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H1N1 en América Latina y el Caribe: Entrevista a experto en salud, Keith Hansen

Disponible en: Français, English

¿Cómo se ha comportado el virus H1N1 en América Latina?

La mayoría de los países latinoamericanos tuvo que lidiar con este virus durante la presente temporada de gripe. Tal como ocurrió en México, y como parece ser el caso en los demás lugares del mundo, el H1N1 se está propagando rápidamente, desplazando aceleradamente a otros tipos de gripes y afectando a un segmento inusual de la población.

¿A qué se refiere cuando dice “segmento inusual�

La gripe típica afecta a las personas de mayor y menor edad. Sin embargo, esta gripe parece tener un efecto más fuerte en los adultos jóvenes, no así en los ancianos, lo que hace pensar que estos últimos quizás estén más inmunes por haber estado expuestos a la enfermedad durante más largo tiempo. Esto es consistente con el comportamiento de cualquier cepa nueva de la gripe, o sea no es sorprendente, pero implica un desafío para los sistemas de salud. Todos los países han tenido que hacer enfrentar esta situación de una forma u otra y creo que ellos están sacando algunas enseñanzas al respecto.

¿Cuáles son esas enseñanzas?

La primera es que resulta esencial establecer una comunicación pública temprana, intensa y honesta. Ése fue el camino que siguió México en abril pasado, cuando las autoridades informaron con rapidez, claridad y de forma cotidiana a los habitantes. Además, ellas dieron la mayor tranquilidad posible a la población pero sin dejar de ser honestas en la entrega de los datos. Y la mayoría de los demás países ha hecho lo mismo.

Otra enseñanza es que la vigilancia es crucial; que es clave contar con un buen programa de monitoreo en salud pública para responder eficazmente. No se trata solo de contabilizar los casos, porque la gripe es una enfermedad común y ya no tiene sentido únicamente saber la cantidad de personas que contraen el mal. Lo importante es efectuar un seguimiento del avance de la epidemia como un todo, ver hacia dónde se desplazan las olas, qué tipo de personas se contagian, con qué rapidez, cuánto tiempo dura la enfermedad, dilucidar cuánto tiempo dura el período de contagio, observar si hubo cambios en el virus, y por supuesto, lo más importante, saber dónde se está produciendo el impacto mayor y estar listos para tratar los casos más serios.

¿El Banco Mundial trabaja con otros organismos internacionales y países en esta vigilancia y en la preparación ante eventuales brotes futuros?

Sí, hay una gran asociación mundial que engloba a muchas organizaciones, encabezada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y sus entes regionales en América Latina, la Organización Panamericana de la Salud (OPS). El Banco Mundial es un socio importante en esta iniciativa. La OMS dirige los aspectos clínicos, técnicos y médicos, y el Banco está tratando de contribuir con la ayuda financiera y programática a través de nuestras diferentes formas de apoyo.

¿Qué tipo de medidas ha adoptado el Banco Mundial para asistir a los países de la región?

Hemos proporcionado prácticamente todas las clases de asistencia que el Banco ofrece. En algunos países se ha otorgado apoyo financiero; en otros hemos puesto en práctica proyectos nuevos o ampliamos antiguas iniciativas que van a permitirles prepararse para la eventual extensión de la gripe; en algunas naciones se ha brindado asistencia técnica o información compartida, por ejemplo se dialogó con otros países que hubieran pasado por esta experiencia o que hubieran sufrido el brote del síndrome respiratorio agudo severo (SARS) hace varios años, con el fin de ver las lecciones que se pueden obtener cuando se realiza una gestión y control epidémicos eficaces; y en otros países simplemente se está tratando de ayudarlos para que planifiquen un poco para el futuro, estimen los costos de una potencial respuesta y se cercioren de que estén considerando todos los aspectos antes de implementar medidas.

¿Con cuántos países de la región trabaja actualmente el Banco?

Probablemente, más de una docena. Hemos estado en contacto con todos desde el comienzo. Entre 10 y 12 decidieron utilizar el apoyo directo del Banco en una forma u otra, incluido el financiamiento. Hemos mantenido conversaciones con prácticamente todos los clientes.

Ahora que se avizora una vacuna en el horizonte, ¿se prevé ayudar a los países en la compra de ella?

Sí. El Banco está listo para ayudar a cualquier país, ya sea financiera o técnicamente o a nivel de programas. Tenemos un par de proyectos que se destinarán directamente al financiamiento de las vacunas. Por supuesto que éstas son apenas una pequeña parte del gran rompecabezas. Es muy importante fortalecer las redes de laboratorios y los sistemas de vigilancia en general. El Banco está listo para trabajar en todos esos aspectos y, por lo demás, tenemos presencia en varios países.

¿De qué forma afectó el virus a las personas y las economías de la región?

A menudo las personas se preguntan cuál es, a grandes rasgos, el impacto de una epidemia como ésta. La consecuencia más importante es que provoca que las personas se enfermen e incluso mueran; pero es obvio para todos que hay efectos que van más allá. En el caso de México, vimos que las escuelas, el gobierno y la mayoría de los demás lugares públicos se clausuraron durante un par de semanas. Lo mismo ocurrió en los países del Cono Sur. Los viajes a algunos de éstos disminuyeron notoriamente y el turismo decayó, debido a que las personas optaron por el llamado “distanciamiento socialâ€, es decir mantenerse alejadas de los lugares y mercados muy concurridos; además, se cancelaron los partidos de fútbol o simplemente se disputaron en estadios vacíos. Obviamente, todo ello tuvo repercusiones en la economía, pero se debe destacar es esas repercusiones se producen porque las personas hacen lo correcto. No se trata de uno de esos casos donde los países adoptan una medida mal aconsejados, lo cual finalmente acaba teniendo un costo para ellos. Aquí, el hecho de hacer lo correcto cuesta dinero y perjudica a la economía y, en cierta modo, es inevitable porque una de las recomendaciones principales cuando hay una persona enferma es que guarde reposo en su casa. Queremos que la gente continúe haciendo esto. Lo que esperamos, por supuesto, es que la epidemia sea lo más benigna y breve posible y para ello necesitamos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para reforzar la vigilancia y los controles de forma que los países puedan minimizar el impacto. No queremos caer en la trampa de decir: bueno, como esto cuesta tanta cantidad de dinero, quizás las personas deberían haber continuado concurriendo a su trabajo y a las escuelas. Ello simplemente habría empeorado todo.

Las epidemias pueden implicar un alto costo para la economía y los negocios y por eso vale la pena investigar exhaustivamente para fortalecer y mantener acciones apropiadas de monitoreo y control de la salud pública. Por otra parte, la economía tampoco es la medida de todas las cosas. El tema fundamental es que la vida, la salud, la productividad y la felicidad de las personas están en juego. Las epidemias no son totalmente prevenibles, pero pueden minimizarse, y ésa es la función de un buen sistema de salud pública, y los socios, como el Banco, pueden apoyar esta tarea.

¿Qué está haciendo el Banco para contribuir a fortalecer los sistemas de salud de América Latina?

Tanto en Argentina como en Brasil tenemos proyectos de salud pública que expresamente apuntan a mejorar la preparación de los países tanto para los desafíos cotidianos de salud como para las emergencias y epidemias. En ambas economías logramos asignar los fondos en forma inmediata, en un día o dos, y así satisfacer las necesidades inmediatas más urgentes sus habitantes. En todos los países a los cuales prestamos asistencia, hemos adoptado el enfoque de que la ayuda debería ser bajo la forma de inversiones que contribuyan a que los países estén listos inmediatamente y puedan dar frutos a largo plazo.

Supongamos que esta epidemia resulta muy benigna o desaparece milagrosamente de la noche a la mañana, aun así valdría la pena tomar medidas como fortalecer la vigilancia y las redes de laboratorio; mejorar la respuesta de la salud pública y las medidas de preparación; y mantener las reservas estratégicas de los medicamentos necesarios, no solamente las vacunas contra el virus, sino los medicamentos que necesita todo buen sistema de salud. Es decir, la meta no es solamente vigilar la enfermedad del momento, sino que se trata de estar listos para todo lo que pueda sobrevenir y que los países estén en mejor forma para enfrentarlo.





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