CIUDAD DE WASHINGTON, 24 de abril de 2009. Tras disfrutar de un decenio de fuerte crecimiento y disminución de la pobreza, los países de Europa oriental y Asia central (ECA) observan ahora que la crisis económico-financiera mundial está empujando nuevamente a la pobreza y la vulnerabilidad a casi 35 millones de personas, es decir, alrededor de un tercio de las que habían dejado atrás esa situación en los últimos diez años, señaló hoy el Banco Mundial en su sesión informativa periódica sobre las economías regionales celebrada durante las Reuniones de primavera del Banco Mundial y el FMI.
Casi 90 millones de los 480 millones de habitantes de la región —alrededor del 18% de la población— lograron superar la pobreza y la vulnerabilidad desde 1999. Sin embargo, estos avances peligran como consecuencia de la crisis financiera. En la actualidad, casi el 40% de esos 480 millones todavía están considerados pobres o vulnerables[*]. Según las previsiones, el número de personas pobres y vulnerables va a aumentar en toda la región, a razón de 5 millones de personas por cada descenso del 1% del PIB. Se prevé que, para fines de 2009, la pobreza y la vulnerabilidad crecerán en un 5%, lo que implica que habrá aproximadamente otros 25 millones de pobres o vulnerables. Para fines de 2010, esta cifra se habrá incrementado en 10 millones, hasta alcanzar un total de 35 millones de personas.
“Una crisis humana se avecina en la región de Europa y Asia central”, dijo Shigeo Katsu, vicepresidente de la Oficina Regional de Europa y Asia central del Banco Mundial. “A 10 meses de la crisis, los países han comenzado a perder los logros en la lucha contra la pobreza conseguidos en los últimos 10 años. Para fin del año 2010, es posible que, desafortunadamente, veamos a otros 35 millones de personas caer en la trampa de la pobreza y la vulnerabilidad. Esta es una crisis humana que está pasando en gran medida desapercibida en medio de los comentarios sobre la «crisis financiera y económica mundial»”.
Europa y Asia central, seriamente afectadas
Muchos países de Europa y Asia central se encontraban en una posición vulnerable cuando se desató la crisis. Déficits en cuenta corriente relativamente altos, niveles elevados de deuda externa, un crecimiento muy rápido del crédito y un auge del consumo financiado por endeudamiento en moneda extranjera generaron vulnerabilidad en Europa central y oriental, las naciones del Báltico y algunos países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI). Por otra parte, la abrupta disminución del precio de los productos básicos detuvo bruscamente el crecimiento de las usinas económicas de la zona oriental de la región (como Rusia y Kazajstán) y afectó seriamente a los miembros menos acomodados de la CEI.
Por estas razones, los países de Europa y Asia central se vieron castigados relativamente pronto y con mayor intensidad que los de otras regiones en desarrollo. En particular, los efectos de la crisis se están haciendo sentir a través de tres mecanismos de transmisión clave: los mercados de las finanzas, la producción y el trabajo. En el sector financiero, los riesgos de refinanciamiento para los países con elevados déficits en cuenta corriente y la inestabilidad de los mercados de divisas han generado gran incertidumbre. La producción industrial ha caído y, en los primeros meses de 2009, algunos países han sufrido retrocesos de dos dígitos en comparación con las cifras registradas un año atrás. El desempleo va en aumento, con pérdidas sin precedentes de puestos de trabajo en algunos países y encaminándose hacia los dos dígitos en el futuro próximo en otros. Estas noticias son especialmente malas para los países que dependen de las remesas (como Albania, Moldova y Tayikistán). Por ejemplo, de simulaciones actuales sobre Tayikistán se desprende que la disminución prevista del 30% en las remesas podría provocar un aumento de 5 puntos porcentuales en el número de personas que viven en la pobreza.
Qué puede esperar la región
El decenio pasado fue bueno para la región. Con la ayuda del comercio internacional y los flujos financieros y laborales, el PIB regional se incrementó en dos tercios respecto del nivel que tenía en 2000. Sin embargo, se ha comprobado que este crecimiento no es sostenible. La caída del producto ha adquirido proporciones catastróficas. Los pronósticos del crecimiento económico mundial para 2009 se han reducido considerablemente, y los ajustes más marcados son los relacionados con Europa y Asia central. Sin embargo, a juzgar por la experiencia, esos pronósticos pueden ser incluso demasiado optimistas. Y, según presunciones moderadas de flujos de créditos e inversiones del exterior, el potencial déficit de financiamiento de la región podría girar en torno a los US$300.000 millones.
“Esta crisis podría ser más profunda que lo esperado, y es posible que los pronósticos para Europa oriental y Asia central sean todavía demasiado optimistas”, señaló Indermit Gill, primer economista de la Oficina Regional de Europa y Asia central del Banco Mundial. “En conmociones anteriores se observó que los flujos de capitales no retornan con rapidez a los niveles previos a la crisis, de manera que los ajustes que se necesitan ahora son mucho más importantes que los previstos. Y cabe esperar que esta crisis transforme a la región: las tasas de crecimiento tras la crisis van camino a ser inferiores a las registradas antes de ella”.
Qué se debe hacer
“Concentrándose en preservar el empleo, proteger a la población y estabilizar el sector financiero, los países pueden aliviar los efectos de la crisis y posicionarse mejor para recuperarse”, dijo Katsu. Las políticas sociales deberían constituir una prioridad para la región. En muchos países de Europa oriental y Asia central, dos años de aumentos de precio de los alimentos, los elevados costos de la energía y la contracción de la actividad económica mundial se combinaron con otras perturbaciones, como desastres naturales e inestabilidad política. Los efectos de estas crisis están reduciendo los ingresos públicos y afectan el gasto social y los sistemas de pensiones, al tiempo que aumenta la necesidad de indemnización por desempleo.
Mantener abiertos los canales de los mercados de trabajo es necesario, pero no suficiente. La mayoría de los países de Europa y Asia central gastan grandes sumas de dinero en protección social y cuentan con los mecanismos necesarios para orientar mejor la asistencia dirigida a los pobres y vulnerables. Los programas de asistencia social y reducción del desempleo de la región pueden formar parte de un mecanismo de respuesta ante la crisis si se amplían para ayudar a las familias de bajos ingresos a atenuar las variaciones del consumo y aliviar las consecuencias perjudiciales de la situación. Los presupuestos de esos programas, junto con los de los servicios básicos de salud y educación, se deberían proteger e incrementar para multiplicar su potencial.
“Obviamente, es imperioso que los gobiernos de la región atiendan las necesidades urgentes e inmediatas de sus ciudadanos”, afirmó Katsu. “Los programas de seguridad social —alimentación escolar, nutrición, transferencias condicionales de efectivo, “dinero por trabajo”— no sólo son importantes en épocas de crisis; a la larga, ayudan a proteger a los pobres y evitan a los Gobiernos la aplicación de otras políticas más costosas o ineficientes. Y si los programas están bien orientados, no se necesitan sumas exorbitantes para brindar protección a la población pobre. Su costo —menos del 1% del PIB— puede rendir mucho y es bajo, si se consideran los beneficios que reditúan”.
Si bien en algunas economías el gasto en estímulo fiscal puede ser viable, las opciones de política fiscal con que cuenta la región de Europa y Asia central durante la crisis son limitadas. Mantener abiertas las vías comerciales, que trajeron prosperidad a los países de la región en el último decenio, es la forma más prometedora que éstos tienen para beneficiarse de los programas de estímulo fiscal que se están instrumentando en las economías desarrolladas.
Por último, un desafío crucial sigue siendo la estabilización del sector financiero, fuente original de la crisis mundial. Mantener lazos sólidos con los mercados de capital es la única forma en que los países de Europa y Asia central pueden financiar algunas de sus necesidades de fondos. Es preciso estabilizar los sistemas bancarios. Aun cuando el problema sigue siendo de gran magnitud, el Grupo del Banco Mundial, en asociación con el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD), y el Banco Europeo de Inversiones (BEI), ha puesto en marcha una iniciativa por valor de US$31.000 millones en apoyo de la recapitalización y reestructuración bancaria con el objeto de suministrar recursos a instituciones castigadas por la crisis económica mundial, complementar medidas nacionales ante la crisis y proporcionar rápidamente asistencia financiera coordinada, en gran escala, para aportar financiamiento a la economía real mediante grupos bancarios privados, en particular para pequeñas y medianas empresas.
[*]Definición de “pobre” en Europa y Asia central: quienes subsisten con menos de US$2,50 por día (se considera el gasto extra para calefacción y prendas de abrigo que se necesita por el clima frío); definición de “vulnerable”: quienes disponen de US$2,50 a US$5,00 al día para vivir.