La crisis mundial provoca un fuerte aumento en el financiamiento del Banco Mundial destinado a salud y educación; los medicamentos contra el SIDA podrían escasear

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Comunicado de prensa Nº:2009/324/HDN

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Ciudad de Washington, 24 de abril de 2009. El Banco Mundial anunció hoy que durante el presente ejercicio movilizaría un financiamiento de hasta US$3.100 millones para el sector de salud con el fin de ayudar a los países pobres a combatir las amenazas que acechan a sus servicios sociales en la crisis económica mundial. Este monto triplica de hecho el respaldo otorgado por el Banco durante el ejercicio pasado, que ascendió a US$1.000 millones. Los fondos se utilizarán para fortalecer los sistemas de salud de los países pobres, mejorar su desempeño en la prevención y el tratamiento de enfermedades transmisibles y mejorar la salud materno-infantil, la higiene y el saneamiento.

El Banco informó, asimismo, que duplicaría en este ejercicio el financiamiento destinado a educación en los países de ingreso bajo y mediano, llevándolo a los US$4.090 millones.

Las nuevas cifras para los sectores de salud y educación se dan a conocer luego del anuncio formulado por el Banco a principios de esta semana, en el que informaba que sus inversiones en programas de protección social, incluidas las redes de protección social, se incrementarían significativamente en el período 2009-10 hasta alcanzar los US$12.000 millones.

En un nuevo informe en el que se expone cómo las crisis anteriores han obligado a los países en desarrollo a recortar sus gastos en salud y educación, el Banco también advierte que es posible que varios países ya estén teniendo dificultades para suministrar medicamentos vitales para las personas que viven con SIDA.

Según el nuevo informe, titulado Averting a Human Crisis During the Global Downturn: Policy Options from the World Bank’s Human Development Network (Cómo evitar la crisis humana durante la contracción de la economía mundial: Opciones propuestas por la Red de Desarrollo Humano del Banco Mundial), los resultados preliminares de una encuesta realizada en marzo de 2009 en 69 países —donde se brindan tratamientos antirretrovíricos a 3,4 millones de personas— sugieren que actualmente ocho países experimentan escasez de drogas antirretrovíricas y otras alteraciones en los tratamientos contra el SIDA. Se prevé, asimismo, que un total de 22 países de África, el Caribe, Europa y Asia central, y Asia y el Pacífico sufrirán dificultades semejantes en el transcurso del año. En conjunto, estos países albergan a más del 60% de las personas de todo el mundo sometidas a tratamientos contra el SIDA. Los programas de prevención del VIH/SIDA también están en peligro. En 34 países, donde habita el 75% de las personas que viven con SIDA, ya se siente un impacto negativo en los programas de prevención dirigidos a los grupos de alto riesgo (incluidos los trabajadores sexuales y los consumidores de drogas intravenosas).

“El nuevo informe muestra que los pacientes que reciben tratamientos contra el SIDA podrían dejar de recibir atención y las madres y los niños de los países pobres podrían ver recortados los servicios esenciales de salud y nutrición”, señala Joy Phumaphi, vicepresidenta de Desarrollo Humano del Banco Mundial y ex ministra de Salud de Botswana. “La crisis económica mundial ha hecho trizas el crecimiento y el desarrollo en el mundo en desarrollo: los niños deben dejar la escuela y las familias pobres tienen que consumir alimentos más baratos y menos nutritivos, lo que puede dar como resultado la pérdida de peso y malnutrición grave, en particular en los niños pequeños y las embarazadas”.

Phumaphi indica que durante la crisis registrada en Asia oriental a fines de la década de 1990, por ejemplo, una encuesta realizada en los establecimientos públicos de salud en Tailandia mostró un aumento del 22% en los casos de anemia entre las mujeres embarazadas, debido a que las madres habían comenzado a consumir alimentos menos nutritivos. En Indonesia, durante el período de crisis se incrementaron las deficiencias de micronutrientes (en particular, de vitamina A) en niños y mujeres (en edad fértil), mientras que el peso promedio de los niños menores de tres años disminuyó.

Mantener los servicios sociales 

El análisis de las crisis ocurridas anteriormente en Argentina, Indonesia, Tailandia y Rusia muestra que los gobiernos se vieron obligados a recortar los servicios de salud como resultado de la contracción de sus presupuestos y que transcurrieron entre 10 y 15 años antes que el gasto en dicho sector volviera a los niveles anteriores a la crisis.

“No podemos darnos el lujo de tener una generación ‘perdida' como consecuencia de esta crisis”, dijo Phumaphi. “Es esencial que los países en desarrollo y los donantes de asistencia actúen sin demoras para proteger y ampliar el gasto destinado a salud, educación y otros servicios sociales básicos, y dirigir estos esfuerzos de modo tal de verificar que lleguen a los grupos más pobres y vulnerables”.

En el nuevo informe, el Banco indica que más del 30% del gasto total en salud de 23 países depende de la ayuda extranjera y que durante una crisis es imperioso mantener los flujos de asistencia de los donantes a fin de salvaguardar los servicios de salud. En Rwanda y Etiopía, la ayuda de los donantes extranjeros subsidia más del 50% del total del gasto público presupuestado para el sector de salud. Los gobiernos han utilizado esta ayuda para ampliar sus servicios sanitarios, pero dependen en gran medida de que no se interrumpan los flujos de asistencia para continuar ofreciendo servicios de salud a la población, en particular a los grupos más pobres y vulnerables.

Entre los sectores más proclives a padecer enfermedades o caer en la pobreza extrema como consecuencia de la crisis económica mundial se encuentran los discapacitados, los trabajadores “informales” —que luchan en las sombras del mercado laboral formal y conforman un gran porcentaje de la fuerza de trabajo de los países en desarrollo— y las mujeres y los niños pobres, en particular las madres y las niñas.

Déficit en la prevención y el tratamiento del VIH/SIDA

Según el nuevo informe, el Banco está alentando a los países que dependen en gran medida del financiamiento externo en el área del VIH/SIDA para que determinen, con tanta antelación como sea posible, el monto del inminente déficit de dinero y establezcan contacto con el Banco y los restantes asociados que pueden ayudar a movilizar financiamiento transitorio de modo de evitar, como mínimo, interrumpir los tratamientos contra el SIDA. Al mismo tiempo, el Banco advierte que mantener y ampliar los programas eficaces de prevención del VIH durante la crisis actual es también fundamental para impedir un incremento de los nuevos contagios.

En el informe también se sugiere a los países establecer sistemas simples de alerta temprana para minimizar las interrupciones de los tratamientos y facilitar su detección a la vez que se controlan de cerca los suministros de medicamentos y el uso de los servicios sanitarios esenciales.

Garantizar que los niños permanezcan en la escuela

La experiencia de la crisis de Asia oriental y otras muestra que las familias que repentinamente se enfrentan al desempleo y la pérdida del salario sacan a sus hijos, en particular a las niñas, de la escuela. Estos niños raramente regresan al colegio, por lo que ponen fin de hecho a sus posibilidades de recibir una educación formal.

Según el informe, si se permite que las tasas de matriculación y los niveles de aprendizaje se deterioren durante la crisis, se privará a los países en desarrollo de la capacidad para generar cierta ventaja en la competitividad de su economía cuando el mundo resurja de la crisis. La observación de las crisis anteriores y las evaluaciones de impacto realizadas recientemente muestran que las transferencias monetarias condicionadas (como las del programa Oportunidades de México), los programas de alimentación escolar (como el de Jamaica) y las becas para estudiantes también pueden contribuir a mantener a los niños en la escuela. Los gobiernos y los donantes también pueden hacer su parte con donaciones en bloque dirigidas a escuelas de las zonas más vulnerables, pago puntual de los salarios de los docentes y otros incentivos para que los niños permanezcan en la escuela y aprendan durante las crisis.

Los países que puedan mantener y ampliar su acervo de habilidades laborales durante la recesión estarán en mejores condiciones para recuperar su posición perdida. Los países ricos, como Estados Unidos, recurren a inversiones de estímulo en educación y capacitación laboral para brindar a sus trabajadores nuevas herramientas para el futuro y a la vez resguardarse de nuevas crisis y contracciones económicas.

Protección social para ayudar a las personas pobres y vulnerables

Los programas de protección social, que incluyen redes de protección social y programas de creación de empleo y capacitación, ayudan a detener el aumento de la pobreza y la desigualdad originado por la crisis. Por ejemplo, mediante estos programas se puede garantizar que las personas indigentes reciban la alimentación, los servicios de salud y educación y las fuentes de ingreso alternativas que necesitan para afrontar los peores efectos de la contracción de la economía mundial.

La respuesta del Banco Mundial a la posible crisis humana

Para evitar una emergencia social durante la crisis, el Banco está prestando ayuda rápida a los grupos pobres y vulnerables, especialmente a las mujeres, los niños y las personas con discapacidades. Asimismo, está colaborando con los países y los donantes para mantener los niveles de inversión adecuados en salud y educación, y ampliar los programas de protección social durante la crisis económica.

“En el pasado hemos visto que las desaceleraciones de la economía mundial pueden dar lugar a una reducción del gasto de los gobiernos y de la ayuda de los donantes en salud y educación”, señala Graeme Wheeler, director gerente del Departamento de Desarrollo Humano del Banco Mundial. “A pesar de la crisis, los donantes de asistencia deben honrar sus compromisos de incrementar el financiamiento destinado al desarrollo humano a fin de evitar los retrocesos en estas esferas vitales”.

Por ejemplo, Wheeler sostiene que el Banco Mundial ha establecido el Mecanismo de financiamiento para países vulnerables con el fin de canalizar fondos hacia los más afectados por las crisis de los alimentos y de la economía, con vías separadas para la respuesta social rápida y la seguridad alimentaria. A través de dicho fondo y otros programas, el Banco está ayudando a los países a ampliar los servicios relacionados con la nutrición y la salud materno-infantil y los programas de comedores escolares; ampliar los programas de protección social destinados a grupos específicos, e invertir en mercados laborales activos, el apoyo a los ingresos de los desocupados, la creación de empleo, los programas de capacitación y otras iniciativas laborales conexas.

El Banco también aconseja a los países no introducir cambios de política abruptos en los sistemas de pensión como respuesta a la crisis y centrar la atención en diversificar dichos sistemas y tomar medidas de menor alcance dirigidas a grupos específicos destinadas a proteger a aquéllos que se encuentran en edad de jubilarse o están próximos a alcanzarla.

Para obtener más información acerca de la respuesta del Banco Mundial a la crisis económica, y para consultar el nuevo informe titulado Averting a Human Crisis During the Global Downturn: Policy Options from the World Bank’s Human Development Network (Cómo evitar la crisis humana durante la contracción de la economía mundial: Opciones propuestas por la Red de Desarrollo Humano del Banco Mundial), visite http://www.bancomundial.org.




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