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Democratizar la economía del desarrollo

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Robert B. Zoellick

Presidente del Grupo del Banco Mundial

Universidad de Georgetown, 29 de septiembre de 2010

 

 

 

I. Introducción: De la arrogancia a la humildad

 

George Bernard Shaw pronunció esta frase célebre: “Si todos los economistas se pusieran uno al lado del otro, no llegarían a ninguna conclusión”.

 

Si se tienen en cuenta las causas y el curso de la peor crisis económica mundial desde la Gran Depresión, cabe preguntarse si el problema estuvo en que fueron demasiado pocas las conclusiones, o si hubo demasiada certeza.

 

Hoy intentaré persuadir a todos ustedes de que la economía, y en particular la economía del desarrollo, debe ampliar el alcance de las preguntas que plantea, y de esa manera adquirir también más relevancia para abordar los desafíos de la actualidad. Debe ayudar a los responsables de las políticas, que afrontan problemas complejos y multifacéticos.

 

Debe sacar provecho de la atención que recientemente está poniendo en las pruebas empíricas, lo cual es un hecho positivo, pero no debe limitarse simplemente a recopilar datos.

 

Debe ampliar su alcance para tener más en cuenta las experiencias de las economías emergentes que han obtenido buenos resultados, pero no con moldes a pedido, planes detallados ni prescripciones, sino que haciendo averiguaciones, en forma cooperativa y abierta.

 

 

II. ¿Estamos bien equipados para afrontar los problemas acuciantes de la actualidad?

 

La economía ha contribuido considerablemente a la manera en que entendemos nuestro mundo. Pero la economía no siempre acierta. De hecho, puede equivocarse de manera espectacular, como pudimos comprobar en la crisis reciente, cuando algunas ideas desacertadas produjeron muy malos resultados, cuyo precio estamos pagando todos hasta el día de hoy.

 

El Premio Nobel de Economía se ha otorgado a muchas personas que lo han merecido. Y también ha sido concedido a personas cuya afición por los modelos matemáticos se basaba en supuestos heroicos y poco realistas acerca de la humanidad. Un físico extraordinario señaló una vez que en el campo de la física, el Premio Nobel se concedía a los galardonados por estar en lo cierto, mientras que en economía, a menudo se les otorgaba por ser brillantes.

 

Las teorías modernas de carteras, basadas en estos modelos, proclamaban tener dominio de la incertidumbre de nuestro mundo. Esta arrogancia se transformó en humildad en 2007, durante la crisis de los créditos hipotecarios de alto riesgo que desencadenó la crisis económica mundial. De acuerdo con su modelo de riesgos, un banco de inversiones sufrió durante varios días consecutivos una pérdida que sólo tendría que haber ocurrido una vez en 14 lapsos vitales de nuestro universo.

 

La economía como disciplina —famosa, tal como los imperios, por el auge y la caída de las teorías— a menudo se ha deleitado en la confianza asertiva de una ciencia social, al tiempo que bruñe sus aspiraciones científicas. Sin embargo, en los últimos tiempos ha aumentado notablemente la interacción con la psicología  y la historia, lo que constituye un hecho positivo.

 

La economía del desarrollo, un campo especializado que estudia la manera en que se puede promover el desarrollo, ha añadido a la economía una fuerte dosis de sus propias modas y tendencias. Como todo buen diseñador, el Banco Mundial ha cumplido un papel en la creación de esos estilos.

 

En la década de 1950, durante los primeros años de trabajo del Banco Mundial en actividades de reconstrucción y proyectos de ingeniería, el Departamento de Economía de nuestra institución tenía la responsabilidad de realizar, en el ámbito relativamente limitado de su competencia, estudios de factibilidad financiera de los proyectos propuestos. Pero el subdirector del departamento de entonces, Paul Rosenstein-Rodan, quiso conceptualizar el desafío del desarrollo con la teoría del “gran impulso”. Según su teoría, el desarrollo dependía de una expansión simultánea de los sectores internos que generara demanda de los productos de cada uno de ellos. Al poco tiempo, algunas economías de Asia oriental comenzaron a avanzar rápidamente sobre la base de un crecimiento “más limitado” impulsado por las exportaciones.

 

Esta era también la época en que los economistas del desarrollo mantenían la hipótesis de que los países en desarrollo “despegarían” una vez que recibieran capital para combinarlo con una fuerza de trabajo subempleada. Al parecer, la Unión Soviética había resuelto este problema mediante el “ahorro forzoso”; y algunos sostenían que el Tercer Mundo podría suplir el “déficit de ahorro” con ayuda externa.

 

En los años sesenta, el Banco Mundial amplió la cantidad y los ámbitos de su investigación, y en la década de 1970 intentaba comprender mejor las causas de la pobreza y buscaba opciones de política para superarla, concentrándose especialmente en las zonas rurales. Como lo señaló un historiador, la institución se estaba transformando más bien en un organismo de promoción del desarrollo que en un banco.

 

En 1972, Hollis Chenery fue nombrado primer economista del Banco, cargo que no tenía precedente. En cierta medida debido a la influencia de Simon Kuznets —que había ganado el Premio Nobel en 1971 por su interpretación del crecimiento y el desarrollo a partir de fundamentos empíricos— Chenery organizó el primer programa de investigación cuantitativa del Banco, basado en la recopilación de grandes cantidades de datos.

 

En los años ochenta, el foco de atención de las investigaciones se trasladó a los incentivos de mercado, la correcta determinación de los precios, la energía y el ajuste macroeconómico.

 

Las cuestiones relativas al género y al medio ambiente aparecieron en el programa de investigaciones del Banco a fines de la década de 1980. La reforma de las economías socialistas y la aparición del sida se convirtieran en áreas de atención especial después de 1989, y lo mismo ocurrió con los primeros intentos por comprender el “milagro de Asia oriental”. La pobreza, la desigualdad y la corrupción volvieron a surgir como temas de investigación durante la década de 1990.

 

En la década del 2000, las economías emergentes, sobre todo China y la India y su impacto en la economía mundial, así como el papel de la infraestructura y la agricultura —tras años de abandono en lo que respecta al financiamiento— se han ubicado en los primeros lugares del programa de desarrollo. Lo mismo ha ocurrido con los problemas que enfrentan los Estados frágiles, donde la debilidad de sus instituciones los expone a los conflictos y plantea problemas de desarrollo de carácter especial.

 

Estas contribuciones han sido impresionantes, y yo admiro los esfuerzos desplegados para generar conocimientos primordiales sobre el desarrollo aún cuando los templos del pensamiento a menudo se hayan desplomado ante el embate de las realidades de la vida.

 

Pero cabe preguntarse adónde nos ha llevado la economía del desarrollo. ¿Nos está ayudando?

 

Aun antes de la crisis, ya se ponían en duda los paradigmas predominantes y se pensaba que era necesario replantear la economía del desarrollo. La crisis solo ha acentuado estos cuestionamientos.

 

En las últimas décadas se han logrado importantes progresos: en el ámbito de la salud, la educación y la lucha contra la pobreza. La proporción de personas que viven en situación de pobreza extrema en los países en desarrollo se ha reducido más de la mitad en el cuarto de siglo transcurrido desde 1980; las tasas mundiales de mortalidad infantil han disminuido casi a la mitad.

 

Sin embargo, el éxito no ha sido parejo; en los países existe frustración por la falta de avances en la superación de la pobreza y el logro de los objetivos de desarrollo del milenio, que constituyen una vara útil para medir los progresos realizados. Los mayores avances en la reducción de la pobreza se han producido en Asia oriental y meridional y en América Latina. Si bien se cumplirá el objetivo mundial de reducir a la mitad del número de personas que viven en situación de pobreza extrema para el año 2015, los progresos en África al sur del Sahara aún son insuficientes, a pesar de los notables avances de los últimos tiempos. Los progresos a nivel de cada país son aún más disparejos: tan solo 45 de los 87 países sobre los que se dispone de datos ya han logrado el objetivo referente a la reducción de la pobreza o se encuentran bien encaminados para alcanzarlo.

 

La crisis ha puesto de relieve otras transformaciones que tienen repercusiones más amplias.

 

Incluso a medida que los países comienzan a recuperarse, muchos se preguntan acerca de lo que consideran la “trampa de los países de ingreso mediano”, esto es, el temor de que la reactivación inicial del crecimiento pierda impulso y transcurran muchos años, con dolorosos contratiempos, antes de que esas naciones puedan sumarse al grupo de países de ingreso alto.

 

El éxito de China y otros países ha planteado interrogantes acerca del papel del Estado. ¿Cuáles son sus roles eficaces y apropiados? ¿Propiciador? ¿Árbitro de reglas claras y justas? ¿Habilitador? ¿Inversionista? ¿Propietario? ¿O consagrador de ganadores?

 

Los beneficios de la globalización y la reforma aún deben llegar a muchos pobres. Numerosas personas consideran que las prescripciones de política económica del Consenso de Washington son incompletas y que no prestan atención a las cuestiones institucionales, ambientales o sociales, o simplemente carecen de una filosofía que las oriente.

 

Otros proclaman que las políticas “ortodoxas” están ayudando a los países en desarrollo a sobrellevar la crisis, y señalan que algunos países desarrollados se apartaron de las lecciones ortodoxas de las finanzas y la presupuestación, y eso los ha puesto en peligro.

 

 

III. En el nuevo mundo multipolar se requieren conocimientos multipolares

 

Además del cuestionamiento de los antiguos postulados, se está produciendo una serie de transformaciones más complejas.

 

Tal como las placas tectónicas de la economía se han desplazado, lo mismo debe ocurrir con los paradigmas.

 

Las economías emergentes son ahora variables fundamentales en la ecuación del crecimiento mundial. El mundo en desarrollo está asumiendo la conducción de la economía mundial. Gran parte de la recuperación del comercio internacional se ha debido a la fuerte demanda de importaciones por parte de países en desarrollo. Encabezados por los mercados emergentes, los países en desarrollo representan actualmente la mitad del crecimiento mundial y van a la vanguardia de la recuperación del comercio internacional.

 

Se observa una tendencia similar en lo que respecta al desarrollo mundial, ámbito en el que los países en desarrollo asumen funciones importantes junto con los participantes tradicionales. Estos nuevos asociados no sólo aportan ayuda, sino que se están transformando en importantes asociados comerciales y en fuentes de inversión y conocimientos. Su experiencia es relevante.

 

Sin embargo, por demasiado tiempo las prescripciones han circulado en un solo sentido. Una nueva economía multipolar exige conocimientos multipolares.

 

Con la desaparición del anticuado concepto de Tercer Mundo, el Primer Mundo debe abrirse a la competencia en ideas y experiencia.

 

El flujo de conocimientos ya no es únicamente desde el norte hacia el sur, de occidente a oriente, de los ricos a los pobres.

 

Las economías en alza aportan nuevos enfoques y soluciones. Observamos todo esto mientras la India asesora a África en agricultura orientada a la lechería; mientras China aprende de África sobre eficaces enfoques del desarrollo impulsado por la comunidad en Ghana y Nigeria; mientras los Estados Unidos aprende de China sobre ferrocarriles de alta velocidad, y el Primer Economista del Banco Mundial, por primera vez en los 66 años de existencia de nuestra institución, procede de un país en desarrollo: Justin Yifu Lin, que estudió en la Universidad de Beijing y la Universidad de Chicago.

 

Las profundas conferencias Marshall dictadas por Justin en la Universidad de Cambridge en 2007, en las que analizaba por qué muchos países no se desarrollaban, son un ejemplo de esta nueva influencia del pensamiento fundado en experiencias más variadas.

 

Ya no se trata del Consenso de Washington. No se puede formar consenso sobre economía política desde una ciudad para que luego eso se aplique a todas las demás. Se trata de la experiencia sobre lo que da resultados, en Nueva Delhi, en São Paulo, en Beijing, en El Cairo y en Accra. De la experiencia puede surgir el consenso. Pero ello solo puede ocurrir si la base es sólida, y ampliamente aceptada.

 

 

IV. ¿La economía del desarrollo se ha desviado del camino?

 

¿La economía del desarrollo aborda actualmente los problemas más importantes que enfrentan los países en desarrollo, o se ha extraviado en el camino?

 

Voy a ser muy claro y sincero. No soy economista. Ustedes pueden pensar que con eso lo he dicho todo. ¿Por qué inmiscuirse?

 

¿Por qué abrir una caja de Pandora como esta?

 

Por la sencilla razón de que los encargados de formular las políticas dirigen su atención a la economía, y los responsables de las políticas en los países en desarrollo dirigen aún más su atención a la economía del desarrollo. Es relevante.

 

La primera vez que tomé un curso de economía del desarrollo fue en 1973, un año de turbulencia económica por el embargo árabe del petróleo y poco después de la desintegración del sistema cambiario de Bretton Woods. Tal vez como algunos de ustedes, yo me interesé en la economía del desarrollo porque esta disciplina parecía importante para cualquier persona interesada en las relaciones internacionales, en la forma cómo crecen las economías y en las políticas públicas. Después de todo, como otros han señalado, desde siglo XVII hasta principios del siglo XIX los economistas clásicos también escribieron sobre el desarrollo, aunque los estudiosos formalizaron la disciplina mucho tiempo después.

 

Desde entonces, mi principal interés han sido las políticas. En mi caso, este interés ha evolucionado como una combinación de historia, economía, historia económica, finanzas, derecho, política y gobierno, y psicología . La experiencia ha puesto de relieve la complejidad del mundo en que vivimos. La práctica ha generado en mí cierto escepticismo con respecto a los diseños grandiosos y cierta cautela en relación con la ingeniería social. Observé con preocupación cuando la economía viró de la economía política a la teoría “pura”.

 

Tengo respeto por la erudición, disfruto aprendiendo sobre la investigación y me he beneficiado de la estimulante interacción con muchos académicos a lo largo de los años.

 

La economía ha despertado en mí el apetito por los resultados prácticos de las investigaciones y el aprendizaje. Sin duda, muchos de ustedes en esta gran universidad tienen ese mismo interés.

 

Por eso, tal vez se pueda permitir que alguien que no sea erudito plantee algunas preguntas en materia de investigación a nombre de los responsables de formular las políticas.

 

¿Y qué otro lugar mejor que este, la Universidad de Georgetown, para tratar de combinar la erudición con las políticas?

 

Entonces, permítanme preguntarles: ¿Hemos ido pasando de una certeza falsa a la otra?

 

¿Acaso el desencanto con las grandes teorías del desarrollo ha llevado a una reacción exagerada y provocado una retirada a los laboratorios y a diminutas aldeas de desarrollo?

 

En los últimos 10 años, a medida que ha ido aumentado la creencia de que no existe una solución simple para el desarrollo, se ha producido un vuelco hacia investigaciones del desarrollo sobre bases más empíricas. Y este es un acontecimiento muy bien recibido y muy positivo. Treinta años atrás, Deng Xiaoping, otro practicante de la economía del desarrollo, recomendó “emancipar la mente para buscar la verdad en los hechos”. Doscientos años antes, el filósofo británico David Hume escribió: "Un hombre sabio adecua su creencia a la evidencia”.

 

¿Pero la impresionante cantidad de datos y herramientas analíticas disponibles en la actualidad está suficientemente relacionada con las urgentes interrogantes que enfrentan las autoridades, los asesores y los inversionistas de los países en desarrollo?

 

¿O es esto más bien como un mapa del mundo que se va completando mediante el estudio meticuloso, una por una, de aldeas escogidas en forma no aleatoria?

 

Con demasiada frecuencia, para los responsables de la formulación de las políticas, los resultados positivos de las investigaciones parecen ser subproductos ocasionales de la investigación y no su objetivo inicial.

 

Con demasiada frecuencia, los economistas dedicados a la investigación no empiezan por los temas clave que representan lagunas en los conocimientos de los profesionales del desarrollo, sino que buscan preguntas que puedan responderse con las herramientas preferidas por el sector en ese momento.

 

Las grandes interrogantes que plantean los responsables de formular las políticas son sumamente complejas. ¿Pero, tienen nuestras investigaciones actuales un enfoque demasiado limitado —y son demasiado deficientes en cuanto a su validez externa o la posibilidad de proyectarlas en mayor escala— como para proporcionar a los encargados de las políticas los conocimientos que estos necesitan?

 

Soy de la opinión que hace falta un enfoque más pragmático, un enfoque que aborde decididamente las principales lagunas en los conocimientos para poder formular las políticas de desarrollo.

 

Un enfoque en el cual las necesidades de los responsables de las políticas y los profesionales del desarrollo sean el centro de atención primordial y no una ocurrencia académica de último momento.

 

Un enfoque que abra las puertas a todos quienes tengan experiencia práctica.

 

 

V. Revisión de los viejos truismos

 

También debemos preguntarnos si acaso no hemos quedado atrapados en los conocimientos recibidos. ¿La certeza nos ha impedido percatarnos de las oportunidades?

 

La historia del desarrollo ha mostrado que no existen soluciones universales. Hemos progresado mucho desde la arrogancia de los años sesenta en el ámbito de la economía, con su fe en la asignación del capital y el afinamiento de la economía al estilo keynesiano, o su creencia de que la pobreza podría superarse con ciudades modelo e ingeniería social, todo cuidadosamente encapsulado en un plan preparado por economistas del mundo desarrollado.

 

El hecho de que hoy día esas ideas hayan perdido credibilidad es un avance. Pero no podemos detenernos ahí. Debemos ir más allá de la noción de que no existen soluciones universales.

 

Efectivamente, hay algunos principios básicos que podemos seguir: la creencia en los derechos de propiedad; los derechos contractuales; el uso de los mercados; el establecimiento de incentivos adecuados; las ventajas de la competencia dentro de las economías y entre estas; la importancia de la educación; la estabilidad macroeconómica. Pero, sobre todo esto tal vez podríamos aprender más bien de la historia económica que de los modelos económicos.

 

Como se ha destacado en los informes Doing Business del Banco Mundial, las pymes pueden prosperar si existen condiciones propicias que fomenten el espíritu de empresa en lugar de obstaculizarlo o restringirlo.

 

Además de los principios básicos, la experiencia recomendaría que tal vez fuera necesario considerar políticas diferenciadas.

 

Las políticas adecuadas pueden variar según la fase del desarrollo de que se trate: por ejemplo, la decisión de apoyarse en el crecimiento impulsado por las exportaciones y no por la demanda interna, o abocarse a distintos tipos de innovación, según la cercanía de las empresas a las fronteras tecnológicas. 

 

Es posible que las políticas que resultan apropiadas en la actualidad sean distintas de las de la década de 1970 debido a los cambios provocados por la Internet y la importancia creciente de las cadenas de suministro en las transacciones internacionales.

 

Las políticas adecuadas en materia de regulación financiera pueden variar en las distintas fases del proceso de desarrollo: aquello que puede servir de resguardo en un contexto puede provocar asfixia en otras circunstancias.

 

Sobre todo, debemos ser honestos acerca de lo que desconocemos, acerca de las lagunas en los conocimientos que nos impiden avanzar.

 

VI. Lo que ahora tenemos que saber

 

Por lo tanto, con ánimo inquisitivo y a partir de un examen interno de nuestros propios programas de desarrollo, quisiera plantear cuatro conjuntos de problemas merecedores de futuras investigaciones. La lista no es exhaustiva: otros harán aportes adicionales al debate. Permítaseme, sin embargo, comenzar con estos elementos.

 

Logro de la transformación

 

En primer lugar debemos comprender mejor el modo en que se producen las transformaciones económicas. ¿Por qué algunos países han logrado un crecimiento sostenido, en tanto que otros al parecen siguen siendo cautivos de una terrible pobreza?

 

La Comisión de Crecimiento, presidida por un académico y profesional, Michael Spence, identificó 13 economías que lograron mantener altas tasas de crecimiento sostenido durante más de 25 años. ¿Por qué tan pocas?

 

¿Cómo logran los países transformar sus economías para reducir la pobreza, crear empleo, promover la inversión interna y externa y luego, con el tiempo, incrementar los salarios y mejorar las condiciones de vida, aumentar las oportunidades, promover la innovación, proteger a las personas vulnerables y adaptarse a perturbaciones de origen natural o económico?

 

Los países operan en una economía mundial, por lo cual los cambios de las condiciones mundiales pueden llevar a diferentes modalidades de desarrollo.

 

Debemos llegar a conocer más profundamente el proceso de evolución de la estructura de una economía, lo que no se refiere exclusivamente al tránsito de la agricultura a la industria y a los servicios con el transcurso del tiempo. Dentro de cada uno de esos sectores tenemos que enriquecer en gran medida nuestro saber sobre el proceso de consecución de bienes y servicios de mayor calidad, y sobre los factores que determinan el dinamismo económico de un país y los que favorecen la aplicación de ajustes flexibles a la estructura de una economía.

 

En su investigación innovadora, Paul Collier ha examinado la contribución de las políticas nacionales de buena gestión de la cosa pública a evitar “la maldición de los recursos naturales” o, mejor aún, a utilizar una posición competitiva en la esfera de los recursos o productos primarios, como base de un crecimiento inclusivo y sostenible.

 

Las referidas no son tan solo cuestiones de política de gobierno, sino que además guardan relación con la política de negocios y con el comportamiento de las empresas.

 

Debemos evitar los corsés intelectuales que embotan el espíritu inquisitivo. Casi todas las economías entrañan una combinación de mercados, el sector privado y el Estado. Las preguntas clave consisten en establecer cómo y con qué fin deben interrelacionarse esos componentes, e identificar los costos y beneficios que ellos implican; no sólo en la esfera económica, sino también en el plano social.

 

Me inclino a sostener que un mercado competitivo debe ser el mecanismo fundamental de asignación de recursos en una economía. Pero hay fallas del mercado. También las hay en el gobierno, una de las cuales consiste en la incapacidad de corregir las fallas del mercado. Una buena gestión de la cosa pública, la lucha contra la corrupción, y el Estado de derecho tienen un importante papel que cumplir, y por buena gestión de la cosa pública ha de entenderse algo más que la mera eficiencia económica.

 

Se trata de cuestiones de política económica.

 

La mayoría de los gobiernos, lo admitan o no, tratan de promover la industria de un modo u otro; directamente o a través de la política tributaria, subsidios, incentivos, medidas de protección, mecanismos de competencia o innumerables otros instrumentos. Esos programas estimulan muy vivas polémicas. Las evaluaciones serias, en cambio, han sido escasas y rara vez rigurosas. Se requieren, en forma apremiante, nuevos programas de investigación para evaluar esas políticas, sean estas de amplia base, centradas en sectores o para empresas específicas.

 

Ampliación de oportunidades

 

En segundo lugar, tenemos que conocer mejor la manera de ampliar las oportunidades económicas para lograr un desarrollo inclusivo y sostenible, para que las sociedades aprovechen y promuevan el espíritu innovador y la energía de cada uno de sus miembros. Tenemos que conocer mejor los obstáculos que se oponen a una mejor prestación de servicios y a un acceso más expedito al financiamiento para los pobres.

 

¿Cómo podemos ayudar a los jóvenes a aprender, y a las personas de más edad a seguir aprendiendo? ¿Cuáles son las vías más apropiadas para conectar la educación con el empleo, y este con el aumento de los conocimientos técnicos?

 

Conozco casos de atonía en el desarrollo que obedecen a que los pobres están desprovistos de acceso a los mercados y al financiamiento. Muchas pequeñas empresas no pueden obtener crédito, no pueden usar sus bienes como garantía, y a los competidores no les es posible bajar los precios. En esas comunidades pobres necesitamos más, y no menos, mercados, para crear oportunidades adicionales. Pero ¿cómo hemos de realizar la gestión de los riesgos que los mercados inevitablemente traen consigo? ¿Cómo ayudamos a las personas a realizar la gestión del cambio?

 

Estas preguntas nos obligan a ahondar la reflexión a fin de conocer qué intervenciones pueden influir en la máxima medida posible; averiguar por qué programas similares dan mejores resultados en unos países que en otros; qué papeles cumplen la buena gestión pública, la transparencia, la competencia en el sector privado y la participación ciudadana.

 

La ampliación de las oportunidades tiene también importantes dimensiones regionales y mundiales.

 

¿Cómo podemos garantizar un proceso de integración regional y mundial más inclusivo?

 

La crisis económica dio lugar a la mayor disminución anual del comercio mundial de los últimos sesenta años. Muchos países en desarrollo –guiados en parte por el asesoramiento del Banco Mundial- han hecho de la integración mundial un componente clave de su estrategia de crecimiento. ¿Persistirá el éxito del modelo de transformación basado en un crecimiento orientado por la exportación –cuya adopción por ciertos países de Asia oriental constituye un célebre ejemplo— habida cuenta, en especial, de los cambios experimentados por la deuda y las condiciones demográficas de los países desarrollados, y por la excepcional capacidad manufacturera de China?

 

¿La realidad actual hace más aconsejable la adopción de vías de crecimiento a través de la demanda interna o de la integración regional, con un diferente conjunto de obstáculos, tales como la necesidad de aumentar la productividad del agro, promover la demanda local y crear infraestructura regional?

 

Debemos prestar más atención al papel del sector privado como instrumento de consecución de los beneficios mundiales de la integración internacional.

 

En los años dos mil, la afluencia de inversiones extranjeras directas (IED) fue la mayor fuente de capital para los países en desarrollo, y representó un aporte decisivo para transferir tecnología a las empresas de esos países.

 

¿Qué políticas permiten atraer y retener IED y crear mayores oportunidades para las inversiones extranjeras, en beneficio de la población local y de su participación en la economía? Nuestra labor en la IFC en relación con el sector privado ha representado una contribución a nuestras investigaciones económicas sobre esos temas, al sugerir oportunidades de profundización de la cooperación entre el sector público y el sector privado. La cuestión reviste decisiva importancia para África, que tiene que promover la afluencia de inversiones extranjeras y generar ahorro interno, mercados financieros locales e inversiones locales.

 

Manejo del riesgo y la vulnerabilidad

 

En tercer término, debemos estar en condiciones de enfrentar los nuevos desafíos mundiales que implica el manejo de los riesgos que enfrentan las economías y las personas. Nuestro mundo es más riesgoso de lo que muchos suponían.

 

Un gran segmento de la población del mundo en desarrollo sigue siendo especialmente vulnerable a las perturbaciones: desde desastres naturales hasta pandemias sanitarias, guerras y confrontaciones civiles, perturbaciones de los precios del petróleo y los alimentos, crisis económicas regionales y mundiales. El problema del cambio climático se añade a esa gama de riesgos.

 

Nuestros clientes necesitan eficientes y eficaces políticas de protección social a precios asequibles, para contrarrestar nuevos riesgos ambientales, hacer frente a vulnerabilidades del sector financiero y realizar la gestión de los riesgos macroeconómicos planteados por la globalización.

 

Hasta ahora se ha prestado más atención al riesgo financiero que al riesgo humano. Debemos corregir ese desequilibrio.

 

Necesitamos investigaciones adicionales sobre la manera de reducir el conflicto y estabilizar a los Estados frágiles combinando estrechamente seguridad, buena gestión pública y políticas de desarrollo, lo que constituye el tema del nuevo Informe sobre el Desarrollo Mundial del Banco Mundial. Necesitamos investigaciones adicionales sobre género, que es el tema del informe siguiente.

 

Fenómenos naturales no previstos individualmente pero en conjunto previsibles pueden desviar pronunciadamente de su senda aun a países con un desempeño satisfactorio. Necesitamos datos climáticos e hidrológicos adicionales para calibrar los sistemas de alerta de sequías e inundaciones; más instrumentos de “seguros” para ayudar a realizar programas de recuperación específicos y a la vez evitar peligrosos reveses macroeconómicos.

 

Necesitamos más análisis sobre seguridad alimentaria, aumento de la productividad del agro, variedades de semillas mejoradas, y agricultura resistente al clima, en un contexto en que el mundo se prepara para alimentar a los 3000 millones de personas adicionales que según se prevé habrá en 2050.

 

 

Conocer lo eficaz: la agenda de resultados

 

En cuarto y último término, es necesario saber qué cosas funcionan y contar con un programa de investigaciones que se centre en los resultados. Se deben recoger más pruebas y datos para evaluar la eficacia de los esfuerzos en pos del desarrollo, incluida la asistencia.

 

¿De qué manera los préstamos y la ayuda para el desarrollo pueden generar identificación y participación en la esfera local, captar puntos de vista locales, hacer participar a más amplios estratos sociales; hacer que el desarrollo no sea asunto exclusivo de las elites; generar mayores oportunidades de competir, y difundir más ampliamente la propiedad? ¿Cómo podemos combinar los servicios públicos con el financiamiento y la prestación de los mismos por entidades privadas?

 

La ayuda y los préstamos, sea que provengan de fuentes públicas o privadas, no son los principales motores del éxito en materia de desarrollo. El papel principal debe estar a cargo de la población y el gobierno de los países de que se trate.

 

En la esfera de la economía del desarrollo es necesario prestar mucha más atención a la evaluación de los resultados.

 

Los clientes del Banco Mundial lo necesitan, nuestros accionistas lo exigen, y sin ello la economía práctica del desarrollo quedará en agua de borrajas.

 

 

VII. Más allá de la torre de marfil, hacia un nuevo modelo de investigación: Datos abiertos, conocimientos abiertos, soluciones abiertas

 

¿Qué significa esto para el Banco Mundial?

 

Nada menos que un enfoque totalmente nuevo: datos abiertos, conocimientos abiertos, soluciones abiertas. 

 

Esta iniciativa dará acceso al cofre del tesoro de datos y conocimientos del Banco Mundial a cada trabajador de la salud de cada aldea; a cada investigador, a todos.

 

Los economistas del Banco Mundial dedicados a la investigación han estado a la vanguardia, en todo el mundo, en medición de la pobreza y la desigualdad, y han realizado una labor pionera en relación con la prestación de servicios educativos y sanitarios que han cambiado la manera en que concebimos esos temas.

 

La labor de investigación realizada por el Banco ha representado una significativa contribución al conocimiento de la globalización y sus repercusiones; a la comprensión de la relación entre crecimiento y pobreza; a evaluar políticas y programas, y al análisis de la eficacia de la ayuda.

 

No obstante, también se nos ha criticado por la manera en que la investigación se ha usado en algunos casos para hacer proselitismo a favor de las políticas del Banco, sin adoptar siempre un enfoque equilibrado sobre las pruebas o dar muestras de un adecuado escepticismo. Además, en consonancia con abundantes investigaciones académicas, la labor analítica realizada por el Banco en muchos casos ha carecido de una transparencia de amplia base, sobre todo para quienes se verían afectados en mayor medida por las políticas emanadas de esos análisis.

 

El Banco es hoy la principal fuente de conocimiento sobre el desarrollo. Pero todos deben tener acceso al conocimiento, en un mundo en que no hay un marco teórico único, omnicomprensivo, y en que la erudición debe estar vinculada con la práctica.

 

En un mundo en que las economías en desarrollo tienen tanto que difundir como las desarrolladas.

 

Debemos democratizar y desmitificar la economía del desarrollo, reconociendo que no tenemos el monopolio de las respuestas.

 

Debemos abrir las puertas, aceptando que hay otros que pueden encontrar y crear sus propias soluciones. Esta revolución de la investigación abierta ya está en marcha.

 

Debemos reconocer que el conocimiento sobre el desarrollo ya no es exclusivo del investigador, del académico ni de la torre de marfil. Tiene que ver con la trabajadora de la salud que toma nota de los resultados de su labor; con el funcionario local que pega un cartel con el presupuesto del colegio en la puerta del aula para que los padres puedan reclamar si sus hijos no reciben todas las prestaciones que corresponden; con el ministro, el académico, el estadístico y el empresario que cambian ideas sobre el impacto de los incentivos.

 

El conocimiento del desarrollo guarda relación con la economía política, la gestión de la cosa pública y la transparencia, y con el reconocimiento del hecho de que todos esos aspectos son pertinentes, y ninguno de ellos constituye una zona vedada a la investigación.

 

En este nuevo mundo de investigaciones sobre políticas necesitamos un saludable escepticismo, pero también un cordial espíritu de innovación.

 

En nuestra labor, el alcance mundial debe estar aunado a la sensibilidad local.

 

Necesitamos humildad frente a complejos problemas que requieren observación, ensayos, verificaciones, así como honestidad para reconocer los casos en que los esfuerzos, por bien intencionados que sean y por profunda que sea la dedicación de quienes los realizan, son, sin embargo, infructuosos.

 

Debemos trabajar con expertos en historia económica, gobierno, economía política, antropología, psicología  y en algunos casos con expertos en ciencias físicas y biológicas.

 

Por encima de todo, no debemos limitarnos a un modelo “de élite” de investigación.

 

El modelo no puede seguir consistiendo exclusivamente en investigar cierto tema y luego escribir un artículo esperando que alguien lo lea. El nuevo modelo debe ser “mayorista” y en red. Debe abrir cada vez más la información y el conocimiento a los demás, para dotarlos de las herramientas que les permitan realizar por sí mismos la investigación económica.

 

Con una investigación en red todos pueden ayudar a recopilar y dar a conocer los datos que tanto se requieren. Necesitamos más datos básicos, de distintos países y períodos, sobre salud, educación, infraestructura y género. Necesitamos más y mejores datos sobre finanzas públicas, en especial a niveles subnacionales, lo que reviste decisiva importancia para una mejor gestión pública. Necesitamos manos y mentes adicionales para confrontar la teoría con las pruebas en relación con grandes temas de políticas.

 

Este es el rumbo que quiero que emprenda el Banco Mundial. Es la democratización de la economía del desarrollo, que cambiará definitivamente el modo en que realizamos investigaciones sobre el desarrollo.

 

El Banco ha emprendido esa labor.

 

En la primavera pasada pusimos en marcha una iniciativa de Datos Abiertos, poniendo a disposición del público —gratuitamente— más de 2000 indicadores financieros, de negocios, de salud, económicos y de desarrollo humano correspondientes a más de 200 economías; algunos de ellos databan de décadas atrás. En asociación de esfuerzos con compañías de búsqueda en Internet, como Google, estamos logrando que los datos lleguen a nuevas y diversas audiencias, proporcionando a más personas oportunidades adicionales de dar a conocer opiniones innovadoras.

 

Estamos trabajando para lograr que las herramientas de análisis y elaboración de modelos de datos sean más fáciles de usar para el usuario, para que los investigadores, la sociedad civil y las comunidades locales puedan aportar sus propias conclusiones y para poder cotejarlas con las nuestras.

 

Imaginemos la escena siguiente: una trabajadora de la salud o un padre o madre en una aldea, con una computadora portátil o un dispositivo móvil pueden obtener acceso a conocimientos en tiempo real a través de geocodificación y levantamiento de mapas geográficos. Pueden averiguar qué colegios tienen programas de alimentación o carecen de ellos, y cuál es la situación local en materia de salud. Pueden obtener acceso a 20 años de datos sobre mortalidad infantil relativos a su país y a los países vecinos. Pueden profundizar la búsqueda y comparar su aldea con otras aldeas. Puede cargar sus propios datos, arrojar luz sobre el efecto probable de nuevas intervenciones y movilizar a la comunidad para exigir programas de salud mejores o mejor focalizados.

 

Estamos organizando un concurso de aplicaciones informáticas para el desarrollo, a fin de alentar e identificar la creación de herramientas y aplicaciones nuevas e innovadoras.

 

En julio comenzamos a aplicar una política de acceso a la información basada en las leyes adoptadas en esa materia por los Estados Unidos y la India, para que los encargados de formular políticas, los investigadores y la sociedad civil puedan examinar nuestra labor operativa y extraer lecciones para el futuro.

 

El año pasado, reconociendo el hecho de que las soluciones en materia de desarrollo son más eficaces cuando se diseñan con pares que han tenido que hacer frente a similares desafíos el Instituto del Banco Mundial puso en marcha un programa de “Intercambio de Profesionales” que conecta mutuamente a profesionales de todas partes del mundo, con fines de intercambio de experiencias prácticas sobre desafíos clave para el desarrollo.

 

Nuestra plataforma de software interactivo, PovcalNet, proporciona ahora acceso gratuito a datos del Banco Mundial sobre la pobreza, permitiendo a los usuarios reproducir los cómputos del Banco sobre la pobreza mundial y elaborar sus propias estimaciones dados diferentes supuestos.

 

Hemos creado ADePT, un software innovador de componentes lógicos destinado a simplificar y acelerar la producción de cuadros y gráficos estandarizados en muchas esferas de análisis económico. Se trata de un programa gratuito, autónomo, que cualquier persona puede descargar en cualquier parte del mundo.

 

Con Isimulate hemos abierto nuestro modelo de predicción basado en Internet, sobre más de 100 países, a usuarios no pertenecientes al Banco, quienes no sólo tienen acceso a nuestras previsiones, sino que pueden diseñar sus propias previsiones y simulaciones y darlas a conocer a terceros.

 

En las Reuniones Anuales de la semana próxima realizaremos un Foro Abierto, consistente en un debate en directo por Internet, de dos días de duración, sobre los temas clave de actualidad en materia de desarrollo, que además se incorporarán al temario de nuestras deliberaciones con ministros de países de todas partes del mundo en el Comité para el Desarrollo.

 

Nuestro objetivo consiste en lograr datos abiertos, conocimientos abiertos, soluciones abiertas.

 

Éste no debe ser sólo un eslogan, sino una senda esencialmente nueva de búsqueda de soluciones para el desarrollo, en el contexto de una arquitectura de red del desarrollo, sin primacía de nadie y con participación de todos.

 

 

VIII. Conclusión

 

La crisis económica mundial nos ha enseñado —a través de la más penosa de las lecciones— a cuestionar los postulados, y ha puesto de manifiesto la creciente importancia de los países en desarrollo, así como las consecuencias de las políticas públicas, tanto para los países desarrollados como para los países en desarrollo.

 

Hay una nueva oportunidad, y ciertamente también una apremiante necesidad de dinamizar la economía del desarrollo. El software ha aportado nuevas herramientas; la Internet ha traído consigo nuevas comunicaciones; las economías en alza han brindado nuevas experiencias.

 

Debemos responder a ciertas preguntas, que no provienen exclusivamente de la esfera académica, sino también de responsables de la formulación de políticas, sociedades, inventores, empresas, trabajadores de servicios de ayuda, organizaciones no gubernamentales y medios de difusión. Preguntas que trascienden fronteras, continentes, generaciones.

 

Debemos escuchar, y democratizar la economía del desarrollo.

 




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