Banco Mundial y donantes internacionales trabajan juntos en provisión de ayuda de largo plazo a paÃses en desarrollo afectados por crisis alimentaria.
Alzas bruscas de precios mundiales de alimentos en 2007 y 2008 elevaron desnutrición en un 6,8%, según estimaciones, y arrastraron a la pobreza a por lo menos 100 millones más de personas.
Nuevo Programa Mundial de Seguridad Alimentaria y Agricultura combate inseguridad alimentaria mediante aumento de productividad agrÃcola de poblaciones rurales pobres.
22 de abril de 2010 ─ Más de 1.000 millones de personas en todo el planeta se van a dormir con hambre cada noche— una cifra incrementada por la crisis de precios de los alimentos de 2007-08.
En este contexto, el Grupo del Banco Mundial aceptó convertirse en miembro del consejo de administración de un nuevo fondo destinado a reducir la pobreza y el hambre mundiales, que centrará su atención en la agricultura y la seguridad alimentaria.
Los orÃgenes del nuevo fondo se remontan a la reunión del Grupo de los Ocho+Cinco (G-8 más cinco economÃas emergentes) en L’Aquila, Italia, en julio de 2009, en la cual los lÃderes comprometieron la entrega de más de US$20.000 millones para fomentar la agricultura y la seguridad alimentaria. Luego, en septiembre de 2009, los lÃderes de la cumbre del Grupo de los Veinte (G-20) en Pittsburgh recurrieron al Banco Mundial para que “trabaje con organizaciones y donantes interesados para crear un fondo fiduciario multilateral que amplÃe la asistencia en temas agrÃcolas a los paÃses de ingreso bajoâ€. El GASFP administrará algunos de los recursos prometidos originalmente en L’Aquila.
“El hecho de que un sexto de la población mundial padezca hambre todos los dÃas demuestra que la crisis de los alimentos sigue siendo muy real y plantea una importante carga económica para los paÃses en desarrollo, en especial en Ãfrica al sur del Saharaâ€, dice Robert B. Zoellick, presidente del Grupo del Banco Mundial. “La coordinación y la cooperación son vitales para fomentar la productividad agrÃcola y conectar a los agricultores con los mercados, debido a que esta actividad es, en la actualidad, el principal medio de subsistencia para alrededor del 75% de los pobres en todo el mundo".
La ayuda a las zonas rurales de las naciones en desarrollo pobres constituye un aspecto clave –la población rural representa el 75% de los desposeÃdos en el mundo– dado que dependen en gran medida de la agricultura como medio de vida. Asimismo, las mujeres son otro punto fundamental de atención debido al papel importante que desempeñan en el trabajo agrÃcola y en el cuidado primordial de las familias.
El fondo estará integrado por dos componentes principales para fomentar la seguridad alimentaria: uno para los paÃses y el otro destinado a aumentar la inversión privada en agricultura.
“Lo que más necesitan los pobres son empleos, y la agricultura es la manera más rápida de crear empleos en el sector privado y aumentar los ingresos de las personasâ€, señala Ngozi Okonjo-Iweala, directora gerente del Grupo del Banco Mundial. “Esto es particularmente cierto para las mujeres y las niñas. Pero para que sea sostenible, tenemos que ayudar a conectar a los agricultores con las cadenas de producción y distribución mundialesâ€.
La iniciativa para constituir el nuevo fondo –con dinero procedente de paÃses donantes y fundaciones privadas– se presenta en un momento en que los hogares de los paÃses afectados por la crisis enfrentan difÃciles opciones. Muchos redujeron sus niveles de consumo de alimentos, cambiaron sus elecciones por comidas más económicas y de menor calidad o postergaron gastos esenciales en salud y educación. Según el Instituto Internacional de Investigaciones sobre PolÃticas Alimentarias, se necesitará una cifra adicional de US$14.000 millones por año de inversión en agricultura en los paÃses en desarrollo para cumplir el objetivo de desarrollo del milenio de disminuir a la mitad el hambre y la pobreza para el año 2015.
Asimismo, la inversión en agricultura del Grupo del Banco Mundial sigue siendo una prioridad. La ayuda del Banco para la agricultura y el desarrollo rural aumentó desde un promedio de US$4.100 millones en los ejercicios de 2006-08 hasta US$7.300 millones en el ejercicio de 2009. El GRFP, una iniciativa de vÃa rápida del Banco, por un monto de US$2.000 millones movilizó además US$337 millones de fondos externos, proporcionó semillas, fertilizantes y herramientas a casi 6 millones de hogares de agricultores para que mantuvieran sus cultivos durante la crisis. Además entregó ayuda directa para protección social relacionada con los alimentos, que incluyó la provisión de comidas escolares para los niños, programas de dinero en efectivo y alimentos a cambio de trabajo y suplementos nutricionales para 1,5 millones de personas a partir de fines de 2009.
Una donación destinada a Senegal está ayudando al Gobierno a ampliar su Programa de Mejoramiento de la Nutrición, que provee transferencias monetarias condicionadas (para comprar alimentos) a las madres vulnerables de niños menores de 5 años. EtiopÃa está utilizando una donación del Mecanismo Alimentario de la Unión Europea, con el fin de ampliar un programa de redes de seguridad alimentaria para otros 293.000 beneficiarios.
“Los colegas del Banco Mundial actuaron con rapidez mediante el Programa para hacer frente a la crisis mundial de alimentosâ€, afirma Juergen Voegele, director de Agricultura y Desarrollo Rural del Banco Mundial. “Esta receptividad indujo a la comunidad internacional a hacer más. Esperamos trabajar con una amplia variedad de socios para ocuparnos de este problema crÃticoâ€.
Asimismo, el Banco Mundial apoya las iniciativas de seguros basados en Ãndices climáticos de Bangladesh, Nicaragua, Burkina Faso, Kenya, Jamaica y Malawi. Y en más de 40 paÃses se están desarrollando actividades analÃticas y de asesorÃa relacionadas con la crisis alimentaria, entre ellas un estudio sobre los orÃgenes de la inflación en los precios de los alimentos en EtiopÃa.
El Banco sostiene que la agricultura es vital para el desarrollo. Las investigaciones demuestran que el crecimiento económico derivado de la producción agrÃcola es entre dos y cuatro veces más eficaz para reducir la pobreza que el originado en otros sectores. Estos hallazgos respaldan las razones para priorizar la inversión en esta área.