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Declaración del presidente del Grupo del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, sobre la cumbre de los líderes del G-20

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WASHINGTON, 15 de noviembre de 2008. En esta cumbre de los líderes del Grupo de los Veinte (G-20) y en la reunión de los ministros de hacienda del G-20 durante el pasado fin de semana, se comenzaron a sentar las bases de un provechoso debate, intercambio de opiniones y acuerdo. Lo importante, ahora, son las medidas que se han de adoptar. La gente espera que los líderes den una respuesta mundial, coordinada y rápida.

Mientras que la coordinación y cooperación en materia de política monetaria fue el tema central en septiembre y octubre, en los meses de noviembre y diciembre se intensificará la necesidad de poner en marcha medidas de estímulo fiscal. El paquete de estímulo por valor de US$580.000 millones anunciado recientemente por China, fue oportuno y demostró liderazgo. Se necesitarán otras medidas decisivas. Esas medidas deben tener en cuenta los intereses de los sectores pobres y más vulnerables de los países en desarrollo.

El mes pasado propuse reformar el Grupo de los Siete (G-7) y modernizar el multilateralismo a fin de que reflejaran más adecuadamente las realidades del siglo XXI. El hecho de que los líderes de las economías desarrolladas se estén reuniendo ahora con los líderes de las potencias económicas en alza es un paso positivo en ese sentido. No obstante, los países en desarrollo más pobres no deben quedar excluidos. No podremos resolver esta crisis ni adoptar soluciones sostenibles a largo plazo si aceptamos que el mundo está dividido en dos niveles.

Celebro que los Jefes de Gobierno reafirmaran la importancia de los objetivos de desarrollo del milenio así como el compromiso de honrar sus promesas de ayuda externa, pero estas medidas no bastarán para evitar una crisis humana, debemos hacer más. Los US$100.000 millones al año que se destinan a ayuda externa son tan sólo una gota en el océano en comparación con los billones de dólares que se gastan actualmente en rescates financieros en el mundo desarrollado.

El Grupo del Banco Mundial no cejará en sus esfuerzos y seguirá aumentando su financiamiento, ideas, productos innovadores y asociaciones para ayudar a los países en desarrollo. El compromiso asumido por los líderes al asegurarnos que dispondremos de recursos suficientes para emprender esta labor me infunde optimismo.

También celebro el compromiso de intensificar la representación y participación de las economías emergentes y en desarrollo en la estructura de gobierno de las instituciones de Bretton Woods. Si bien la administración puede formular propuestas, la decisión final respecto de la magnitud y oportunidad de las reformas recae en los accionistas. Confío en que será posible adoptar algunas medidas audaces a partir de las reformas preliminares concertadas en las Reuniones Anuales que tuvieron lugar el mes pasado.

También me complace el compromiso asumido por los líderes del G-20 de “poner empeño para llegar, este año, a un acuerdo respecto de las modalidades que permitirán concluir satisfactoriamente el Programa de Desarrollo de Doha, de la Organización Mundial del Comercio, con un resultado ambicioso y equilibrado”. La mejor manera de oponer resistencia al proteccionismo es promover medidas para abrir los mercados.

                                                                          




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