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La crisis económica y los objetivos de desarrollo del milenio

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  • Los países pobres se enfrentan a una emergencia de desarrollo debido a los graves efectos de la crisis financiera.
  • La salud y la educación se ven amenazadas a causa de la pérdida de ingresos en las familias.
  • El sector privado desempeñará un papel crucial en la recuperación del crecimiento.

24 de abril de 2009. Las economías de ingreso bajo, muchas de las cuales se ubican en África al sur del Sahara, estaban hasta hace poco resguardadas de la crisis financiera mundial, puesto que sus bancos y sus mercados bursátiles se encontraban alejados de la debacle de las hipotecas de alto riesgo y el colapso de los bancos de inversión.

No obstante, la mayor parte de las regiones del mundo se enfrentan ahora a la recesión. Esto implica que los países pobres deben hacer frente a una abrupta caída en sus exportaciones, los presupuestos oficiales se ven sometidos a fuertes presiones y es probable que la ayuda extranjera sea menor que la prometida por los donantes precisamente en el momento que más hace falta.

“Sí, la crisis financiera nos está afectando”, dijo Tembani Ndeula, un joven agricultor de Malawi.“Nuestra economía depende de la agricultura; hablo específicamente del tabaco. Lo que afecta al resto del mundo nos afecta a nosotros. Malawi se va a ver muy perjudicado, y éste es uno de los países más pobres del mundo”.

En la última edición del Informe sobre seguimiento mundial, i documento que publican todos los años el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para evaluar los avances en el logro de los objetivos de desarrollo del milenio (ODM), se advierte que éste es un año de "emergencia de desarrollo” y se insta a tomar con urgencia medidas en el plano internacional para evitar que se socaven los progresos logrados con tanto esfuerzo en la lucha contra la pobreza, el hambre, el analfabetismo y las enfermedades.

“La crisis financiera ha vuelto más preocupante que nunca el panorama en relación con los objetivos de 2015”, sostuvo Zia Qureshi, principal autor del informe y asesor superior del Banco Mundial. “Los países en desarrollo necesitarán ayuda para sobrellevar las consecuencias de la crisis, que comienza a generar una pesada carga sobre sus recursos y afectar a los más vulnerables".

Menos reducción de la pobreza, más hambre

La reciente crisis de los alimentos arrojó a millones de personas a la pobreza extrema y es probable que la perspectiva de un crecimiento mucho más lento en los países en desarrollo desacelere, a su vez, el ritmo de la reducción de la pobreza. Las estimaciones del número adicional de personas atrapadas en la pobreza en 2009 como consecuencia de la crisis financiera oscilan entre los 50 millones y los 90 millones.

En todo el mundo en desarrollo, el número de personas que viven con menos de US$1,25 al día alcanzará en 2009 los 1.184 millones, una cantidad menor que los 1.375 estimados para 2005, pero aún en extremo elevada.

Se prevé que la cantidad de personas que padecen hambre crónica en todo el mundo —que se elevó en 2008 a causa de la crisis de los alimentos— superará los 1.000 millones en 2009, con lo que se perderán los logros obtenidos en la lucha contra la malnutrición y se volverán aún más importantes las inversiones en agricultura.

“Con una recesión que afecta en forma simultánea a las principales regiones, la probabilidad de que el crecimiento sea penosamente lento en muchos países es muy real, por lo que la lucha contra la pobreza se vuelve más ardua y más urgente”, sostuvo John Lipsky, subdirector gerente del FMI.

Una emergencia de desarrollo

“En África, donde la mayoría trabaja por cuenta propia, el desempleo adopta el rostro de una mujer que cultiva hortalizas para vender en el mercado y se encuentra con que la gente ya no las compra”, señaló Joy Phumaphi, vicepresidenta de Desarrollo Humano del Banco Mundial.

“Esta mujer se ve obligada a tomar decisiones difíciles: sacar a sus hijos de la escuela, esperar a que un niño esté muy enfermo antes de concurrir a la clínica, alimentar a su familia con una dieta de baja calidad sin la carne ni los vegetales que necesitan”.

Se estima que, entre 2009 y 2015, podrían morir entre 200.000 y 400.000 niños pequeños más por año en todo el mundo como resultado de la crisis. Si no se toman medidas de inmediato, para 2015 esto podría sumar un total de entre 1,4 millones a 2,8 millones más de muertes de niños pequeños.

Mientras las familias lidian con necesidades mayores e ingresos más reducidos, la crisis financiera también afecta gravemente la capacidad de los gobiernos de los países de ingreso bajo para satisfacer las necesidades públicas en sectores clave.

En otro informe dado a conocer hoy, titulado Averting the Human Crisis (Cómo evitar la crisis humana), i el Banco advierte que para fines de 2009 se producirán interrupciones en los tratamientos y los programas de prevención contra el VIH/sida en 23 países (que, en conjunto, albergan el 60% de los pacientes con VIH positivo sometidos a terapias antirretrovíricas) a causa de la crisis económica mundial.

Asimismo, en países como Etiopía, el 50% del presupuesto gubernamental correspondiente al sector de salud depende de la ayuda que se recibe de los países ricos.

“Los donantes deberían cumplir y superar con urgencia sus compromisos de ayuda en vista de las amenazas que acechan”, dijo Qureshi. “Si bien el total de la ayuda oficial se incrementó un auspicioso 10% entre 2007 y 2008, aún está muy lejos de los objetivos propuestos en Gleneagles para 2010, también en lo que respecta a las metas específicas para África”.

La eficacia de la ayuda es asimismo un tema doblemente importante en tiempos de limitaciones. Es necesario reevaluar los sistemas y las instituciones existentes en los países para verificar que funcionen con eficiencia y destinen los recursos a los beneficiarios adecuados.

Proteger las inversiones en capital humano

Para proteger las inversiones estratégicas en “capital humano”, los países deberán fortalecer con rapidez los programas de protección social, como las trasferencias monetarias destinadas a grupos específicos, que ayudan a las familias pobres a hacer frente a la merma de sus ingresos sin reducir los gastos relacionados con la educación y la atención de la salud.

Si bien los gobiernos son actores de fundamental importancia, el sector privado —tanto las entidades que procuran el lucro como las que no— está ampliando su participación en el ámbito de la salud y la educación. Más de la mitad de los servicios destinados a cubrir las necesidades relativas a los ODM están en manos de prestadores privados y, en muchos países en desarrollo, la mayor parte del gasto en salud proviene de fuentes privadas.

Durante la crisis y una vez superada ésta, los gobiernos deberían seguir trabajando en estrecha colaboración con el sector privado de modo de sacar provecho del potencial de dicho sector para aportar innovación y flexibilidad, pero también para mejorar sus propias habilidades técnicas y su capacidad para las contrataciones, el seguimiento y la regulación.

Respaldar al sector privado

“Cuando fui al banco, me dijeron que no tenían dinero para divisas a causa a la crisis financiera”, dijo Zione Kamsinde, una empresaria de Malawi. “Yo necesitaba el dinero, pero no hubo forma de completar mi transacción. Eso produjo algunas pérdidas en mi pequeña empresa”.

En todo el mundo, las perspectivas de recuperación dependen de que se apliquen políticas eficaces que restituyan la confianza en el sistema financiero, recapitalicen los bancos y contrarresten la caída de la demanda total. Si bien la responsabilidad recae principalmente en los países ricos, las naciones en desarrollo deben sostener sus esfuerzos por mejorar el clima para las inversiones del sector privado.

Se espera que el respaldo al sector privado durante la crisis —no sólo en los mercados emergentes y en las economías de ingreso mediano, sino también en los países más pobres— contribuya a propiciar el crecimiento futuro y mejore las perspectivas de recuperación en todas las economías en desarrollo.

“África forma parte de la solución a la crisis”, sostuvo Phumaphi “Se trata de un mercado en crecimiento, con mucho margen para la innovación y las nuevas tecnologías. Debemos preservarlo y protegerlo, de lo contrario, será una oportunidad perdida para la economía mundial en su conjunto”.

Las respuestas de las instituciones financieras internacionales a la crisis

Todas las instituciones financieras internacionales se están preparando para responder con aún más contundencia a la crisis y ayudar a compensar el enorme déficit de financiamiento de los países en desarrollo, que, según ciertas estimaciones, alcanza a US$1 billón. Los líderes del Grupo de los Veinte, que se reunieron recientemente en Londres, acordaron respaldar un aumento de los recursos destinados al FMI de manera de triplicarlos y llevarlos a los US$750.000 millones, entre otras medidas de apoyo concreto.

Mientras que el FMI se dedica a las cuestiones relacionadas con la balanza de pagos, el Grupo del Banco Mundial y otros bancos multilaterales centran la atención en la salud, la educación, la infraestructura y el financiamiento del comercio, a la vez que sostienen sus esfuerzos destinados a combatir el cambio climático y proteger el medio ambiente, objetivos éstos que no pueden dejarse de lado durante una emergencia de desarrollo.

La respuesta del Grupo del Banco Mundial a la crisis financiera incluye el apoyo a la conformación de asociaciones público-privadas para proyectos de infraestructura que se encuentran actualmente en crisis, la asistencia a las pequeñas y medianas empresas y la ayuda a los países para que refuercen sus redes de protección social.





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