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El Presidente del Banco Mundial afirma que los pobres y los hambrientos no pueden esperar

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Contacto:
En Washington: Carl Hanlon 202 473 8087
chanlon@worldbank.org

 

Ciudad de Washington, 29 de abril de 2008. Tras una reunión de la Junta de los jefes ejecutivos del sistema de las Naciones Unidas para la coordinación, que tuvo lugar en Berna (Suiza), el presidente del Grupo del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, formuló hoy la siguiente declaración sobre la crisis alimentaria mundial:
 

Las próximas semanas serán cruciales para abordar la crisis alimentaria. Hoy, los elevados precios de los alimentos constituyen un motivo de lucha diaria, sacrificios y, en muchos casos, hasta una cuestión de supervivencia para 2.000 millones de personas. De acuerdo con nuestras estimaciones, es probable que los elevados precios imperantes durante los últimos dos años ya hayan arrojado a la pobreza a unas 100 millones de personas. No se trata de un desastre natural. No cometamos el error de pensar que el problema tiene causas naturales. Pero es un desastre para millones de personas.
 

Los donantes deben actuar ahora para respaldar el pedido de unos US$755 millones que formuló el Programa Mundial de Alimentos (PMA) para atender necesidades de emergencia. Se han comprometido aproximadamente US$475 millones, pero las promesas no ponen alimentos en la boca de los hambrientos. Los donantes deben concretar esas promesas, y dar al PMA la máxima flexibilidad —asignando sólo una mínima parte a fines específicos— para satisfacer las necesidades más urgentes.
 

Esta crisis no termina una vez que se solucionen las necesidades de emergencia, por más críticas que éstas sean. Aunque los precios del trigo han disminuido en los últimos días, es probable que los precios del arroz y del maíz se mantengan elevados, y los del trigo relativamente altos. La comunidad internacional debe comprometerse a trabajar en forma conjunta para responder con iniciativas de políticas, de manera tal que la crisis de este año no se convierta en una realidad ineludible para toda una generación. Actualmente, el hambre y la malnutrición son las causas subyacentes de la muerte de más de 3,5 millones de niños al año, y privan a muchos millones más de sus posibilidades futuras.
 

Muchos donantes, gobiernos y organismos internacionales tienen planes y políticas. Durante los últimos días, se han formulado promesas de apoyo financiero. Ahora, es fundamental que trabajemos juntos para dar una respuesta internacional integrada.
 

Por ello agradezco al Secretario General el haber convocado a esta reunión de los jefes ejecutivos del sistema de las Naciones Unidas con el objeto de colaborar en la organización de la respuesta de las Naciones Unidas.
 

Los ministros de más de 150 países han adherido a un Nuevo acuerdo para la política alimentaria mundial. Debemos llevar estas palabras a la acción.
 

Como hemos analizado aquí, en Berna, el Nuevo acuerdo debe abarcar una respuesta a corto, mediano y largo plazo: apoyo para medidas de protección social tales como programas de alimentación escolar, alimentos por trabajo y transferencias condicionadas de efectivo; aumento de la producción agrícola; una mayor comprensión del impacto de los biocombustibles y la adopción de medidas en el frente comercial para reducir las subvenciones que generan distorsiones y las barreras comerciales.
 

El Grupo del Banco Mundial trabajará con los organismos de las Naciones Unidas cuyos representantes están hoy aquí para identificar a los países con necesidades más urgentes de manera tal que, junto con otras entidades, podamos proporcionar financiamiento en condiciones concesionarias y otro tipo de apoyo. Ya estamos trabajando en estrecha colaboración con el FMI y los bancos regionales de desarrollo para integrar nuestra labor.
 

El Directorio Ejecutivo y los funcionarios del Grupo del Banco Mundial están estudiando la creación de un servicio de financiamiento rápido para otorgar apoyo a países pobres y especialmente frágiles, así como financiamiento más flexible y rápido a otros países. Para resolver los problemas de oferta, en el curso del próximo año duplicaremos el financiamiento destinado a la agricultura en África, hasta alcanzar la cifra de US$800 millones.
 

Instamos a los países a no aplicar prohibiciones de exportación. Estos controles fomentan el acaparamiento, aumentan los precios y perjudican a las personas más pobres del mundo que están luchando por alimentarse.
 

La semana pasada, Ucrania dio un buen ejemplo al levantar las restricciones a la exportación de granos. Esta medida tuvo el efecto inmediato de reducir los precios en los mercados. Otros países pueden hacer lo mismo.
 

Al coordinar las medidas, debemos incorporar al sector privado y las agroindustrias.

Todas estas cuestiones cruciales requieren que la acción internacional se traduzca en medidas concretas en las semanas venideras, para que millones de personas no se encuentren en la misma situación el año próximo.
 

En primer término y principalmente, empero, los donantes deben actuar ahora para resolver la emergencia y reunir los US$755 millones que necesita el PMA. El mundo puede hacerlo. Los pobres y los que pasan hambre, no.

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