Declaraciones de Robert B. Zoellick, presidente del Grupo del Banco Mundial durante la conferencia de prensa de apertura de las Reuniones Anuales de 2008

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Declaraciones de Robert B. Zoellick, presidente del Grupo del Banco Mundial
Conferencia de prensa de apertura, Reuniones Anuales de 2008
9 de octubre de 2008

 

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Muchas gracias por estar aquí presentes.

Esta reunión es trascendental. En la cumbre del Grupo de los Ocho celebrada en julio, dije que los países en desarrollo se enfrentaban a un doble desafío planteado por los efectos del aumento de los precios del combustible y los alimentos. Pero ese doble desafío ahora se ha convertido en un golpe triple —alimentos, combustible y finanzas— que amenaza no sólo con derribar a los más pobres sino también con condenarlos para siempre.

Los acontecimientos de septiembre podrían ser un punto crítico para muchos países en desarrollo. Una disminución de las exportaciones provocará la caída de las inversiones. El deterioro de las condiciones financieras, junto con la restricción monetaria, ocasionará quiebras de empresas y, posiblemente, emergencias bancarias. Algunos países entrarán en crisis de balanza de pagos.

El personal de economía del Banco Mundial pronostica, tentativamente, que el crecimiento de los países en desarrollo podría disminuir el año próximo de 6,6% (previsión de abril) a aproximadamente 4%. A pesar de que esta tasa de crecimiento es aceptable, la desaceleración sería tan pronunciada que se haría sentir como una recesión. Y muchos países tendrían resultados más desalentadores que los calculados en este promedio general. Las consecuencias serían graves.

En las últimas semanas, la atención se ha centrado en el tamaño de los paquetes financieros y en los efectos registrados en la economía real, en la “Main Street”. De hecho, existe una Main Street en cada rincón del mundo y nuestra obligación es ir más allá del rescate financiero para llegar al rescate humano.

Alrededor de 28 países ya se encuentran en una situación de elevada vulnerabilidad fiscal a causa de la doble crisis de los alimentos y el combustible. Hasta el momento, estos países no tienen previsto recibir, en promedio, ningún aumento de la ayuda para proyectos y programas. Los países del Grupo de los Siete (G 7) como conjunto están retrasados en el cumplimiento de sus compromisos de Gleneagles. No podemos pedir a los más pobres que paguen el precio más alto porque, para ellos, los costos de esta crisis pueden incidir en el resto de su vida.

Los niños sufren consecuencias a largo plazo de las crisis económicas a corto plazo. Muchos de ellos no llegarán a recuperarse nunca. Según nuestras estimaciones, 44 millones de personas más sufrirán de malnutrición este año como resultado del aumento del precio de los alimentos. Para los niños incluidos en este grupo, eso significa una pérdida de potencial que ya no recobrarán. No podemos permitir que una crisis financiera se convierta en una crisis humana.

En mayo, el Grupo del Banco Mundial estableció un mecanismo de financiamiento especial de US$1.200 millones para prestar un rápido apoyo a los más vulnerables y los más afectados por la crisis de los alimentos. Ya hemos programado US$850 millones de este total. Y celebro que Australia haya anunciado un compromiso de 50 millones de dólares australianos para el fondo. Aun así, necesitamos más.

Por eso insto a los donantes europeos a respaldar la propuesta del presidente Barroso de reunir 1.000 millones de euros para ayudar a los pobres que lo necesiten y a los pequeños agricultores de países en situación grave debido a la crisis mundial de los alimentos.

También debemos trabajar denodadamente para proteger los valiosos resultados en términos de desarrollo, sobre todo los que evidencian retrasos en sus objetivos. A tal fin, el Banco proporcionará US$25 millones adicionales en donaciones de emergencia para Haití, que fue azotado por los devastadores huracanes Fay, Gustav, Ike y Hanna.

El lunes manifesté que necesitamos modernizar el multilateralismo y los mercados para hacer frente a estas crisis. Obviamente, no existe una solución mágica que resuelva la difícil situación que atravesamos. Comenzó impulsada por activos dudosos y falta de información acerca de cómo y cuándo los bancos reducirían contablemente el valor de esos préstamos para que los mercados volvieran a entrar en funcionamiento. Ahora está alimentada por la falta de confianza.

De cara al encuentro de mañana, espero que la reunión del G-7 apunte a encarar medidas coordinadas para demostrar que las autoridades se están anticipando a las consecuencias. Los países adoptarán distintas soluciones, según su situación, pero las medidas deben abordar los mismos problemas básicos. Deben ser coherentes y reforzarse entre sí, como en el caso de la reducción de las tasas de interés por parte de los bancos centrales de todo el mundo que se observó esta semana. Con todo, los efectos no se notarán inmediatamente.

Con la ayuda de las nuevas potencias económicas, los países del G 7 pueden atravesar esta crisis resolviendo la situación de los activos dudosos, recapitalizando los bancos y ofreciendo la tan preciada liquidez. Deben trabajar juntos para componer el error del sistema de regulación y supervisión financiera.

También apelamos al G-7 y otras partes interesadas con creciente poder económico para que ayuden a los más vulnerables: los países en desarrollo más débiles que se aproximan al límite de su resistencia y las personas más pobres, que no tienen resguardo en los momentos difíciles.

La evolución de las circunstancias que desencadenan el fracaso dependerá cada vez más de los cambios de la economía mundial. Así como la crisis ha sido internacional debido a la interconexión, las medidas y reformas deberán ser multilaterales.

                                                                    




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