Centro de información en línea para la prensa

Centro de información en línea para la prensa (i)
Noticias bajo embargo y otros materiales sólo para periodistas acreditados.
Ingreso/ Registro

Se necesitan inversiones en las redes de protección y la infraestructura para prestar apoyo a los pobres en la crisis, afirma Zoellick

Disponible en: العربية, 中文, Français, English

Comunicado de prensa n.º 2009/322/EXC

Personas de contacto:
En la ciudad de Washington:
David Theis: 202-458-8626
Transmisión por radio y televisión:
Cynthia Case: 202-473-6287

Ciudad de Washington, 23 de abril de 2009—Se presentan a continuación las observaciones preparadas para su pronunciación por el presidente del Grupo del Banco Mundial, Robert B. Zoellick, en una conferencia de prensa previa a las reuniones de la primavera boreal del Grupo del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI):

Estas Reuniones de Primavera boreal del Banco Mundial y el FMI constituyen la primera reunión mundial de envergadura desde la cumbre del Grupo de los Veinte (G-20). Brindan una oportunidad importante a la totalidad de los 185 miembros del Grupo del Banco Mundial para evaluar los resultados de la cumbre del G-20 y asegurarse de que sus voces sean escuchadas.


Las reuniones del G-20 celebradas en noviembre y abril próximo pasados resultaron útiles para comenzar a abordar algunos de los problemas financieros mundiales. Se adoptaron medidas para asegurarse contra los riesgos financieros mundiales, aunque aún debemos hacer el seguimiento de las promesas.


Reviste igual importancia el hecho de que tenemos más tareas por delante, y necesitaremos más recursos, para abordar un conjunto más amplio de problemas en los países en desarrollo, donde las economías reales se están viendo azotadas por segundas y terceras olas.

Lo primero y más importante es que debemos asegurarnos de no repetir los errores del pasado. Cuando las crisis financieras sacudieron América Latina en el decenio de 1980 y Asia en los años noventa, el debate acerca de los números acalló el debate sobre las personas. Se redujeron drásticamente los presupuestos para la atención básica de salud, la nutrición y la educación. Se registraron disturbios sociales, privaciones e incluso violencia. Los pobres son los que más sufrieron como consecuencia de errores ajenos.

Esta vez debemos asegurarnos de que los gobiernos puedan proteger el gasto social dirigido y financiar redes eficaces de protección. Durante la crisis asiática se registró un aumento del 22% en el número de mujeres embarazadas anémicas de Tailandia. En Indonesia, se redujo el peso medio de los niños menores de tres años de edad. No son señales pasajeras que aparecen en la pantalla de una computadora; los resultados pueden ser permanentes. Los programas de redes de protección —de alimentación escolar, nutrición y transferencias condicionadas de efectivo, como los de México y Brasil, y programas de dinero por trabajo— pueden atenuar los peores efectos de esta crisis. Su costo —de menos del 1% del PIB— representa un bajo precio que pagar. Por esa razón el Banco Mundial va a triplicar su apoyo para los programas de redes de protección.

Segundo, debemos encauzar las inversiones a la infraestructura. Durante las crisis de América Latina y de Asia, se redujeron las inversiones en infraestructura y ello tuvo consecuencias negativas de largo plazo. En el decenio de 1990, en América Latina y el Caribe un 50% del ajuste fiscal se hizo a expensas de la reducción del gasto público en infraestructura. En Indonesia, la inversión pública en infraestructura disminuyó del 7% del PIB en el período de 1995-97 al 2% en 2000.

Con todo, China invirtió en infraestructura, tanto para crear puestos de trabajo como para sentar las bases de un crecimiento pujante. Hemos visto resultados, ya que las inversiones permitieron eliminar los obstáculos al aumento de la productividad.

Estimamos que los países de América Latina pueden crear entre 200.000 y 500.000 puestos de trabajo por cada U$1.000 millones que gastan en proyectos de mantenimiento de caminos rurales iniciados a través de microempresas. Por este motivo hemos anunciado hoy una iniciativa de US$55.000 millones relativa a la infraestructura que será puesta formalmente en marcha el sábado.

Tercero, al haber salido de la crisis de los alimentos del año pasado, no podemos permitirnos dejar de lado a la agricultura. El Grupo del Banco incrementará el apoyo para la agricultura de US$4.000 millones en 2008 a US$12.000 millones en los próximos dos años para contribuir a garantizar la seguridad alimentaria, que reviste vital importancia.

El G-20 subrayó la importancia de asegurar que los bancos multilaterales de desarrollo cuenten con suficiente financiamiento para atender a las necesidades de esta crisis. En el Comité para el Desarrollo discutiremos el grado de suficiencia de los recursos del Grupo del Banco Mundial, con inclusión de lo que estamos haciendo actualmente y lo que podemos hacer en los meses venideros, y también cómo podemos movilizar más recursos. Espero que también discutamos la posibilidad de que surjan necesidades futuras de capital y de más apoyo para la AIF, que financia donaciones y préstamos sin intereses para los 78 países más pobres, muchos de los cuales se encuentran en África.

También debemos asegurarnos de que, más allá de sus compromisos financieros, los gobiernos cumplan con sus compromisos expuestos en el comunicado en materia de medidas normativas.

En Londres, los líderes se comprometieron a no repetir los errores históricos de épocas anteriores. Desde la reunión del G-20 hace menos de tres semanas, nueve países del G-20 han adoptado o están considerando la adopción de 23 medidas que restringen el comercio a expensas de otros países. Se trata de casi la mitad de los Estados miembros del G-20.

Cuatro países del G-20 han eliminado restricciones y cabe felicitarlos por ello, pero algunos han eliminado restricciones con una mano y han impuesto nuevas con la otra.

Debemos estar siempre atentos para que, ya se trate de financiamiento, instrumentos o soluciones normativas, cumplamos con nuestros compromisos y rindamos cuenta de ellos. A medida que se profundiza la recesión, los líderes se verán sujetos a crecientes presiones para proteger los mercados nacionales. Esos refugios herméticos no harán más que agravar la crisis económica.

Por último, discutiremos la importante cuestión de la representación. La Junta de Gobernadores del Banco Mundial emprendió la labor este año con una primera etapa de medidas de reforma para aumentar la influencia de los países en desarrollo, pero ahora debemos seguir avanzando para lograr un nuevo equilibrio de las acciones con derecho a voto y la representación en el Directorio Ejecutivo.
 
La introducción de estos cambios exigirá que tanto Europa como Estados Unidos reconsideren sus antiguas prerrogativas y controles. Los países en desarrollo que están adquiriendo prominencia deberán aceptar las responsabilidades inherentes a su protagonismo. Cómo hacerlo es una decisión que corresponde a los gobiernos. Con todo, espero que demostremos audacia y sagacidad.




Permanent URL for this page: http://go.worldbank.org/K27QM8CEM0