Septiembre fue un mes difÃcil de un año inestable. La debacle de los mercados financieros, crediticios e inmobiliarios. La constante tensión provocada por los altos precios de los alimentos y los combustibles. La preocupación por la economÃa mundial.
Pero no todos participan en ese crecimiento. El alza vertiginosa del precio de los combustibles y los alimentos está empujando a los más vulnerables hacia una zona de peligro.
La gente está sufriendo. Las familias están preocupadas ante lo que les depara el porvenir.
Los acontecimientos de septiembre podrÃan ser un punto crÃtico para muchos paÃses en desarrollo. Una disminución de las exportaciones, asà como de las entradas de capital, provocará la caÃda de las inversiones. La desaceleración del crecimiento y el deterioro de las condiciones financieras, junto con la restricción monetaria, ocasionarán quiebras de empresas y, posiblemente, emergencias bancarias. Algunos paÃses entrarán en crisis de balanza de pagos. Como suele suceder, los más pobres son los más indefensos. Si bien los ojos de los estadounidenses están posados en la intersección de Wall Street y Main Street (la economÃa real), la historia va mucho más allá. La respuesta a estas crisis tendrá que ser más amplia y global.
En todo el mundo se elevan voces que culpan al libre mercado. Otros se preguntan acerca del fracaso de las instituciones de gobierno. Muchos señalan con dedo acusador las fallas de los Estados Unidos, en tanto arquitecto de la economÃa mundial de la actualidad.
No podemos dar marcha atrás con la globalización. Tampoco podemos permitir que la crisis de hoy nos impida ver las oportunidades del mañana.
Para construir el futuro debemos aprender de las enseñanzas del pasado. Debemos modernizar el multilateralismo y los mercados para acompañar los cambios de la economÃa mundial.
El multilateralismo, en su mejor expresión, constituye un medio de resolución de problemas entre paÃses, en el cual las partes quieren y pueden tomar juntas medidas constructivas.
Soy un componedor del multilateralismo. Desde hace más de 20 años, trato de que el sistema internacional funcione. La semana próxima, en el transcurso de las Reuniones Anuales del Banco y el Fondo, me voy a referir a las consecuencias que los últimos 12 meses han tenido para el Grupo del Banco Mundial, pero hoy, cuando nos encontramos en medio de una crisis y a semanas de las elecciones presidenciales, voy a trazar un panorama más amplio.
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II. Transformación de la economÃa polÃtica mundial
Para comprender la crisis actual debemos examinar lo ocurrido, como mÃnimo, en los últimos 20 años.
Actualmente, la globalización y los mercados reflejan enormes cambios en la tecnologÃa de la información y las comunicaciones, los flujos financieros y comerciales, la movilidad de la mano de obra, la interconectividad internacional (“la muerte de la distanciaâ€) y vastas y nuevas fuerzas de la competencia.
No obstante, ni siquiera esas transformaciones dan cuenta del cambio más importante: en los últimos 25 años, la economÃa del mercado mundial pasó de alrededor de 1.000 millones de personas a unos 4.000 millones ó 5.000 millones. La fuerza de trabajo que interviene en los mercados de exportación ha superado los 800 millones. Son aumentos asombrosos que se produjeron en un perÃodo relativamente corto.
La competencia de la globalización, el enorme crecimiento de la fuerza de trabajo mundial y el precio relativamente bajo de los productos básicos se combinaron para crear otra cosa: una era de oro para los directivos de los bancos centrales. Con la atenuación de los precios derivada de esos cambios, estos directivos quedaron como magos de la tecnocracia, y esa magia nos gustó.
El alza de los precios podrÃa arrastrar nuevamente a la pobreza a unos 100 millones de personas de los paÃses en desarrollo. Corremos el riesgo de que se desencadene una segunda ronda de inflación, crisis de balanza de pagos y restricciones presupuestarias.
Los cambios en las fuerzas de trabajo, la liquidez financiera, los mercados de productos básicos y los fondos soberanos son reflejo de una transformación aún más notable: el surgimiento de nuevas potencias económicas.
La actuación de las nuevas potencias en la economÃa mundial las ha transformado en “participantes†en el sistema internacional. China es ahora la tercera entidad comercial del mundo por orden de magnitud. A medida que la clase media asiática vaya creciendo, estos ahorristas se transformarán en importantes inversionistas en capital accionario en los paÃses desarrollados, lo que fortalecerá aún más los vÃnculos internacionales.
Pero ese logro no se hará realidad a menos que tengamos la visión y el valor de hacer frente a los desafÃos del aislacionismo económico en nuestros paÃses y de ofrecer el liderazgo que lo ayude a cristalizar. Los dolores y temores financieros y económicos reforzarán la tendencia a retroceder. Algunos consideran que las reglas del juego —en materia de operaciones de rescate, tipos de cambio, comercio, inmigración y ayuda externa— los excluyen, a pesar de que aquellos con ingresos más elevados parecen poder aprovechar los cambios. A muchos les preocupa la deplorable obsolescencia de las antiguas “redes de protección social†ideadas para ayudar a la gente a adaptarse al cambio. Son estos temas —y no solo las consecuencias de los rescates financieros —los que deben abordar los nuevos dirigentes.
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III. Se ciernen nubes de tormenta sobre el multilateralismo y los mercados
Los acontecimientos de este año constituyen un llamado de atención.
Se ciernen nubes de tormenta sobre el multilateralismo y los mercados.
A medida que los alimentos se encarecÃan, los mercados agrÃcolas comenzaron a desmoronarse bajo las presiones polÃticas. Unos 40 paÃses impusieron prohibiciones o restricciones a la exportación de alimentos. Otros aplicaron controles de precios, infringieron contratos e interrumpieron la actividad comercial. Las Naciones Unidas se esforzaron denodadamente por lograr que los paÃses duplicaran sus contribuciones para la asistencia alimentaria de los más necesitados. Las naciones pobres bregaban por obtener semillas y fertilizantes para los agricultores. Trataban de armar como podÃan “redes de protección†para los más vulnerables. La pobreza, el hambre y la malnutrición aumentaron.
Al tiempo que el sistema agrÃcola internacional encallaba, la Organización Mundial del Comercio (OMC), a la deriva, se adentraba en aguas peligrosas. La Ronda de Doha se ha estancado.
Las negociaciones sobre el cambio climático organizadas al amparo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático se van a ver dificultadas por la discordia en la OMC, que exacerbará las tensiones entre las economÃas en desarrollo y las desarrolladas. En el mejor de los casos, las negociaciones van a ser arduas.
Por otra parte, el proyecto de ley sobre “lÃmites máximos y comercio†en relación con el cambio climático, que el Senado estadounidense rechazó este año, indica cuál será el próximo desafÃo para el multilateralismo y los mercados. Para evitar que las industrias obligadas a respetar lÃmites máximos de emisiones de carbono se encontraran en desventaja, en el proyecto de ley se proponÃan medidas de protección comercial frente a los exportadores a los que no se les imponÃan tales lÃmites.
Las necesidades aumentan, y el sistema de ayuda internacional no avanza al mismo ritmo.
Los gobiernos nacionales se inclinan cada vez más a proporcionar ayuda al amparo de su bandera, en lugar de hacerlo mediante el multilateralismo, que alienta la coherencia y fomenta el protagonismo de los receptores. Aun asÃ, el Grupo de los Siete (G-7) en su conjunto está muy lejos de cumplir las promesas de aumentar fuertemente la asistencia para el desarrollo formuladas en Gleneagles.
IV. Una nueva red multilateral para una nueva economÃa mundial
Aunque los Estados Unidos y el mundo logren salir de este pozo, debemos concentrarnos en el porvenir: necesitaremos una nueva red multilateral para una nueva economÃa mundial.
La generación de Bretton Woods dejó dos legados: en primer lugar, instituciones y regÃmenes internacionales de distinto nivel de desempeño y funcionalidad. En segundo lugar, lo que es más importante, dejó el compromiso intelectual, normativo y polÃtico de actuar de manera multilateral para convertir en oportunidades los problemas de una era.
Algunos exhortan a aplicar un enfoque del siglo XXI, pero muchos están retrocediendo a los modelos de mediados del siglo XX.
El nuevo multilateralismo, de acuerdo con los tiempos que corren, no deberá ser un sistema fijo ni unitario, sino una red flexible. Tendrá que maximizar los puntos fuertes de participantes e instituciones del sector público y el sector privado, que estarán interconectados y cuya actuación se superpondrá en ocasiones.
El nuevo multilateralismo debe ser respetuoso de la soberanÃa de los Estados, al tiempo que reconoce el gran número de problemas que no respetan las fronteras nacionales.
Esta nueva red multilateral debe ser pragmática. Su labor básica consiste en promover la cooperación alentando el intercambio de perspectivas sobre intereses, tanto nacionales como internacionales. En muchos casos, un mero intercambio de información sirve como punto de partida.
Luego debemos propiciar la búsqueda de intereses mutuos, los que, en ocasiones, se pueden estimular con incentivos y, a tal fin, las instituciones internacionales pueden transformarse en agentes catalizadores. La solución de problemas prácticos forja una cultura de cooperación.
El nuevo multilateralismo seguirá dependiendo principalmente de la cooperación y el liderazgo de los paÃses. Los paÃses tienen importancia.
El G-7 no funciona. Necesitamos un grupo mejor para un momento distinto.
El Grupo de los 20 (G-20), si bien es valioso, tiene demasiadas dificultades para pasar del discurso a la acción.
Necesitamos un grupo central de ministros de hacienda, encargado de adelantarse a los problemas, intercambiar información e ideas, determinar los intereses mutuos, movilizar esfuerzos para solucionar problemas y por lo menos salvar las diferencias.
Dicho grupo directivo reunirÃa a más del 70% del producto interno bruto (PIB) mundial, el 56% de la población del mundo, el 62% de su producción de energÃa, los principales paÃses que emiten carbono, los principales donantes para el desarrollo, grandes agentes regionales y los principales agentes de los mercados mundiales cambiarios, de capital y productos básicos.
Sin embargo, este grupo directivo no serÃa un Grupo de los Catorce (G-14). No crearemos un nuevo mundo simplemente rehaciendo el viejo. Dicho grupo directivo no deberÃa tener un número fijo sino variable de miembros, susceptible de cambios con el tiempo. Pueden agregarse otros, concretamente si su creciente influencia va a la par de su disposición a participar en la carga de responsabilidades.
Este nuevo grupo directivo deberÃa reunirse y celebrar videoconferencias periódicamente para promover la responsabilidad grupal. Los Suplentes deberÃan mantener diálogos frecuentes e informales. Contará con el respaldo de una red activa de consultas bilaterales dentro y fuera del grupo. Necesitamos un Facebook para la diplomacia económica multilateral.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Grupo del Banco Mundial, tal vez con la OMC, pueden contribuir a prestar apoyo a este grupo directivo. Podemos identificar los problemas nuevos, aportar análisis, recomendar soluciones y recurrir a nuestros miembros en general para proponer coaliciones para la solución de problemas.
Hemos visto el lado oscuro de la conexión global. Debemos dirigirnos hacia la luz.
La primera tarea tendrá lugar cerca. El próximo año se realizará un gran esfuerzo en los Estados Unidos por reformar el malogrado sistema de la reglamentación y supervisión financieras. Deberán introducirse mejoras en los sistemas de compensación y liquidación. Deben modernizarse las reglas sobre transparencia, capital, relación deuda/capital, contabilidad y, lo que es más importante, liquidez.
La evolución de las circunstancias que desencadenan el fracaso dependerá cada vez más de los cambios de la economÃa mundial. Asà como la crisis ha sido internacional debido a la interconexión, las reformas deberán ser multilaterales.
Debemos impulsar un sistema de alerta anticipada del FMI para la economÃa global, centrado en la prevención de las crisis y no tan sólo en su solución.
Las repercusiones de la crisis financiera ocurrida en septiembre en los Estados Unidos se están sintiendo en la economÃa mundial. La cruda realidad es que los paÃses en desarrollo deben prepararse para una disminución del comercio, los flujos de capital, las remesas y la inversión interna, asà como una desaceleración del crecimiento.
El nuevo multilateralismo debe poner al desarrollo mundial a la par de las finanzas internacionales. Hasta que creemos una globalización más incluyente el mundo permanecerá inestable no importa cuán grandes sean los paquetes de rescate financiero.
La multipolaridad económica ofrece estabilidad y oportunidades, como una cartera diversificada de inversiones. Sin embargo para aumentar un crecimiento más incluyente y sostenible, debemos pensar en la ayuda desde un punto de vista diferente.
Hace dos semanas en las Naciones Unidas, los asociados internacionales movilizaron US$16.000 millones para proyectos para fines de desarrollo. Este dinero es de vital importancia, y necesitamos más para poder alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio (ODM).
Mientras creamos mercados e instituciones para el mediano y largo plazo, el nuevo multilateralismo necesita mecanismos para moverse más rápida y eficazmente a fin de ayudar a los más vulnerables cuando se produce una crisis. Un ejemplo es el nuevo mecanismo financiero de desembolso rápido del Banco Mundial, por valor de US$1.200 millones, para los que se encuentran en peligro en virtud del aumento del precio de los alimentos.
En 1944, en Bretton Woods, los precursores del multilateralismo económico aprovecharon el momento para construir un futuro mejor. Hoy nuestro objetivo no puede ser menos elevado.
La OMC y el sistema de comercio mundial
Las negociaciones de Doha sobre el comercio mundial llevadas a cabo en el seno de la OMC están a punto de expirar. Es esencial que la OMC y un sistema mundial de comercio abierto no corran el mismo fin.
Los litigios en la OMC crean ganadores y perdedores. Si no se equilibra con negociaciones beneficiosas para todos, una OMC a la que se vincule únicamente con litigios probablemente pierda apoyo. Los miembros de la OMC deberán analizar cómo continuar promoviendo la liberalización global.
Una opción es que la facilitación del comercio pase a ser un plan de desarrollo en lugar de una negociación. Hay oportunidades para reducir los costos del comercio en mucha mayor medida que la resultante de la aplicación de aranceles y otros obstáculos al comercio. Los indicadores del comercio que aparecen en “Doing Business†y los de “Logistics†brindan la labor de diagnóstico. Organismos regionales, como el Foro de Cooperación Económica de Asia y el PacÃfico (APEC), han señalado el camino en la práctica.
La mayor parte de la producción de petróleo está ahora bajo el control de empresas petroleras nacionales. Estas fuentes no responden a las señales del mercado de la misma manera que lo hacen los productores privados.
Necesitamos un “pacto global†entre los principales productores y los consumidores de energÃa. El Organismo Internacional de EnergÃa organizó a los consumidores de la OCDE, pero no abarca a todos los poderes nacientes. Hace algunos años, China recomendó que los principales consumidores de energÃa se organizaran para hacer frente al cartel de productores de manera más eficaz. Esta es una idea que vale la pena considerar, aunque con una finalidad más amplia.
Parte del pacto brindará a los paÃses en desarrollo la oportunidad de realizar inversiones a más largo plazo para reducir la vulnerabilidad al aumento y la volatilidad del precio de los combustibles, a la vez que se presta apoyo a los pobres con redes de seguridad. El acceso a la energÃa debe ser un complemento esencial de las inversiones en energÃa limpia. Más de 1.500 millones de personas en el mundo no tienen acceso a electricidad, incluidas aproximadamente las tres cuartas partes de la población de Ãfrica al sur del Sahara. A pedido de los principales accionistas, el Grupo del Banco Mundial está preparando una Iniciativa de EnergÃa para los Pobres con el objeto de ayudar a los paÃses más pobres a satisfacer sus necesidades de energÃa de manera eficiente y sostenible.
Hace dos semanas, para contribuir al suministro de recursos adicionales para encarar estos desafÃos, el Banco auspició una sesión de compromisos que permitió movilizar US$6.100 millones para nuevos fondos de inversión en el clima.
El Grupo directivo contribuirÃa a impulsar las medidas relativas a la energÃa, el medio ambiente y el financiamiento para prestar asistencia respecto de las negociaciones de las Naciones Unidas y la aplicación práctica de un tratado.
Estados frágiles: garantizar el desarrollo
En ningún lugar la nueva red multilateral es tan necesaria como en los Estados frágiles y que salen de un conflicto, donde habitan las “personas que viven en la extrema pobrezaâ€.
Garantizar el desarrollo consiste en promover la seguridad y el desarrollo de manera conjunta, primero para suavizar la transición del conflicto a la paz, y luego para incorporar estabilidad, de manera tal que el desarrollo perdure durante un decenio y más aún. Las raÃces de las medidas que adoptemos alcanzarán la profundidad suficiente para quebrar el ciclo de fragilidad y violencia, únicamente si logramos garantizar el desarrollo.
Nuestra comprensión de cuál es la mejor manera de garantizar el desarrollo -sintetizar la seguridad, el buen gobierno y la economÃa para que tengan la máxima eficacia posible- sigue siendo insuficiente. Encaramos deficiencias cruciales de capacidad internacional.
En última instancia, el elemento más importante en los Estados frágiles o que emergen de un conflicto son los habitantes del paÃs. Sin embargo se requerirá una asistencia multilateral más sólida y duradera para ayudar a estas personas a dejar de ser vÃctimas para convertirse en los principales agentes de la recuperación. Más allá de la asistencia, hacen falta nuevas relaciones en redes entre las fuerzas de mantenimiento de la paz y los que se dedican al desarrollo, y un nuevo enfoque en materia de seguridad.
VI. Conclusión
El mes próximo, los Estados Unidos elegirá a un nuevo Presidente, el cual deberá ir más allá de la lucha por lograr la estabilización financiera. Abordar las repercusiones económicas será una de las responsabilidades primordiales del próximo gobierno.