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Discurso para la sesión plenaria de apertura de la 14.a Conferencia Internacional contra la Corrupción

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Palabras de Sri Mulyani Indrawati, directora gerente del Banco Mundial, durante la sesión plenaria
de apertura de la 14.a Conferencia Internacional contra la Corrupción

Bangkok, Tailandia, 10 de noviembre de 2010
Texto preparado para la conferencia

En primer lugar, quiero expresar mi agradecimiento a Transparency International y al Consejo de la Conferencia Internacional contra la Corrupción (IACC) por organizar este importante encuentro, y al Gobierno de Tailandia por su acogida. Me complace tener la oportunidad de participar en la sesión de apertura de la 14.a IACC. Este es quizás el único encuentro internacional que reúne a todas las partes interesadas en la lucha mundial contra la corrupción para analizar los desafíos y buscar soluciones a través de un intercambio de opiniones franco y abierto. Con ese ánimo, quisiera comenzar con una opinión controvertida de mi parte, y les ruego que me perdonen por discrepar un poco con los organizadores.

Desacuerdo con la premisa básica 

En el sitio web de la 14.a IACC se describe un panorama muy desolador sobre la situación de la lucha mundial contra la corrupción. A medida que uno lee la información, se podría pensar que el vaso no solo está medio vacío: se diría que está volteado y quebrado. Si bien en la página inicial se reconoce que, colectivamente, como comunidad mundial hemos asumido los compromisos correctos, se sugiere que estos aún tienen que producir resultados. Como consecuencia, existe apatía y falta de confianza, lo que crea un entorno propicio para que la corrupción gane terreno.

Yo no creo que este sea el caso. He visto progresos reales. Y, sin duda, mi propia experiencia muestra un panorama muy diferente. Por lo tanto, yo sería un poco más optimista, y sugeriría que el vaso puede estar a medio llenar, pero gotea...

Observo la transformación que ha ocurrido en mi propio país en los últimos 15 años y todo lo que Indonesia ha sido capaz de lograr. Ciertamente, aún queda mucho por hacer. La corrupción sigue entremezclada con la política, y quienes combaten la corrupción sufren ataques descarados. En ese sentido, no estamos solos, pero la corrupción es un problema que ningún político puede ignorar hoy en día en Indonesia, y la KPK —nuestra comisión contra la corrupción— ha hecho enormes progresos. Esta es una institución de la que los indonesios se sienten orgullosos y en la cual confían. Indonesia no es el único país que está realizando grandes progresos.

Desde mi punto de vista, nosotros —la comunidad internacional, las autoridades nacionales, el sector privado y la sociedad civil— nos hemos esmerado en crear los instrumentos, en establecer las estructuras de un sistema eficaz contra la corrupción. Ahora tenemos que hacer uso de esas estructuras, y con respecto a esto creo que existen dos desafíos.

Exigencia del cumplimiento de las leyes y regulaciones

En primer lugar, la exigencia del cumplimiento de la leyes y regulaciones. Cuando el público, los ciudadanos —la gente que no asiste a estas conferencias— reflexionan acerca de si se está avanzando en la lucha contra la corrupción, no piensan inmediatamente en la transparencia. A ellos les interesa saber si se han iniciado con éxito acciones judiciales contra las autoridades, personas físicas y corporaciones que ellos creen que pueden haber incurrido en prácticas corruptas, y si los bancos comerciales y otras instituciones que pueden haber servido de refugio seguro para los fondos obtenidos mediante prácticas corruptas han ayudado a recuperar los fondos robados. En mi opinión, este es el ámbito que plantea el mayor desafío, y donde los progresos que se logren tendrán el mayor impacto en la opinión pública, donde comenzaremos a restablecer la confianza.

Como ustedes saben, al Banco Mundial no le corresponde ocuparse del cumplimiento de la ley. El Banco Mundial no presenta casos en los tribunales, y no inicia acciones judiciales contra autoridades ni empresas. Sin embargo, nos interesa este aspecto del programa contra la corrupción y quisiéramos ver avances mucho más rápidos y resultados más concretos. Me complace que las dos sesiones de esta conferencia en las que el Banco Mundial tiene un papel protagónico se centren en este tema.

La Vicepresidencia de Integridad Institucional del Banco Mundial trabaja con los Gobiernos de los países miembros para erradicar la corrupción de los proyectos que financia nuestra institución. Como ha dicho el presidente del Banco, Bob Zoellick: “Tenemos que demostrar a los Gobiernos que el financiamiento se utiliza de manera eficaz y no se desvía para obtener ventajas personales, y que responsabilizaremos a quienes les roben a los pobres”.

Hemos avanzado mucho desde la última conferencia: el número de inhabilitaciones ha aumentado a 58 en los últimos dos años, en comparación con 9 sanciones en los dos años precedentes. También hemos obtenido resultados satisfactorios en varios casos de alto perfil.

Todos ustedes se han enterado del arreglo al que llegamos en el caso Siemens en julio de 2009. Algunos de los presentes en esta conferencia pueden estar postulando a financiamiento procedente de los US$100 millones que Siemens ha convenido pagar para llevar a cabo iniciativas contra la corrupción en todo el mundo. En abril de 2010, el Banco Mundial también inhabilitó a la editorial Macmillan Limited, del Reino Unido, por un período de seis años, luego de que esta reconociera que había pagado sobornos en un intento por adjudicarse un contrato. Además, hemos trabajado en estrecha colaboración con bancos regionales de desarrollo para llegar a un acuerdo sobre inhabilitación cruzada, de manera que las empresas que roban a un banco sean sancionadas por todos los demás. Agradezco a los otros bancos multilaterales de desarrollo aquí presentes por su ardua labor para hacer realidad la inhabilitación cruzada. Creemos que esta tendrá un fuerte poder disuasivo.

Seguimiento a nivel nacional

El otro desafío, y estoy seguro de que ustedes estarán de acuerdo conmigo, es que las autoridades nacionales hagan un mejor seguimiento. Y no me refiero únicamente a los países en desarrollo; hemos observado cómo algunos países ricos también abandonan las investigaciones, o tal vez no hacen un seguimiento con la eficacia que cabría esperar. La corrupción no fue inventada por los pobres.

En el Banco Mundial hemos estado trabajando para ver una mayor y mejor actuación con respecto a las investigaciones. Durante el ejercicio cerrado en junio de 2010, realizamos 32 remisiones a Gobiernos y organismos que combaten la corrupción para que pudieran adoptar medidas correctivas y emprender sus propias investigaciones de delitos a fin de determinar si se habían transgredido las leyes de los países respectivos. Las investigaciones de seguimiento llevan tiempo y no siempre dan origen a acciones judiciales. Aún así, desearíamos que se hiciera un seguimiento y, con el correr del tiempo, esperamos ver un aumento constante del número de fallos condenatorios. Esto es algo a lo que nosotros —y ustedes— deberíamos estar atentos.

Si revisan el Informe anual 2010 de la INT, observarán que, por primera vez, hemos dado a conocer públicamente adónde se realizaron las remisiones: del Reino Unido a Kazajstán, de Canadá y Noruega a Tanzanía. Hago un llamado a nuestros amigos representantes de la sociedad civil aquí presentes para que examinen atentamente la lista. Y si con el tiempo observan que no ha habido un seguimiento, deberían comenzar a averiguar las razones.

Por su parte, la Iniciativa para la Recuperación de Activos Robados (StAR) —una alianza del Banco Mundial con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD)— aborda el tema de la exigencia del cumplimiento desde otro ángulo. La Iniciativa StAR apoya los esfuerzos internacionales orientados a eliminar los refugios seguros para fondos producto de la corrupción, y es alentador observar que existe una demanda considerable. Unos 23 países, es decir, más de uno de cada siete signatarios de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción (UNCAC), han solicitado alguna forma de asistencia, y se han hecho progresos para ayudar a los países a desarrollar la capacidad y cooperar en casos de recuperación de activos.

Los países asociados están logrando avances: seis de los países que participan en la Iniciativa StAR tienen activos congelados, otros han intercambiado con éxito su primera solicitud de cooperación legal, y otros han iniciado sus primeras investigaciones. La Iniciativa StAR también ha logrado, en cierta medida, movilizar a la comunidad internacional.

El verdadero desafío para la Iniciativa StAR es aumentar el número de casos. Para ello se requiere una mayor acción por parte de las autoridades de los países en desarrollo y los centros financieros, a fin de detectar, investigar y llevar a juicio los casos de corrupción. Esto también es algo a lo que nosotros —y ustedes— deberíamos estar atentos.

Papel del sector privado 

Desde el punto de vista empresarial, la lucha contra la corrupción consiste en crear condiciones más equitativas, fomentar la competencia leal y, sobre todo, gestionar costos, especialmente a nivel individual y empresarial. Cada soborno recibido es un soborno que se paga y, con frecuencia, el que entrega el sobre es un funcionario de una empresa.

Y, si bien la corrupción puede beneficiar a determinadas empresas en el corto plazo, con el tiempo se convierte en un verdadero obstáculo para el desarrollo, la innovación y el crecimiento comercial. Porque, en ocasiones, la corrupción se presenta en forma de medicamentos falsificados, y las personas no mejoran o mueren. Otras veces, es un edificio que se derrumba durante un desastre natural porque el inspector de obras aceptó dinero del contratista encargado de la construcción para falsificar la inspección. La corrupción puede matar.

Y así, es sumamente alentador constatar que las empresas privadas están intensificando sus esfuerzos por combatir la corrupción en varios niveles:

  • poniendo en marcha programas de lucha contra la corrupción;
  • adhiriendo colectivamente a una declaración de compromiso respecto de una serie de principios éticos (por ejemplo, la Iniciativa de Acción Colectiva contra la Corrupción del Foro Económico Mundial), cuyo cumplimiento se basa en la honorabilidad de las personas;
  • accediendo a participar en pactos de integridad, en virtud de los cuales los procesos de licitación y ejecución están sujetos a un seguimiento independiente (en este ámbito, los pactos de integridad propiciados por Transparency International han señalado el camino a nivel mundial);
  • estableciendo coaliciones de certificación de empresas, en cuyo marco la exigencia del cumplimiento colectivo de dichos compromisos corresponde a la coalición como unidad.

Por otro lado, como muchas de estas iniciativas carecen de la fuerza que impone la exigencia del cumplimiento de los compromisos asumidos, creo que podemos estar todos de acuerdo en la necesidad de que el sector privado tenga una mayor participación.

Mantener nuestra propia casa en orden

Permítanme referirme brevemente a algunas de las otras áreas en las que estamos avanzando dentro del Banco Mundial.

Como quizás algunos de ustedes sepan, acabo de cambiar de trabajo e incorporarme al Grupo del Banco Mundial como directora gerente. Este nuevo puesto me ha permitido darme cuenta de las múltiples transformaciones que ha atravesado la institución. A diferencia de lo que sucedía hace 15 años, cuando la palabra “corrupción” no se mencionaba o, en todo caso, apenas se murmuraba, el buen gobierno y la lucha contra la corrupción se están convirtiendo en elementos centrales de todo lo que hacemos: los programas para los países, las iniciativas sectoriales, y el diseño y la ejecución de los proyectos. Si bien se trata de una labor aún en curso, estamos logrando considerables avances en ese sentido.

Adoptar el programa de buen gobierno y lucha contra la corrupción plantea algunas cuestiones difíciles para el Grupo del Banco Mundial y nos obliga a pensar en términos de “riesgo”. Gran parte de la labor se realiza en los países más pobres, donde las instituciones suelen ser deficientes y existen altas probabilidades de que algo salga mal. La idea de asumir riesgos es inherente a la tarea del desarrollo y necesitamos aplicar parámetros elevados para reconocer, evaluar y gestionar dichos riesgos.

Enfoque relacionado con la demanda 
La primera vez que el Banco Mundial mencionó públicamente la palabra “corrupción”, en 1996, Jim Wolfensohn, presidente de la institución en aquel entonces, también se refirió en forma elocuente al aspecto de la ecuación de la “corrupción” relacionado con la demanda. Dijo lo siguiente (cito textualmente): “En todos los países, son las personas las que están exigiendo que se tomen medidas respecto de esta cuestión. Ellas saben que la corrupción desvía recursos de los pobres a los ricos, incrementa el costo de llevar adelante las empresas, distorsiona el gasto público y desalienta a los inversionistas extranjeros”. En ese discurso, Wolfensohn observaba que las soluciones solo pueden elaborarse localmente y que tanto los dirigentes nacionales como la sociedad civil desempeñan un papel importante.
He aquí una transformación importante que nos resulta digna de mención: actualmente, los enfoques basados en la demanda —es decir, aquellos que apuntan a lograr la participación de los ciudadanos y la sociedad civil— se están incorporando sistemáticamente en nuestra labor.
Este enfoque basado en la demanda ha registrado importantes avances. En un exhaustivo examen realizado en 2008 se determinó que el 42% de los nuevos proyectos del Banco habían incorporado este tipo de medidas, y este porcentaje va en aumento.He aquí dos ejemplos bastante recientes:

  • En el proyecto de abastecimiento de agua de Sindh (Pakistán), la supervisión de las adquisiciones estuvo a cargo de Transparency International de Pakistán.
  • Participación de la comunidad: El proyecto de fortalecimiento de la calidad educativa, la gestión de gobierno y las instituciones de Honduras respalda la participación de la comunidad en la gestión basada en la administración escolar descentralizada.


El Banco y la comunidad del desarrollo, en términos más amplios, aún tienen mucho que aprender en esta esfera. Por lo tanto, de cara al futuro, seguiremos investigando más sistemáticamente qué funciona, cuándo y en qué condiciones, para poder así diseñar y ejecutar mejor dichas intervenciones.

En este sentido, quisiera proponer un desafío a mis amigos de la sociedad civil. Ayúdennos. Acérquennos soluciones prácticas. No para derrotar la corrupción, sino para determinar los próximos pasos que debemos seguir para resolver algunos de los difíciles problemas a los que todos nos enfrentamos. Y no me refiero solamente a la prevención, ya que, si bien la prevención es importante, debe sumarse a la exigencia del cumplimiento de los compromisos asumidos.

Clausura

Cuando miro alrededor del Banco Mundial, advierto un mundo en constante transformación, en el que la lucha contra la corrupción ocupa un lugar central. Ciento cuarenta y siete de los 184 miembros de las Naciones Unidas son actualmente partes en la UNCAC: se trata de un verdadero compromiso mundial. El año pasado, en Doha, dichos Estados convinieron un mecanismo de examen integral. Si bien es probable que esto no haya satisfecho las expectativas de todos los interesados, se llegó a un acuerdo y ya se ha comenzado a trabajar en ese sentido. También hemos visto al G-20 adoptar este programa. El grupo de trabajo del G-20 sobre lucha contra la corrupción e integridad de los mercados ha preparado un plan de acción que incluye compromisos específicos. Espero sinceramente que los líderes mundiales demuestren un compromiso firme con este plan de acción cuando se reúnan en Seúl este fin de semana. Sin embargo, como todos ustedes saben, estos compromisos, que han asumido la UNCAC, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y el G-20, deben ir acompañados de medidas concretas.

En los próximos tres días, tendremos la oportunidad de intercambiar ideas y experiencias que nos permitirán avanzar en estos temas. Además, espero contar con la presencia de algunos de ustedes en la ciudad de Washington a principios del mes próximo, con ocasión de nuestra iniciativa del Día de la Integridad, en cuyo marco daremos continuidad a lo que discutamos aquí en Bangkok. La corrupción, pese a su complejidad, constituye un desafío compartido y, solo si trabajamos verdaderamente juntos —más allá de las fronteras, los sectores y las jurisdicciones—, nos concentramos en el impacto y adoptamos una visión a largo plazo, podremos encararla con éxito. Esta es la razón por la que eventos como este son tan importantes. Estoy convencida de que, convocando a los principales especialistas en la lucha contra la corrupción, podremos avanzar en estas cuestiones.

 





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