Desafío
En la última mitad de los años noventa, el endeudamiento de Brasil sumaba US$600.000 millones o el 48% del producto interno bruto (PIB), en comparación con US$450.000 millones (40% del PIB) a principios de esa misma década. Gran parte de este aumento se debía a la complicada composición de los pasivos, conforme a la cual cualquier devaluación del tipo de cambio o alteración en las tasas de interés se traducía en más compromisos. De hecho, la deuda aumentó al 6,4% del PIB en ese decenio.
El desafío era mejorar la calidad de la gestión de la deuda para reducir las vulnerabilidades macroeconómicas, en especial aquellas que surgían de la administración de los activos y pasivos fiscales. Ello también era necesario para complementar las reformas fiscales adoptadas por el Gobierno en los primeros años de la década de 2000. Con el fin de disminuir los riesgos generados por la combinación del endeudamiento –a la vez de gran envergadura y difícil de manejar– las autoridades intentaron introducir mejoras técnicas, tecnológicas e institucionales.
Una parte importante del problema era de naturaleza institucional. A fines de los años noventa, el país funcionaba dentro de un marco ad hoc para la administración de los pasivos en el cual el Banco Central y la Secretaría del Tesoro Nacional (STN) tenían responsabilidades diferentes pero a veces, superpuestas. El sistema se caracterizaba por la falta de integración y, en ocasiones, la aplicación de objetivos incompatibles. La ausencia de esquemas de información confiables y la escasa capacidad técnica, institucional y de gobierno dificultaban aún más la aplicación de políticas de gestión que ya eran engorrosas.
Estrategia
Debido a la falta de este tipo de modelos de gestión en América Latina y en muchos otros países, el Gobierno de Brasil, con la ayuda del BIRF, se puso manos a la obra para crear un marco de gestión de la deuda de nivel mundial. Para lograr el objetivo, los funcionarios del BIRF y de la Tesorería brasileña trabajaron con un consorcio de consultores del sector privado.
En este contexto, el Banco proporcionó asistencia técnica en la elaboración de los términos de referencia para una batería de asesores a cargo de revisar la organización y los procesos. Asimismo, se decidió crear un sistema de administración propio en lugar de adaptar alguno disponible, reconociendo así las necesidades complejas y únicas del país en esta materia.
El posterior éxito de la iniciativa se tradujo literalmente en el ahorro de millones de dólares que el Gobierno destina hoy en día a mejorar la vida de todos los brasileños.
Resultados
El panorama económico del país se alivió notablemente y las mejoras en esta materia fueron decisivas. La caída en los costos de financiamiento, de casi el 3% del PIB, generó ahorros que se usan para mejorar los servicios públicos. Naturalmente, es difícil medir el grado en que estos avances, y la parte que le cupo al BIRF en los últimos años, contribuyeron al sólido desempeño económico de Brasil, pero resulta indudable que los costos de financiamiento disminuyeron en forma clara y significativa:
- Las tasas de interés internas pagadas por los bonos del Estado cayeron a un promedio del 12% en los últimos tres años (a partir del 24% a principios de la década de los años 2000).
- Las tasas de interés externas por estos bonos cayeron del 9% al 5% durante el mismo período.
- La composición de la deuda mejoró notablemente. En 2002, el 35% de los pasivos brasileños estaba vinculado a divisas, mientras que en 2008 el país se había constituido en un acreedor neto en esta clase de endeudamiento. Los compromisos con tasas de interés variable disminuyeron del 42% a fines de 2002 al 31% en 2008, mientras que la proporción de aquellos con tasas de interés fija habían aumentado de apenas el 2% al 27% en ese mismo período. Entre 2002 y 2008, los vencimientos promedio se incrementaron de 11 meses a 27 meses.
- En términos generales, los pagos de intereses disminuyeron del 9% del PIB en 2002 a menos del 6% en 2008.
Al disminuir las obligaciones resultantes del servicio de la deuda, el Gobierno de Brasil pudo reasignar recursos equivalentes al 3% del PIB a la expansión y mejoramiento de la calidad de los servicios públicos. En particular, la puesta en marcha de modernos esquemas de transferencias condicionadas en efectivo y mejoras en educación y salud contribuyeron a una drástica caída en la pobreza (del 34% en 2002 al 24% en 2008).
Por otra parte, la mayor eficiencia en la gestión del endeudamiento público ayudó al país a sortear la gravedad de la crisis financiera mundial. El cambio en la composición de sus pasivos –sobre todo convertirse en un acreedor neto en obligaciones nominadas en dólares– significó que la reciente devaluación de la moneda local sirviera para reducir el valor de la deuda fiscal del 42% del PIB en agosto de 2008 al 38% en diciembre del mismo año. El efecto positivo en el endeudamiento es la recompensa por la estrategia adoptada a partir de 2003 orientada a reducir la exposición a crisis en el tipo de cambio y a aumentar las reservas internacionales.
En vista de las sólidas bases macroeconómicas creadas en los 10 años finalizados en 2008, Brasil obtuvo la calificación de apto para la inversión otorgada por Standard & Poor's, Fitch y, en 2009, por Moody's Investors Service. Los tres organismos de clasificación de valores mencionaron la prudencia de las políticas de gestión del endeudamiento aplicadas por el país como un motivo clave para elevar su categoría previa de apto para inversión especulativa. Pero obviamente, el efecto más gravitante de este logro es la disminución en los costos de financiamiento.
Hacia el futuro
Actualmente, el manejo de la deuda en Brasil se considera una práctica óptima. El Banco está financiando la culminación del Sistema Integrado de Gestión de la Deuda Pública de Brasil mediante recursos complementarios, además de operaciones que acaban de ampliarse y reestructurarse. También sigue trabajando con cada uno de los gobiernos estatales a fin de mejorar su propia capacidad de administrar pasivos.
Asociados
La Secretaría del Tesoro Nacional (STN) de Brasil, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Organismo de Cooperación de Brasil.






