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La desaceleración mundial castiga a los países en desarrollo mientras la restricción del crédito obstaculiza el crecimiento y el comercio internacional; disminuyen las tensiones en los mercados de productos básicos

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Comunicado de prensa Nº:2009/160/DEC

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CIUDAD DE WASHINGTON, 9 de diciembre de 2008. La crisis financiera mundial opacó las perspectivas a corto plazo de los países en desarrollo, y es probable que el volumen de comercio internacional se contraiga por primera vez desde 1982. La drástica desaceleración provocó una caída abrupta en los precios de los productos básicos, que puso fin a un alza histórica de cinco años.

En el informe Perspectivas económicas mundiales 2009, publicado hoy, se advierte a la economía mundial en una transición entre un prolongado período de crecimiento sólido liderado por los países en desarrollo y un período de gran incertidumbre, debido a la crisis financiera en los países desarrollados que afectó los mercados de todo el mundo. En el informe Perspectivas económicas mundiales 2009 se proyecta que el crecimiento del PIB mundial será del 2,5% en 2008 y del 0,9% en 2009. Es probable que los países en desarrollo crezcan el 4,5% el año que viene, un descenso respecto del 7,9% registrado en 2007, mientras que el crecimiento de los países de ingreso alto será negativo.

Justin Lin, primer vicepresidente y primer economista del Banco Mundial, Economía del Desarrollo, declaró: "Los habitantes de países en desarrollo han tenido que lidiar con dos importantes conmociones externas: la espiral ascendente en los precios de los alimentos y el combustible fue seguida por la crisis financiera, que si bien atenuó las tensiones en los mercados de productos básicos, está poniendo a prueba los sistemas bancarios y amenaza con generar desempleo en todo el mundo. Se requieren medidas urgentes para reducir los efectos secundarios de la crisis sobre la economía real y la población más pobre, incluidas medidas a través de proyectos de construcción de mejores caminos, vías ferroviarias, escuelas y sistemas de atención de la salud".

Ante la crisis, el Grupo del Banco Mundial está aumentando su apoyo a los países en desarrollo, por ejemplo, mediante nuevos compromisos del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento por un valor de hasta US$100.000 millones para los próximos tres años y a través de la Corporación Financiera Internacional (IFC por sus siglas en inglés), la entidad del Grupo del Banco que se dedica al sector privado, mediante mecanismos de financiamiento para el comercio internacional, la recapitalización de los bancos y el apoyo a proyectos de infraestructura financiados con fondos privados que estén enfrentando dificultades financieras.

Debido a que se proyecta que los volúmenes de comercio internacional se contraigan un 2,1% en 2009, los países en desarrollo registrarán una importante caída en sus exportaciones. Se espera que las condiciones crediticias más estrictas y el aumento de la incertidumbre generen una desaceleración del crecimiento de la inversión en 2009, tanto en los países en desarrollo como en los de ingreso alto: de hecho, la inversión caería un 1,3% en los países desarrollados y crecería sólo un 3,5% en los países en desarrollo (tasa que, en 2007, fue del 13%).

"Los encargados de diseñar políticas en los países en desarrollo deberían hacer un seguimiento cuidadoso de sus sectores bancarios y prepararse para solicitar apoyo externo para controlar sus monedas y sus sistemas bancarios", indicó Uri Dadush, director del Grupo de análisis de las perspectivas de desarrollo del Banco Mundial. "Dada la caída esperada en el comercio internacional, tanto los países en desarrollo como los desarrollados deben resistir la tentación de recurrir al proteccionismo, que no lograría más que prolongar y profundizar la crisis".

El colapso del crecimiento mundial revirtió el incremento en los precios de los productos básicos que caracterizó a la primera mitad del año: prácticamente todos los productos básicos están registrando caídas abruptas desde julio. Si bien los precios reales del combustible y los alimentos en los países en desarrollo disminuyeron considerablemente, siguen siendo elevados respecto de los de la década de 1990, y los problemas sociales y las crisis que generaron en términos humanitarios siguen reverberando. En total, el aumento en los precios del combustible y los alimentos representaron para los consumidores de los países en desarrollo un gasto extra de aproximadamente US$680.000 millones en 2008 y arrastraron a la pobreza a entre 130 millones y 155 millones de personas adicionales.

De acuerdo con el informe Perspectivas económicas mundiales, se espera que, el año que viene, los precios del petróleo promedien aproximadamente US$75 por barril. Además, se proyecta una caída a nivel mundial del 23% en los precios de los alimentos respecto del promedio que registraron en 2008.

A más largo plazo, y a pesar de los temores de que los niveles elevados que registraron los precios recientemente sean indicios de una escasez de oferta en el futuro, el informe indica que la oferta debería satisfacer con creces la demanda durante los próximos 20 años.

Andrew Burns, autor principal del informe, agregó: "A más largo plazo, se espera que se atenúe la escasez de oferta que contribuyó al aumento abrupto en los precios de los productos básicos. La demanda de energía, metales y alimentos debería desacelerarse, debido al menor crecimiento de la población y a la reversión esperada en la elevada demanda de metales por parte de China, producto de la reducción de las tasas de inversión proyectada para ese país".

Sin embargo, las políticas tendrán que respaldar inversiones para ampliar la capacidad de oferta y promover más medidas de eficiencia y conservación, a fin de mantener equilibradas la oferta y la demanda de productos básicos. Las mejoras de eficiencia en el sector del transporte (que incluye automotores híbridos, eléctricos y, posiblemente, automotores que utilizan hidrógeno como combustible) serán especialmente importantes, porque se espera que la demanda de los países en desarrollo de automotores y camiones nuevos represente tres cuartas partes de la demanda de energía adicional desde la actualidad hasta 2030. Las políticas relacionadas con el cambio climático y otras políticas ecológicas también podrían reducir la demanda de hidrocarburos y generar mejoras de productividad a largo plazo en el sector agrícola.

Aunque a nivel mundial se proyecta una gran oferta de alimentos, es posible que la producción de alimentos de países con un rápido crecimiento de la población (especialmente en África) no logre mantener el ritmo de crecimiento de la demanda. A fin de evitar una dependencia excesiva de la importación de alimentos, estos países necesitan programas para impulsar la productividad agrícola, como los que expanden los caminos rurales, aumentan la investigación y el desarrollo del sector agrícola e intensifican las iniciativas para su extensión.

Es probable que se mantenga la mayor susceptibilidad de los precios de los alimentos a las variaciones de los precios del petróleo que surgió del aumento de la producción de biocombustibles a partir de productos alimenticios, a menos que las nuevas tecnologías —incluido el desarrollo de fuentes no alimenticias para la producción de biocombustibles y otras alternativas para la producción de energía— logren que los biocombustibles basados en alimentos dejen de ser económicos.

Una conclusión clave del informe indica que las exportaciones de productos básicos pueden promover el crecimiento si se aplican las políticas indicadas. Los autores concluyen que los países ricos en recursos han administrado los ingresos inesperados del período de auge reciente con mayor prudencia que en el pasado, lo que debería permitirles resistir mejor la caída de los precios. Sin embargo, los países con recursos descubiertos recientemente y los países que dependen demasiado de préstamos bancarios podrían estar en riesgo. Esto se debe a que, a causa del descenso de los precios de los productos básicos, las ganancias de muchas empresas son menores, mientras que las tasas de interés aumentan, lo que expone a las empresas a costos significativamente mayores cuando vencen los préstamos.

La mayoría de los países consumidores respondieron al aumento de los precios de los alimentos y el combustible expandiendo las redes de protección social existentes para prevenir la malnutrición y sus consecuencias a largo plazo. Algunos gobiernos llegaron a gastar el 2% del PIB en la ampliación de programas, aunque, a causa de las deficiencias en su orientación, solo el 20% de los más pobres recibieron los beneficios del gasto adicional.

El mencionado informe recomienda varias medidas que podrían reducir la probabilidad de que se produzca otra crisis relacionada con los precios de los alimentos: entre otras, desalentar la prohibición de exportaciones, ofrecer financiamiento más estable a los organismos de ayuda alimentaria y mejorar la coordinación y la información en materia de las existencias mundiales de los alimentos.




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