Reducir la pobreza en comunidades rurales de Argentina

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Crecimiento de la productividad y políticas públicas de apoyo al desarrollo rural


Panorama general

A fin de abordar las dificultades que enfrentan muchos habitantes de zonas campestres de Argentina desde fines de 1998 hasta septiembre de 2011, una iniciativa del Banco Mundial se ha propuesto fomentar el aumento de los ingresos de los agricultores y prestar más atención a los problemas del desarrollo rural en el país. Esta operación financió 12.000 subproyectos que beneficiaron a unas 74.000 familias de pequeños agricultores —más de 355.000personas de las cuales el 50% son mujeres— e incrementó sus ingresos netos en al menos 20%. Se dio prioridad al desarrollo rural y a la reducción de la pobreza en las nuevas estrategias nacionales y provinciales y se consiguió fortalecer la colaboración entre los agricultores y las instituciones.

Desafío

Históricamente, se ha pasado por alto la pobreza rural en Argentina debido, principalmente, a la gran dispersión de los agricultores pobres en las economías regionales que habitan zonas remotas alejadas de los centros urbanos. La recesión económica de mediados de la década de 1990 y la contracción de los gobiernos locales redujo las oportunidades laborales en otros sectores productivos y la mecanización de la agricultura eliminó el trabajo estacional. Se restringió la tradicional válvula de seguridad de las familias rurales —la migración a zonas urbanas— y causó un grave descontento y el regreso de los migrantes a las zonas rurales. Al mismo tiempo, los esfuerzos del Gobierno por conseguir la estabilidad macroeconómica hicieron mermar su participación en el sector agropecuario. Esto trajo consigo la reestructuración generalizada de esta industria a fin de explotar las ventajas comparativas del país y promover la producción y las exportaciones por medio de la diversificación y una mayor productividad. Sin embargo, los pequeños agricultores no tuvieron acceso a los recursos necesarios — financiamiento, infraestructura productiva y asistencia técnica— para adaptar sus sistemas productivos a la nueva estructura de incentivos. Por otro lado, los gobiernos provinciales y el nacional carecían de políticas y estrategias rurales adecuadas, así como de la capacidad necesaria para apoyar a los campesinos.


Estrategia

El Proyecto de Desarrollo de Pequeños Productores Agropecuarios (PROINDER) fue diseñado para fortalecer el desarrollo rural y reducir la pobreza mediante la entrega de asistencia focalizada a pequeños productores y el fortalecimiento de la capacidad de las autoridades e instituciones sectoriales nacionales y provinciales.

El PROINDER utilizó un mecanismo descentralizado de donaciones impulsado por la demanda para financiar infraestructura e inversiones productivas, junto con apoyo técnico adecuado. El proyecto también veló por la inclusión de grupos vulnerables, como las mujeres, los jóvenes y los pueblos indígenas. Además, ofreció donaciones competitivas para financiar la investigación sobre métodos de adaptación en pequeños sistemas de explotación agrícola. Al mismo tiempo, se diseñó asistencia técnica e instrucción para autoridades nacionales y provinciales a fin de fortalecer su capacidad para la formulación de una estrategia rural y la creación de un compromiso político e institucional sostenible y a largo plazo con el sector agropecuario.


Resultados

El PROINDER alcanzó sus objetivos, si bien en un período más largo que el esperado (agosto de 1998 a septiembre de 2011). Esto se debió al apoyo que brindó al Programa Nacional de Emergencia por Inundaciones en los primeros dos años, seguido de una profunda crisis económica nacional a principios de la década de 2000 que limitó las actividades del proyecto. Finalmente, consiguió los siguientes resultados:

  • Doce mil subproyectos de inversión en infraestructura y producción que beneficiaron a unas 74.000 familias de pequeños agricultores de 23 provincias. En total, ayudó a más de 355.000 personas, de las cuales, alrededor de la mitad eran mujeres.
  • El ingreso neto de todas las familias beneficiarias aumentó en al menos un 20%, en tanto que para unas 39.000 de ellas, alrededor del 53% del total, este se incrementó en un 40% debido al estímulo a la productividad generada por las inversiones del proyecto.
  • La proporción de agricultores con el ingreso más bajo antes del proyecto disminuyó del 15% al 5%, lo que da cuenta del importante impacto del programa en la reducción de la pobreza.
  • Conforme al registro de beneficiarios, el 65% de los subproyectos de inversión benefició a mujeres, jóvenes y personas indígenas, y el 15% de todos los subproyectos tenía a mujeres como titulares principales.
  • Los beneficiarios se organizaron en 1.550 asociaciones, incluso en provincias donde no había tradición de actividad colectiva.
  • En 1990, el PROINDER otorgó US$40 millones en financiamiento al programa gubernamental de emergencia por inundaciones, el cual benefició a 39.000 familias.
  • Se consiguió integrar con éxito los planes de desarrollo rural y de reducción de la pobreza en las estrategias y políticas sectoriales nacionales y provinciales.
  • El Gobierno nacional y 19 gobiernos provinciales elaboraron y adoptaron sendas estrategias de desarrollo rural.

Asimismo, se crearon el Foro Nacional de Agricultura Familiar y el Registro Nacional de Agricultura Familiar, los que promovieron las relaciones entre el Gobierno y los productores y la elaboración de una base de datos rural.


Contribución del Banco Mundial

El costo agregado del proyecto fue de US$139,4 millones, de los cuales el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) aportó US$119,8 millones o el 86%. El aporte fue mayor que el planificado originalmente debido a las circunstancias fiscales excepcionales que afectaron a Argentina entre 2000 y 2004. Alrededor del 85% de los recursos crediticios agregados del Banco Mundial fue destinado al Fondo de Inversión Rural y financió subproyectos de infraestructura y producción dirigidos a pequeños agricultores. El 15% restante se invirtió en asistencia técnica y capacitación, así como en los costos de administración, supervisión y evaluación del proyecto. Cabe destacar que de los US$40 millones reasignados para financiar las actividades de recuperación del Programa de Emergencia por Inundaciones, alrededor de US$30 millones fueron destinados a este fin durante el inicio del proyecto, de 1998 a 1999.


Asociados

El BIRF se asoció con la Secretaría, ahora Ministerio, de Agricultura y ayudó a catalizar acuerdos de cooperación para el desarrollo rural entre el ministerio y las numerosas provincias participantes. También trabajó en conjunto con el recientemente creado Foro Nacional de Agricultura Familiar, diseñado específicamente para facilitar la formación de asociaciones y el intercambio mutuo entre el Ministerio, las autoridades nacionales y provinciales y las organizaciones de pequeños agricultores. Asimismo, el aporte del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) al Programa de Emergencia por Inundaciones del Gobierno utilizó una reasignación de fondos del Proyecto Provincial de Desarrollo Agrícola, que era financiado en conjunto por el Banco Mundial y el BID.


Próximos pasos

Los esfuerzos para promover la sostenibilidad a largo plazo de los pequeños agricultores argentinos se beneficiarán de este proyecto y sus resultados, a saber: instituciones nuevas y reestructuradas, estrategias y bases de datos modernizadas, mejor coordinación, mayor presupuesto y capacidad de recursos humanos y una focalización más intensa en los más vulnerables. Asimismo, el propuesto Proyecto de Inclusión Socioeconómica en Áreas Rurales, que se basa en pruebas de que la pobreza rural todavía alcanza niveles inaceptables en el país, continuará apoyando las actividades de desarrollo rural introducidas por el PROINDER. También prestará más atención a los pueblos indígenas y a la vinculación de los pequeños productores con los mercados.


Beneficiarios

El proyecto mejoró el bienestar y la calidad de vida de muchas familias al aumentar el suministro de alimentos. Las mujeres en particular alabaron los beneficios del acceso a letrinas, instalaciones de almacenamiento de agua, energía solar y mejoras en sus viviendas. En las comunidades indígenas, los beneficiarios también apreciaron la asistencia técnica y la capacitación que les brindó el proyecto, así como su nueva capacidad para reivindicar sus derechos e interactuar con las instituciones.


Para mayor información, visite la página web del proyecto.

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