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"Revolución de las canas" llega a los países de ingreso bajo y mediano

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  • Países en desarrollo y de ingreso mediano deben cuidar de cada vez más ancianos pero no siempre tienen suficiente dinero y experiencia.
  • En regiones menos desarrolladas, la esperanza de vida aumentó 26 años desde 1950-55 a 2005-2010.
  • Dos informes del Banco Mundial analizan impacto económico del envejecimiento poblacional a nivel mundial y en ellos se proponen orientaciones para reformar políticas.

18 de enero de 2011.- Desde la década de 1950, el menor tamaño de las familias y la mayor esperanza de vida han provocado el aumento constante de ancianos en muchas sociedades, un cambio que algunos comentaristas han denominado la ‘Revolución de las canas’.

Una vez considerado como un fenómeno exclusivo de los países ricos debido a que se originó en ingresos nacionales elevados y mejor salud personal, esta tendencia ha llegado ahora a las naciones en desarrollo y de ingreso mediano, según nuevas investigaciones del Banco Mundial. Estos últimos países están ganando terreno pero en gran parte carecen de recursos financieros para enfrentar los desafíos sociales y económicos planteados por un cambio demográfico de esta magnitud.

“El envejecimiento de la población es un problema mundial que ya afecta, o pronto lo hará, a casi todos los países del mundo, en un momento en que el respaldo familiar y otras redes de protección tradicionales se volvieron menos seguras”, asegura Daniel Cotlear, coautor de un reciente informe del Banco titulado “Some Consequences of Global Aging”  (i) (pdf) (Algunas consecuencias del envejecimiento mundial) y economista principal de la Red de Desarrollo Humano del Banco Mundial.

“Lo que observamos es que muchos países en desarrollo están envejeciendo antes de alcanzar la prosperidad, al revés de la experiencia de la OCDE, y esto causa preocupación”, agrega.

La esperanza de vida aumentó 11 años

Cotlear, quien realiza otra investigación que se publicará a comienzos de 2011 y que se centra específicamente en el envejecimiento en América Latina, dice que es importante hacer un seguimiento del descenso de la natalidad y mortalidad para evaluar las consecuencias económicas de la ampliación de las poblaciones mayores.

El autor dice que tanto las tasas de esperanza de vida como las de fertilidad se modificaron drásticamente en los últimos 60 años y se esperan más cambios. 

La esperanza de vida al nacer aumentó 11 años entre 1950-55 y 2005-2010 en los países más desarrollados, pero los beneficios fueron muy superiores en regiones menos desarrolladas (con excepción de los países menos desarrollados), donde la esperanza de vida aumentó 26 años y en los países menos desarrollados, donde ascendió 19,5 años. Además se prevén incrementos en las próximas décadas. 

Argumentos contra una ‘bomba de tiempo’

Junto con sus coautores Andrew Mason y Ronald Lee, Cotlear argumenta en contra de la percepción común de considerar el envejecimiento de la población como una bomba de tiempo y dice que con el establecimiento de políticas inteligentes en los mercados laborales, la seguridad social, la atención a largo plazo y la salud pública, los gobiernos pueden administrar las necesidades económicas y sociales de sus sociedades que envejecen. 

Este punto se amplía en otro nuevo informe de la Red de Desarrollo Humano del Banco Mundial titulado “Long-Term Care Policies for Older Populations in New EU Member States and Croatia: Challenges and Opportunities” (i) (Políticas de atención a largo plazo de las poblaciones ancianas en nuevos Estados miembros de la UE y Croacia: Desafíos y oportunidades), que muestra que los nuevos integrantes de la Unión Europea y Croacia también enfrentan el desafío que muchos países de Occidente tuvieron que encarar por años: el envejecimiento de la población ocasiona una mayor demanda de servicios de atención en el largo plazo.

El problema es doblemente difícil porque hay menos potenciales cuidadores para la atención de los ancianos, más personas dependientes y al mismo tiempo una población más pequeña en edad de trabajar debe financiar el mayor gasto público necesario para la atención de los ancianos a largo plazo.

“Al observar de qué manera abordaron este problema otros países, se hizo evidente para nosotros que no existe una única solución para todos los casos”, dice Johannes Koettl, coautor del nuevo informe y economista del equipo de Desarrollo Humano de la región de Europa y Asia central.

“Desde las redes de protección social financiadas con impuestos como Medicaid en Estados Unidos, hasta la ayuda social universal financiada con impuestos como en Austria, o las contribuciones a la protección social como en Alemania y Japón, lo que queda claro en todos los casos es que se necesita alguna cobertura pública de los riesgos”, agrega. “Basados en nuestro estudio, sugerimos que los nuevos Estados miembros de la Unión Europea y Croacia consideren un sistema universal de protección básica para todos los individuos que requieran servicios de atención en el largo plazo”.

Orientaciones para reformas de políticas

Según el informe, las experiencias de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sugieren varias indicaciones generales para futuras reformas en las políticas:

  •  De servicios médicos a servicios sociales: Muchas personas dependientes y sus familias acuden al sector de salud, en particular, hospitales, cuando necesitan asistencia social eficaz. La atención a largo plazo provista por el sistema sanitario puede no ser suficiente. 

 

  • Servicios basados en la comunidad: En la mayoría de los países hay una falta de atención basada en la comunidad como centros diurnos, hogares para indigentes y atención domiciliaria. Los pacientes por lo general prefieren ser atendidos en el hogar; en muchos casos, esta solución es más eficaz y menos cara.

 

  • Más coordinación: En particular, se necesita coordinación entre los servicios sociales y de salud, donde la financiación fragmentada y la atención a largo plazo conducen a cambios en los costos entre los sectores a expensas del bienestar de los pacientes. Es clave la coordinación de la atención centrada en el paciente, en particular mediante evaluaciones conjuntas de las necesidades.

 

  •  Cambio de la producción de servicios a la compra de los mismos: Dado que es probable que la atención de los ancianos demande cada vez más actividad económica nacional durante los próximos años, el informe dice que no se debe esperar que el sector público se haga cargo por sí solo de esta responsabilidad. Este debe dar prioridad a sus servicios básicos y comprar servicios de atención a largo plazo del sector privado, incluidas las organizaciones no gubernamentales y los grupos comunitarios. 

 

  • De beneficios en especies a prestaciones en efectivo y vales: Las prestaciones en efectivo ponen a los pacientes a cargo de la compra de servicios de atención adecuados y pueden desempeñar un papel importante en el apoyo a los cuidados informales y en el estímulo de la respuesta del sector privado.

 

“Es fácil de asumir que el desafío de poblaciones que se reducen y envejecen en estos países creará presión sobre el Estado y las familias”, dice Sarbani Chakraborty, especialista superior en Salud del Banco y coautor del informe.

“Actuar ahora para considerar diferentes políticas y comenzar a implementarlas brinda una oportunidad para mitigar esas presiones en el largo plazo”.




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