Asociaciones de pequeños productores rurales pueden mejorar la infraestructura y experiencia necesarias para satisfacer los estándares exigidos por los mercados más avanzados.
Sin las aves, ni su granja, las mujeres tendrÃan que viajar todos los dÃas, más de dos horas hacia Cali, la ciudad más cercana, para ganar dinero trabajando en las casas de otras familias, aseguran.
Pero eso no sucede debido a que Nalcy y Adriana superaron la lÃnea de pobreza gracias a su trabajo en su granja. En la actualidad, ellas ganan unos US$450 al mes, suma muy superior al ingreso nacional promedio.
Con el fin de hacer crecer su negocio, se unieron a una asociación de productores rurales, un nuevo modelo respaldado por el Banco Mundial que vincula a los pequeños agricultores en dificultades con mercados más grandes. Desde entonces, Adriana duplicó la cantidad de pollos en cuatro años gracias a la compra de corrales modernos y abiertos, los cuales adquirió para adaptarse al crecimiento de su pequeña empresa.
“Mi esposo tiene un taller pero a veces las cosas están muy apretadas y el dinero no alcanza, con estos seiscientos pollos he visto que puedo contribuir al gasto familiar y solucionar algunas cosas de la casaâ€, explica, mientras permanece de pie, con sus botas de trabajo de goma negra.
Ahora cuenta con su propio dinero y costea parte de los gastos del hogar, entre ellos la comida y los artÃculos escolares para sus dos hijos. Nalcy, por su parte, disfruta de una nueva sensación de independencia y liderazgo dentro de su familia y comunidad.
Sin embargo,  el Proyecto de Sociedad Rural Productiva de Colombia, en el que participan Adriana y su hija, es el primero en su tipo en promover la unión del sector público y privado en una asociación de productores rurales.
Este modelo funciona ayudando a las organizaciones de pequeños agricultores a mejorar la infraestructura y el conocimiento necesario para satisfacer los mayores estándares de calidad exigidos por los mercados más avanzados y lucrativos.
Para incursionar en tales mercados, el programa ofrece capital, asesoramiento administrativo gratuito, equipo e infraestructura básica, como por ejemplo una planta empacadora.Â
Las asociaciones logran respaldo gracias a la presentación de un plan de negocios, que incluye acuerdos contractuales planificados con un potencial comprador.
Las personas a quienes se les aceptan las propuestas, luego de un extenso proceso de revisión y de un estudio de factibilidad independiente, reciben financiamiento y ayuda del Ministerio de Agricultura.
Por primera vez, las mercancÃas de estos agricultores de pequeña escala no quedan relegadas únicamente a los puestos locales de alimentos, sino que llegan a los supermercados lÃderes de Colombia y, en algunos casos, se exportan al extranjero.
Los productores suben en la cadena de valores y ganan mejor. En lugar de vender productos a granel sin clasificar pueden comerciar productos envasados, clasificados y calificados.
Existen asociaciones en toda la región
Asociaciones de productores rurales participan en proyectos del Banco en Bolivia, Panamá, Guatemala y Brasil, y existen otras programadas para Honduras y Jamaica.
Bolivia cuenta con el programa más extenso, dado que alberga a 295 de estas que benefician a 13.097 hogares. En Colombia, ascienden a 170 y llegan a 11.714 familias. En Panamá existen 32 y en Guatemala 30, las que favorecen a unos 1.500 y 6.000 hogares, respectivamente.
“La idea es que los diferentes actores de los paÃses, como las organizaciones no gubernamentales, gobiernos locales y cámaras de comercio comprendan el enfoque y promuevan el modelo por sà mismosâ€, agrega.
Los proyectos fomentan la ampliación paulatina y la adopción del modelo de asociación tanto para el sector público como el privado, con el objetivo puesto en la sostenibilidad a largo plazo.
Hasta el momento, algunas de las compañÃas de cacao y jugos más importantes de Colombia adoptaron esta estrategia y fortalecieron su compromiso con los pequeños agricultores como parte de sus polÃticas normales de abastecimiento.
Promoción de la cohesión social La posibilidad de que las asociaciones de productores funcionen para los socios y los miembros de dichas organizaciones radica a menudo en la capacidad de una comunidad diversa para trabajar unida. Estas asociaciones no dependen sólo de la cohesión social, sino que además pueden fortalecerla.
En Colombia, Wilson Quiceno y MarÃa Elena Rincón administran una granja colectiva que cultiva maracuyá, en la que trabajan grupos tradicionalmente vulnerables, entre ellos desplazados internos y ex combatientes.
"Para mi es una experiencia nueva y muy interesante porque es  aprender a convivir con personas…desplazados, que vienen con un trauma de un conflicto y para convivir con vÃctimas y victimarios." dice Wilson, en medio de las hileras de vid de su granja cerca de Buga.
“Es un orgullo saber come ser administrador y se le abre a uno las puertas...Crecer. Crecer intelectualmente es una meta, la gente pude demonstrar al ministerio de agricultura y al gobierno nacional de que nosotros somos campesinos y que empezamos algo nuevo pero que hemos podido sacarlo  adelanteâ€