Declaración inicialmente publicada en PolÃtico, el 1 de febrero de 2010 El progreso en Haità es posible Por Robert Zoellick, presidente del Grupo del Banco Mundial Tras el devastador terremoto llego un aluvión de ayuda internacional para HaitÃ. La primera prioridad ha sido salvar vidas. Esto significa llevar agua, alimentos, refugio, medicinas y otros insumos básicos a las vÃctimas. Este esfuerzo deberá ser respaldado por una cadena logÃstica que funcione por varios meses. Una vez estabilizada la respuesta humanitaria, deberemos enfocarnos a la entrega de servicios básicos y a la reconstrucción y al hacerlo deberemos aprender las lecciones del pasado. Luego de cinco misiones de paz, y miles de millones de dólares en ayuda, Haità sigue siendo un paÃs con algunos de los peores Ãndices de desarrollo humano en el mundo. Sin embargo sabemos que el progreso es posible. Antes del terremoto y a pesar de los huracanes de 2008, Haità habÃa progresado – con elecciones exitosas y pacÃficas, la estabilización de la inseguridad crónica y mayor recaudación de impuestos e inversión. Apoyándose en estos éxitos, la reconstrucción y recuperación de Haità requieren un compromiso a largo plazo. Cuando las cámaras se vayan, los donantes no deben partir junto a ellas. En el pasado, la “fatiga sobre HaitÆha sido un obstáculo al desarrollo comparable a un desastre natural. Los cuatro huracanes y tormentas tropicales de 2008 se llevaron un 15% del PIB. En esta ocasión los daños serán más extensos, y requerirán de un esfuerzo aun más sostenido y coordinado. ¿Cuáles son las lecciones aprendidas? Haità no puede ser reconstruido por desconocidos bien intencionados. Los donantes deben trabajar de la mano del gobierno y pueblo haitianos, al tiempo que el gobierno y el Parlamento se comprometen a trabajar juntos y liderar el proceso. La asistencia para la reconstrucción debe ser en forma de donaciones. Más dinero debe pasar por el presupuesto haitiano alineándose a los objetivos nacionales y creando capacidad, aunque al inicio las actividades vitales dependan de socios regionales e internacionales. Debemos eliminar el peso de la deuda. El año pasado, junto al FMI cancelamos US$1.200 millones de deuda. Pero restan US$1.000 millones. Menos del 4% – unos US$38 millones – corresponden al Banco Mundial. Inmediatamente anunciamos que Haità no deberá cancelar vencimientos de deuda durante los próximos cinco años, y estamos trabajando para eliminar el resto de esa deuda. Los demás deberÃan seguir este ejemplo. La asistencia debe ser más coordinada, menos proyectos para que los donantes se sientan bien consigo mismos, menos plantar bandera, y una fuerte supervisión, transparencia y rendición de cuentas para asegurar que el dinero será utilizado efectivamente. Reconstruir Haità de una manera mejor requiere de sentido común y estrategia. Podemos respaldar la transición entre ayuda humanitaria y la reconstrucción a través de un sistema de alimentos o dinero en efectivo a cambio de trabajo, y asà pagar a los haitianos por reconstruir la infraestructura, o plantar árboles. Los proyectos comunitarios pueden impulsar la agricultura de pequeña escala, que luego de un tiempo puede proveer y hasta reemplazar los programas de asistencia alimentaria. Con modestas inversiones en insumos y equipos, Haità podrá establecer empresas de construcción con mano de obra intensiva. Impactado repetidamente por los desastres naturales, la geografÃa ha sido la maldición haitiana. Pero la geografÃa puede tornarse en una oportunidad estratégica. A mil kilómetros de los Estados Unidos, Haità tiene un potencial enorme. Accede al mercado estadounidense a través de la legislación “ HOPE II†que lo beneficia. Ello ha de generar empleo en el sector del vestido y la agricultura. Y creando un ambiente propicio para las inversiones y con mejor infraestructura (tendido eléctrico, puertos y carreteras) el paÃs podrá desarrollar el sector privado. Hay ejemplos exitosos. La Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial ha invertido en Digicel, ampliando la cobertura en telefonÃa celular. Una zona franca cercana a la frontera con la República Dominicana atrajo a inversionistas estadounidenses del sector textil, creando miles de empleos. Existe la oportunidad de expandir esta iniciativa. Para que Haità prospere, la legitimidad, la seguridad y el desarrollo deben ir de la mano. Los televidentes entienden ahora lo débil que es el Estado haitiano. Desde la falta de equipo pesado para remover escombros, hasta la pequeña fuerza policial o el débil sistema judicial. Es un Estado con poca capacidad y exiguos ingresos para proteger a su población o proveer servicios básicos. Debemos ‘asegurar el desarrollo’ a través de sedimentos profundos como para quebrar el ciclo de fragilidad, pobreza y violencia. Con estabilidad polÃtica, seguridad y un gobierno efectivo, las inversiones y el desarrollo aumentarán. El ejemplo de Aceh en Indonesia es ilustrador. A cinco años del tsunami, la reconstrucción de Aceh es un caso exitoso. Se reconstruyeron 140.000 viviendas, se construyeron 4.000 km de caminos, y se apoyaron 200.000 pequeñas y medianas empresas. En Aceh, los donantes respaldaron la reconstrucción a través de enfoques coordinados alineados al liderazgo gubernamental y las prioridades locales. Quince paÃses y organizaciones internacionales juntaron US$700 millones a través de un Fondo de donantes múltiples administrado por el Banco Mundial. En vez de quince proyectos separados para la vivienda y la construcción vial, cada uno con procedimientos y criterios diferentes, se implementó un solo programa muy bien coordinado entre las comunidades, agencias de gobierno, ONGs y agencias internacionales. Los haitianos no quieren ser vÃctimas, lo que es algo natural. Con un fuerte liderazgo haitiano – y un apoyo regional e internacional, coordinado, consecuente y eficiente- podremos transformar unos dÃas de impacto noticioso en una década de éxitos. |