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“Necesitamos un mejor plan de desarrollo”
Habitantes de ciudades de Asia oriental hablan sobre cómo vivir con las inundaciones

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  • Inundaciones se producen con mayor frecuencia debido a la rápida expansión de las ciudades.
  • Residentes resisten pero los daños y las pérdidas son enormes.
  • Se necesitan mejores planes de desarrollo para gestionar las inundaciones.

Ciudad de Washington, 13 de febrero de 2012 — Para muchas personas que viven en Asia oriental, las inundaciones son una realidad de la vida.

“Nosotros simplemente las aceptamos porque sabemos que esta zona siempre se inunda”, dice Ilah, un residente de Kampung Melayu, Yakarta. "Nos quedamos en nuestras casas y vivimos nuestras vidas como de costumbre. Sin embargo, para las inundaciones que alcanzan los dos metros, por lo general almacenamos algo de comida adicional, como fideos instantáneos y huevos”.

Lim Chanmealea, que habita en la aldea de Toul Sangke en Phnom Penh, señala que en 2009 tuvo que enfrentar anegaciones que duraron dos meses. Su propia casa estaba inundada hasta su cintura. Chanmealea gastó más de US$5.000 en rellenar el terreno para elevarlo 1,5 metros.

Los rostros de los afectados por las inundaciones

Los residentes de las zonas propensas a crecidas abordan el problema directamente para protegerse a sí mismos —colocando sacos de arena, rellenando con tierra para elevar el terreno, transportando muebles y accionando bombas— y son un testimonio de la capacidad de adaptación.

Las inundaciones, que son el desastre natural más frecuente, están aumentando en todo el mundo. Las ciudades de rápido crecimiento de Asia oriental son especialmente vulnerables, con riesgos cada vez mayores debido a la rápida urbanización, el crecimiento demográfico y el cambio climático, según el informe del Banco Mundial “Cities and Flooding: A Guide to Integrated Urban Flood Risk Management for the 21st Century” (Ciudades e inundaciones: Guía de gestión integrada del riesgo de inundaciones urbanas para el siglo XXI).

Saranyathorn Chaoman, o Ped, que trabaja para el Departamento de Aduanas en Bangkok, es una reciente víctima de las anegaciones en gran escala que afectaron a Tailandia en 2011. Ella vive con su esposo y sus dos hijos cerca del distrito de Saimai, una de las primeras áreas afectadas. El agua subió casi un metro en su casa, obligándola a mudarse a un hotel.

“Gastamos un montón de dinero para proteger nuestro hogar construyendo barreras y bloqueando todos los drenajes, pero las inundaciones fueron más allá de lo que esperábamos”, dice Ped. Tuvo que pagar US$10 por un corto viaje de regreso en bote para ver cómo estaba su casa, lo que le hubiera supuesto 70 centavos en motocicleta en tiempos normales. Después de este desastre, el precio de todo aumentó.

En Yakarta, que recibe cada año 250.000 nuevos residentes, la rápida expansión de la ciudad se ha sumado a la causa de los aluviones.

Ilah ha vivido en el mismo barrio durante 40 años. “Las inundaciones comenzaron a empeorar después de 1975. Desde entonces, nos afectan en forma mensual”, dice. “La mayor fue en 2007. Tuve que trepar al techo de una escuela como un mono llevando a mi bebé de 1 año. Desde allí, me evacuaron con un bote de goma”.

Es una historia conocida que se escucha en toda la región.

En Phnom Penh, “el rápido crecimiento de los edificios bloqueó el flujo del agua de lluvia. Al mismo tiempo, no existía un sistema de drenaje adecuado en el lugar”, observa Chanmealea.
Durante las inundaciones de 2008, “todos nosotros, incluidos mis hijos, caminamos a través del agua sucia. Las aguas residuales se habían desbordado. Cerca de mi pueblo, cinco miembros de una familia murieron a causa de una descarga eléctrica. Las personas padecieron erupciones por sarna. Las bicicletas, las motocicletas y otros objetos fueron destruidos”, explica.

Estos daños pueden ser devastadores. En Vientiane, República Democrática Popular Lao, que soportó grandes anegaciones en 2007, Bounhom Panyavong, un agricultor de la aldea de Kaeng-yang, en el distrito de Hadsaifong, relata: “Tuvimos una gran pérdida de ingresos porque la mayor parte de mis cultivos fue dañada por las inundaciones y la producción de mi campo de arroz se redujo de 10 a 4 bolsas”.

Pae Vongkhosy, dueño de una tienda en el pueblo de Bor-Oh, del distrito de Hadsaifong, recuerda: “Perdimos muchos ingresos debido a que murió una gran cantidad de peces de nuestra zona pesquera. Nuestra propiedad también se ensució mucho y tuvimos que trasladar todos los muebles a la parte superior”.

Al otro lado de la frontera, en Camboya, Seang Sor, dueño del restaurante Krovan Siem Reap, cuenta: “Perdí más del 50% de mis clientes habituales durante las inundaciones”.

Los estudiantes también se vieron afectados. El rector de la Universidad de Asia Sudoriental, Sean Vanna, asegura que las inundaciones del año anterior en Siem Reap fueron las peores que había visto y que se vio obligado a cerrar la universidad durante dos semanas, con una pérdida de ingresos de US$40.000. Culpa a la fuerte lluvia, el deficiente sistema de alcantarillado y la descarga del riachuelo que atraviesa la ciudad.
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Una niña y su mamá viajan en una lancha para revisar su casa inundada en Indonesia. Cada viaje costó entre US$6 a US$10.

Ped, de Bangkok, señala que no se trata solo de los daños económicos que sufren los residentes. Incluso después de que las aguas han desaparecido, permanecen el cansancio y las cicatrices psicológicas. La incertidumbre respecto a futuras inundaciones causa estrés. Los drenajes a lo largo de los senderos de su barrio todavía están llenos de aguas residuales y la calle que lleva a su casa está más baja que el camino principal. Su marido contrajo infecciones durante la limpieza.

“Todos están preocupados porque la temporada de lluvias puede llegar temprano este año. No se están plantando árboles, ya que fueron destruidos por las inundaciones y se está usando cemento para cubrir la tierra a donde pueden llegar las aguas”, dice Ped. “Es incómodo, pero tenemos que ser pacientes y cambiar nuestro estilo de vida”, añade.

Viviendo a la sombra de las anegaciones, algunas personas anhelaron trasladarse a sitios más seguros. “Estamos dispuestos a reubicarnos, porque ¿quién en su sano juicio quiere tener que evacuar cada vez que hay inundaciones?”, pregunta Renee Williams, viuda y residente de Barangay Bamban, Laguna Los Baños, en Filipinas. “La última vez, nos refugiamos en una escuela y permanecimos allí durante tres meses. Fue difícil porque había por lo menos 10 familias compartiendo un salón de clases”. Wati, de Kampung Melayu en Yakarta, declara: “Si tuviera la oportunidad, me gustaría mudarme a otro sitio”.

Muchos también han entendido mejor y dan sugerencias constructivas para hacer su vida más fácil.

En Bangkok, Ped ofrece consejos prácticos. “Antes de que lleguen las inundaciones, lea los periódicos y vea la televisión para mantenerse actualizado. Hable con los vecinos para conocer sus opiniones sobre la preparación para ayudar a tomar decisiones. Posteriormente, evite las noticias para reducir el estrés”.

Pae Vongkhosy de Vientiane explica que su zona está muy cerca del río Mekong, donde el terreno es muy bajo. “El Gobierno debería construir una ribera como protección contra la crecida del agua del río”. Bounhom Panyavong, también de Vientiane, concuerda. “El apoyo a las víctimas de las inundaciones no fue suficiente y debe ser mejorado. Tuvieron que esperar a que el agua retrocediera de forma natural, sin la ayuda de bombas, y dejaron que el agua anegara sus campos de arroz”.

Sean Vanna de Siem Reap, dice: “Quiero sugerir a la autoridad provincial que construya un sistema de alcantarillado que responda al rápido crecimiento de la ciudad y que lo supervise con regularidad. También quiero ver que la provincia tenga un plan maestro para redirigir el flujo de agua desde la colina, a través de la ciudad, al lago Tonle Sap para evitar las inundaciones”.

Lim Chanmealea de Phnom Penh sugiere que el Gobierno debería tener un mejor plan de desarrollo con un sistema adecuado de drenaje en el lugar antes de autorizar la construcción de nuevos edificios.




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