Por Robert Zoellick * Publicado en la sección editorial de la página web del diario Financial Times el 1 de junio de 2012. Para los lÃderes de la zona del euro puede estar aproximándose el momento de “romper el cristalâ€: la lámina de vidrio que protege la alarma de emergencia para incendios. Aunque los moradores del edificio de la zona del euro —en especial los que viven en los pisos ejecutivos— no quieran escuchar la alarma, bien harÃan en leer las instrucciones. Lo ocurrido en Grecia podrÃa desatar el terror financiero en España, en Italia y en toda la zona del euro, y lanzar a Europa a una zona de peligro. La situación, en el verano boreal de 2012, es un eco fantasmal de la vivida en 2008. Los mercados están dando señales de ansiedad acerca de un fuerte desplome de los activos. En el contexto actual, los instrumentos de deuda soberana de la zona del euro han tomado el lugar de los tÃtulos hipotecarios como la inversión de riesgo. Los depositantes aún no han empezado a correr, pero empiezan sus ejercicios de calentamiento. El Banco Central Europeo —al igual que el Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos en 2008— ha tratado de restablecer la confianza en los mercados proporcionando liquidez en generosas proporciones, pero la calidad de las garantÃas se deteriora a medida que se agotan los balances de los bancos. No podemos predecir los resultados de la elección en Grecia, ni sabemos si el nuevo gobierno de ese paÃs se limitará a regatear al máximo para obtener más subsidios, en lugar de tratar de abandonar la zona del euro. Los asociados de Grecia en la zona del euro se sienten frustrados, aunque al parecer siguen estando dispuestos a ofrecer una ayuda considerable para evitar una crisis precipitada por el abandono del euro por parte de Grecia, a condición de que las autoridades y la población de ese paÃs se comprometan a aplicar un programa viable. Es imposible prever la magnitud del contagio que se producirÃa si Grecia abandonara la zona del euro; algo asà sucedió en el caso Lehman, que suscitó consecuencias imprevistas. La salida de Grecia sacudirÃa la confianza en otros activos soberanos denominados en euros. Es preciso que los lÃderes de la zona del euro estén listos. No habrá tiempo para reuniones de ministros de finanzas para analizar las perspectivas y debatir los aspectos polÃticos del incrementalismo. En mercados presa de pánico los inversores huyen a activos seguros, encendiendo nuevas llamas. Hay quienes sostienen que iniciada una crisis, el Banco Central Europeo podrá conjurarla, pero las diferencias de opinión en el directorio de esa institución hacen dudar de que esta pueda responder en forma rápida, plena y categórica. Además, los estados que respaldan al BCE tendrÃan que autorizar a este a proporcionar financiamiento adicional a bancos dotados de garantÃas inadecuadas o que coquetean con la insolvencia. Los lÃderes de la zona del euro tienen que prepararse —psicológicamente y a través del Mecanismo Europeo de Estabilidad— a recapitalizar bancos. Quizá no baste siquiera con inyecciones de capital de grandes proporciones del BCE. Cuando pregunto a quienes, en los paÃses en desarrollo, han pasado por anteriores situaciones de pánico financiero qué podrÃan aconsejar, su respuesta es uniforme: los gobiernos tienen que garantizar los depósitos de los bancos y probablemente otros pasivos. En la zona del euro no es probable que basten las garantÃas de algunas entidades soberanas nacionales: necesariamente se requerirán garantÃas “eurosoberanasâ€. Dista mucho de ser evidente el que los lÃderes de la zona del euro se hayan armado del valor necesario para dar ese paso. Tras el colapso de Lehman, la iliquidez comenzó a asfixiar también al sector institucional. Las grandes compañÃas temÃan no poder obtener préstamos bancarios o reprogramar efectos de comercio. Las quiebras asomaban, amenazantes. Hace tres años que los bancos de la zona del euro vienen siendo sometidos a presiones para que se desendeuden, acumulen capital y reduzcan los riesgos. Dudo que la primera reacción instintiva de sus ejecutivos, en caso de crisis, consista en inyectar préstamos a prestatarios empresariales. Pero si sobreviene una quiebra institucional en gran escala es posible que los prestamistas y los ahorristas se retraigan, tal como lo harÃan en caso de que los bancos experimentaran una sacudida. Cuando la ansiedad hace presa de los mercados financieros, el peligro suele darse dos o tres eslabones más abajo en la cadena de financiamiento. En consecuencia, los lÃderes de la zona del euro tienen que realizar el seguimiento de los riesgos de liquidez en el sector institucional. Y si los bancos obtienen asistencia de emergencia habrá que apremiar a sus ejecutivos para que esas instituciones sigan proporcionando efectivo a sus clientes. Nadie quiere tener que aplicar las instrucciones de “romper el cristalâ€, pero es prudente leerlas y estar preparado. La gravedad de la emergencia deberÃa alentar a los lÃderes de la zona del euro a tomar precauciones; por ejemplo, canalizar a los bancos, ahora, capital del MEDE y acordar un programa de seguridades de financiamiento a mediano plazo para paÃses tales como España. Esas seguridades podrÃan provenir del MEDE o consistir en un despliegue parcial de bonos de la zona del euro por vÃas que mantengan la disciplina del mercado en relación con los programas de financiamiento del Estado. Esta recomendación no es incompatible con el llamamiento de Alemania a la disciplina fiscal y a las reformas macroeconómicas. Esos pasos deben darse, pero Alemania no alcanzará sus objetivos estratégicos de una zona del euro más integrada y sólida en materia fiscal a menos que proporcione respaldo a los Estados que emprendan reformas y se prepare para hacer frente al contagio. Todo lÃder eficiente se anticipa a los acontecimientos, se apresta a actuar rápidamente y aprovecha la oportunidad para avanzar hacia metas más amplias. El autor es el Presidente del Grupo del Banco Mundial |