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Según Zoellick, las restricciones a la exportación obstaculizan la respuesta humanitaria

Los gobiernos deben garantizar el acceso a las compras locales para fines humanitarios
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Comunicado de prensa Nº:2009/009/EXC

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thirai@worldbank.org

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HOKKAIDO (Japón), 7 de julio de 2008. A continuación se transcriben las declaraciones efectuadas por el presidente del Grupo del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, en una conferencia de prensa conjunta con el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, realizada en Japón, en el contexto de la cumbre del Grupo de los Ocho.

 

“Es un placer estar hoy aquí con el Secretario General. Deseo felicitarlo por su liderazgo en la lucha contra la crisis mundial de los alimentos y por orientar la preparación del Marco amplio para la acción. Estamos unidos y decididos a abordar la crisis que hoy pone en peligro a millones de personas de todo el mundo.

 

Encontrar una respuesta al doble desafío del aumento desmedido de los precios de los alimentos y los combustibles constituye una prueba para el compromiso de ayudar a los más vulnerables que asumió el sistema mundial. Es una prueba en la que no podemos permitirnos fallar.

 

Esta cumbre del Grupo de los Ocho debe dar esperanza a quienes la perdieron. Y alimentos a quienes no los tienen.

 

Para alcanzar el éxito y cumplir lo prometido, la globalización debe ser incluyente y sostenible. Debemos proteger a los más vulnerables, incluso mientras abrimos una vía hacia nuevas oportunidades. Nunca antes se había necesitado tanto esa protección. Alimentos y combustible, sustento y energía, nutrición y salud: estamos hablando de necesidades indispensables.

 

Necesitamos recursos, medidas y resultados en tiempo real en tres esferas iniciales:

 

La primera consiste en satisfacer las necesidades inmediatas. Esto significa respaldo a las redes de seguridad social y programas de comedores escolares, nutrición maternoinfantil, alimentos a cambio de trabajo y transferencias de efectivo condicionadas, que pueden hacer llegar productos nutritivos y dinero rápidamente a quienes más los necesitan.

 

Debemos reforzar el apoyo para la asistencia alimentaria del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Si bien este programa habitualmente requiere unos US$3.000 millones anuales en contribuciones voluntarias, este año podría necesitar entre US$5.000 millones y US$6.000 millones, y una cantidad similar el año próximo. Estos fondos no deberían estar ni asignados ni vinculados específicamente a un fin porque se reduciría su eficacia. Deberíamos considerar la posibilidad de una evaluación especial del financiamiento de las Naciones Unidas o un compromiso de conformar un fondo básico, que reducirían la necesidad de reunir el monto total desde cero cada año.

 

Si las Naciones Unidas realizan evaluaciones para el mantenimiento de las condiciones de paz luego de que las sociedades han entrado en conflicto, ¿por qué no comprometer recursos por adelantado para prevenir las crisis de las sociedades?

 

Una segunda medida importante es otorgar a los pequeños agricultores, en especial de Ãfrica, acceso a semillas, fertilizantes y otros insumos básicos. En algunos países —como en el sur y el oeste de Ãfrica—, la temporada de cultivo va de septiembre a diciembre. Otros necesitarán ayuda para su próxima temporada de siembra. Tenemos la oportunidad de maximizar las cosechas a corto plazo.

 

De acuerdo con nuestras estimaciones, a corto plazo es necesario destinar US$3.500 millones en financiamiento a redes de protección social e insumos agrícolas de acción rápida para más de 50 países que hemos evaluado mediante equipos sobre el terreno. Además, en las evaluaciones del PMA y el Fondo Monetario Internacional se calcula un monto aproximado de US$6.500 millones, por lo que las necesidades totales a corto plazo ascienden a unos US$10.000 millones. La comunidad internacional debe ponerse a la altura del desafío.

 

El tercer paso sería flexibilizar las prohibiciones y restricciones a la exportación que han contribuido al aumento de los precios mundiales de los alimentos. Aproximadamente 26 países exportadores netos de alimentos han mantenido o aplicado tales medidas.

 

Estos impedimentos conducen a una ruptura del sistema agrícola internacional, puesto que dificultan la adquisición y el envío de alimentos a los más necesitados, aun cuando se dispone de los fondos necesarios.

 

Como mínimo, los gobiernos del mundo deberían garantizar el acceso a las compras locales para el PMA y para fines humanitarios. Estas compras para fines humanitarios deberían estar exentas de restricciones e impuestos a la exportación, pero lamentablemente no es el caso, y esto es indignante.

 

Por este medio insto a los miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas a votar en septiembre a favor de una resolución que elimine tales restricciones a las compras del PMA. Esta es una medida que todos los países del mundo pueden adoptar para demostrar un interés común en derribar las barreras que impiden que los alimentos lleguen a quienes padecen hambre. Estas políticas de “egoísmo nacional” ponen vidas y países en riesgo.

 

Mientras responde a las necesidades inmediatas ocasionadas por la crisis, el Grupo de los Ocho debería evaluar medidas que garanticen que este desastre no vuelva a ocurrir. Una de esas medidas sería analizar la importancia de contar, en caso de emergencias alimentarias, con un sistema “virtual” de reservas estratégicas para cuestiones humanitarias.

 

Deseo reiterar mi exhortación a los Estados Unidos y a Europa para que tomen medidas destinadas a reducir los mandatos, subvenciones y aranceles a favor de la producción de biocombustibles a base de cereales y oleaginosas, que quitan el pan de la mesa a millones de personas. Debemos actuar rápidamente para continuar desarrollando la segunda generación de biocombustibles de celulosa, que no contribuirán a llenar los tanques de combustible a costa de estómagos vacíos.

 

Incluso mientras adoptamos estas medidas inmediatas para salir de la zona de peligro, tenemos que convertir esta crisis en una oportunidad de desarrollo a largo plazo. Con inversiones acertadas podemos ampliar drásticamente la producción y las cosechas en los países en desarrollo, en especial de Ãfrica, a fin de incrementar los ingresos de los pobres al tiempo que se producen más alimentos.

 

En la actualidad, sólo un 4,9% de la tierra cultivada de Ãfrica cuenta con sistemas de riego, en comparación con el 40% de Asia meridional.

 

En 2006, apenas un 11% de la tierra de Ãfrica al sur del Sahara estaba sembrada con variedades de semillas mejoradas, en comparación con el 55% de Asia y el 48% de Oriente Medio.

 

Es necesario que financiemos más actividades de investigación por intermedio del Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas, para poder contar con semillas que crezcan a pesar de las sequías, las inundaciones y los suelos salinos, y mejorar las cosechas. Dados los cambios climáticos, este aumento de las tareas de investigación es aún más importante.

 

Debemos reforzar las inversiones públicas y privadas a lo largo de la cadena de valor, desde los derechos de propiedad hasta los insumos, pasando por el riego, el almacenamiento, la logística, los mercados y las medidas de mitigación del riesgo, en especial para los pequeños productores. Debemos completar la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio para superar las barreras y las subvenciones que impiden un comercio mundial eficiente de productos agrícolas.

 

Para resolver el problema no nos hace falta un hallazgo científico. Sabemos lo que hay que hacer: en mayo presenté las características generales de un plan de 10 puntos. El Secretario General, el Grupo de trabajo de alto nivel, el Banco Mundial y otras partes han estado trabajando en un Marco amplio para la acción. Los puntos son los mismos. Lo que necesitamos ahora son recursos, medidas y resultados en tiempo real.

 

Las cumbres no pueden resolver todos los males del mundo. Tampoco podemos esperar que lo hagan. Para empezar, faltan muchos de los principales participantes. De todos modos, creo que esta cumbre constituye un importante comienzo, aquí y ahora, para concentrarnos en las necesidades de los más vulnerables, mientras trabajamos para reforzar la producción de alimentos y combustible a mediano y largo plazo. Apelo a los líderes del Grupo de los Ocho para que no dejen pasar esta oportunidad”.

 

 

 





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