco en actividades relacionadas con el reconocimiento de tÃtulos de propiedad de la tierra y la productividad, el financiamiento en moneda local, el capital de explotación, la distribución y la logÃstica, y el apoyo a los servicios intermedios a que deben recurrir los agricultores.
Para lograr mejores resultados, deberemos integrar y movilizar una gran variedad de asociados: la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el PMA y el Fondo Internacional para el Desarrollo AgrÃcola (FIDA), otros bancos multilaterales de desarrollo, donantes privados como la Fundación Gates, institutos de investigación agraria, paÃses en desarrollo con gran experiencia agrÃcola, como Brasil, y, sobre todo, el sector privado.
Este Nuevo acuerdo para una polÃtica alimentaria mundial fomentará un desarrollo incluyente y sostenible. Se beneficiarán tanto los paÃses pobres como los de ingreso mediano y los desarrollados. El aumento de los ingresos procedentes de la agricultura tiene una capacidad tres veces mayor de superar la pobreza que los aumentos conseguidos en otros sectores, ya que el 75% de los pobres vive en zonas rurales y la mayorÃa de ellos se dedica a la agricultura. Casi todas las mujeres rurales que intervienen activamente en las economÃas de los paÃses en desarrollo practican la agricultura. Con ayuda, las mujeres pueden aprovechar las oportunidades de una demanda alimentaria globalizada.
Un acuerdo comercial a nivel mundial: Es ahora o nunca
Las personas pobres necesitan que los precios de los alimentos bajen ya mismo. Pero el sistema comercial agrÃcola del mundo está estancado en el pasado. Si es que existe un momento de recortar las subvenciones agrÃcolas que causan distorsión y de abrir los mercados a las importaciones de alimentos, ese momento es ahora. Si no es ahora, ¿cuándo?
Un sistema de comercio mundial de los productos agrÃcolas más justo y abierto otorgará más oportunidades -y confianza- a los agricultores africanos y de otras regiones en desarrollo para aumentar la producción. El Grupo del Banco puede ayudar a los paÃses en desarrollo a aprovechar esas posibilidades ampliando la capacidad de comerciar, superando las barreras que impiden llegar a los mercados y ofreciendo financiamiento para el comercio. Tanto los contribuyentes como los gobiernos pueden ahorrarse el costo de las subvenciones y mejorar asà el presupuesto.
En estos momentos, el principal desafÃo es lograr el equilibro entre las reducciones arancelarias profundas y progresivas, por un lado, y la “flexibilidad” de ofrecer excepciones, por el otro. Estas excepciones no deberÃan neutralizar las reducciones; en la medida de lo posible, la flexibilidad deberÃa seguir ofreciendo perspectivas de ampliar el comercio a medida que crecen las economÃas.
Estas negociaciones no son un concurso mundial de póquer en el cual los ministros juegan sus cartas cuidadosamente y un ganador se lleva el pozo de fichas. Estamos hablando de complejos ejercicios de resolución de problemas. Todos deben regresar a sus paÃses con beneficios y con explicaciones polÃticas.
En esta era de globalización, el destino de las negociaciones de Doha va más allá del comercio y la economÃa tradicional. Estas conversaciones sobre comercio constituyen una prueba crucial en el delicado proceso de lograr un acuerdo mundial sobre el cambio climático. Los fundamentos económicos en que se cimientan las negociaciones sobre comercio han sido generalmente aceptados durante muchos años. Si los negociadores de 150 economÃas no son capaces de aceptar las concesiones polÃticas de la Ronda de Doha para cosechar los frutos que están a la vista, poco se puede esperar de una reunión entre paÃses desarrollados y en desarrollo para lograr un nuevo acuerdo sobre el cambio climático.
Poner en marcha una Iniciativa sobre transparencia en las industrias extractivas ++ (EITI++) para anular la maldición de los recursos
La Iniciativa sobre transparencia en las industrias extractivas, o EITI, fue puesta en marcha en 2002 por el entonces primer ministro británico Tony Blair, con el compromiso de los lÃderes africanos de la Nueva Alianza para el Desarrollo de Ãfrica (NEPAD). El objetivo de la EITI es mejorar la gestión de gobierno en los paÃses ricos en recursos mediante la solicitud de la verificación y publicación completa de los pagos de las empresas y los ingresos del gobierno provenientes del petróleo, el gas y la minerÃa. La EITI ha evolucionado hasta convertirse en una coalición internacional de gobiernos, el Grupo del Banco Mundial, empresas de petróleo, gas y minerÃa, órganos del sector, inversionistas y organizaciones de la sociedad civil, como Transparencia Internacional, Oxfam y Global Witness . En la actualidad, 24 paÃses están aplicando la EITI; de ellos, 17 se encuentran en Ãfrica al sur del Sahara.
No obstante, la transparencia en los ingresos no es suficiente. A fin de ayudar a garantizar que los elevados precios de la energÃa y los recursos mineros se traduzcan en mejoras en la vida de los pobres, trabajaremos con nuestros clientes de los paÃses en desarrollo y otros asociados para ampliar los conceptos de la EITI en materia de transparencia y buen gobierno, tanto en las etapas iniciales como en las más avanzadas, con la EITI++ como marco de trabajo amplio que complemente el proyecto original.
Estamos determinando los pasos necesarios para ayudar a las industrias extractivas a contribuir al desarrollo sostenible mediante el tratamiento de los riesgos a lo largo de toda la cadena de valor. Consideraremos la adjudicación de contratos, las operaciones de seguimiento, la recaudación de impuestos, el mejoramiento de la extracción de recursos y las decisiones sobre gestión económica, la mejor gestión de la volatilidad de los precios y la inversión eficaz de los recursos en desarrollo sostenible.
Por ejemplo, estamos trabajando en la aplicación de una EITI++ en Guinea, en coordinación con el Banco Africano de Desarrollo, la Unión Africana, la Comunidad Económica de los Estados del Ãfrica Occidental y la Unión Monetaria del Ãfrica Occidental. De conseguirse la explotación de los abundantes recursos naturales de Guinea, se reforzarÃa el desarrollo sostenible de toda la región.
Estamos elaborando una “solución del 1%” para la inversión en capital accionario en Ãfrica, que permitirá avanzar en la consecución de este objetivo. Mientras que algunos consideran que los fondos soberanos constituyen un motivo de preocupación, nosotros pensamos que ofrecen oportunidades. Hoy, los fondos soberanos de riqueza poseen activos por un valor aproximado de US$3 billones. Si el Grupo del Banco Mundial logra crear plataformas y puntos de referencia para la inversión en capital accionario que permitan atraer a estos inversionistas, inclusive la asignación de tan sólo el 1% de sus activos aportarÃa US$30.000 millones para intensificar el crecimiento, el desarrollo y las oportunidades en Ãfrica. Este 1% serÃa el comienzo de algo mucho más grande, que abarcarÃa otros tipos de fondos y otros paÃses, pues la inversión de la riqueza en capital para el desarrollo brinda oportunidades y no debe inspirar temor.
¿Y Ãfrica? Entre 1995 y 2005, 17 paÃses de Ãfrica al sur del Sahara, que representan el 36% de la población, crecieron en promedio el 5,5% sin contar con el impulso de grandes recursos naturales; durante el mismo decenio, ocho naciones productoras de petróleo, que representan otro 29% de la poblción, crecieron en promedio el 7,4%.
Estos paÃses desean construir sobre los cimientos de desarrollo social establecidos en los objetivos de desarrollo del milenio. Quieren crecer, y para ello necesitan energÃa confiable a un bajo costo; infraestructura; integración regional con acceso a los mercados mundiales, y sectores privados más robustos.
Estos paÃses brindan oportunidades de inversión.
Una de las enseñanzas que nos dejó el reciclaje de los petrodólares en los años setenta es que las inversiones en capital accionario son más sostenibles que la deuda. Varios fondos de mercados emergentes ya han comenzado a invertir a largo plazo en Ãfrica.
Una de las ironÃas de la economÃa mundial actual es que sigue habiendo amplia liquidez a largo plazo a pesar de la falta de liquidez a corto plazo. Prueba de ello son los fondos soberanos de riqueza, otra caracterÃstica prominente de la nueva globalización y de la creciente influencia de las economÃas en desarrollo.
Es indudable que los fondos soberanos tienen que ser transparentes y deberÃan regirse por prácticas óptimas a fin de evitar la politización. No obstante, considero que debemos celebrar la posibilidad de que los fondos patrocinados por gobiernos inviertan capital en el desarrollo.
Podemos ayudar a otros inversionistas a vencer los obstáculos iniciales que dificultan la inversión en nuevas oportunidades de capital accionario en Ãfrica. Podemos ayudar a los paÃses a resolver los impedimentos jurÃdicos y mejorar los regÃmenes normativos y de precios para las inversiones en infraestructura. El Organismo Multilateral de GarantÃa de Inversiones puede ofrecer seguros contra riesgos polÃticos.
A partir de allÃ, los fondos soberanos de riqueza pueden colaborar o incluso invertir junto con el Grupo del Banco, no sólo como otra fuente de asistencia para el desarrollo sino, más bien, como inversionistas a largo plazo. La posición que ocupa el Banco lo convierte en un “socio preferido”.
Esta “solución del 1%” es un medio para lograr que Ãfrica reciba los plenos beneficios de la globalización. Es una estrategia para fortalecer el sistema globalizado, añadir fuentes de crecimiento y promover la sostenibilidad de la globalización.
Es el momento de aplicar el arte de gobernar a la polÃtica económica.
Las viejas estructuras se están desmoronando y están surgiendo nuevas fuentes de poder económico. Pero nuestra visión está empañada por los remolinos de viento que azotan los mercados a medida que las empresas y las fortunas, los “imperios” comerciales de nuestra era, se pierden y se ganan.