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Debido a la crisis mundial de los alimentos y el combustible habrá 44 millones más de personas malnutridas

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CIUDAD DE WASHINGTON, 8 de octubre de 2008.  La fuerte subida de los precios de los alimentos y del combustible provocará este año, en todo el mundo, un aumento de 44 millones de personas malnutridas, cifra que alcanzará un total de 967 millones, según un informe del Banco Mundial.

Es posible que los precios de los alimentos y el combustible se hayan moderado algo en los últimos meses, pero continúan siendo muy superiores a los de años precedentes y dan pocas señales de descenso significativo, según el informe titulado Rising food and fuel prices: addressing the risks to future generations. Las familias pobres de todo el mundo se ven condenadas a vivir al borde de la supervivencia, lo que provoca daños irreparables en la salud de millones de niños. Las familias se ven obligadas a recortar gastos, lo que conlleva graves riesgos para los resultados educativos de los niños pobres.

Mientras que el mundo desarrollado se preocupa por la crisis financiera, muchos olvidan que en los países en desarrollo se está extendiendo rápidamente una crisis humana. Los pobres se ven obligados a vivir al borde de la supervivencia”, declaró el presidente del Grupo del Banco Mundial, Robert B. Zoellick. “La crisis financiera hará más difícil todavía la situación para los países en desarrollo que tratan de proteger a sus habitantes más vulnerables frente a los efectos provocados por la subida de los costos de los alimentos y el combustible”.

En el informe, que se presentará el domingo ante el Comité para el Desarrollo en las Reuniones Anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), se afirma que la crisis de los alimentos y el combustible podría tener efectos a largo plazo en las personas y países pobres. Los niños malnutridos no pueden llegar a ser con el tiempo adultos sanos y miembros productivos de la sociedad, capaces de contribuir al crecimiento necesario para que ellos mismos y sus países puedan salir de la pobreza.

En el informe se mantiene que debe darse prioridad a una serie de medidas orientadas a objetivos específicos. Entre ellas se incluyen las siguientes:

  • hacer que los actuales programas focalizados de transferencias en efectivo (o cuasiefectivo) sean más generosos;
     
  • mejorar la nutrición de los lactantes y las mujeres embarazadas;
     
  • ampliar los programas de distribución de alimentos “en especie”, incluida la alimentación escolar y la distribución de alimentos densos enriquecidos calóricamente;
     
  • utilizar instrumentos como la exención de cuotas, los precios de subsistencia y otras formas de subvenciones focalizadas para los usuarios/consumidores pobres, e
     
  • introducir medidas adicionales para evitar que los niños abandonen la escuela, como exenciones de cuotas, subvenciones para los insumos escolares o transferencias de efectivo.

En el informe se mantiene también que la asignación de la cantidad necesaria del presupuesto para financiar una expansión de los programas de sistemas de protección social puede obligar a recortar gastos menos prioritarios en otras esferas. Por otro lado, se observa que los programas bien concebidos de redes de protección social no tienen que ser prohibitivamente costosos para ser eficaces. Algunos de los programas de mayor éxito de todo el mundo cuestan menos del 1% del producto interno bruto. Además, la inversión en este tipo de programas ofrecerá ahora a los gobiernos nuevos instrumentos para hacer frente no sólo a la crisis actual, sino también a las que puedan presentarse en el futuro.

En mayo, el Banco Mundial puso en marcha un servicio de financiamiento rápido de US$1.200 millones para ayudar a los países pobres a hacer frente a la crisis alimentaria. Desde entonces, se han comprometido unos US$850 millones para financiar semillas, actividades de plantación y programas de alimentación. En abril, Zoellick hizo un llamamiento en favor de un Nuevo acuerdo para la política alimentaria mundial en el que se incluían medidas a corto, mediano y largo plazo para ofrecer ayuda inmediata a los pobres y a los agricultores al mismo tiempo que se incrementaba la producción de alimentos.

                                                                      




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