
28 de agosto de 2012
Con el apoyo técnico de Conservación Internacional y el Fondo del Biocarbono del Banco Mundial, se está diseñando un proyecto para proteger 370.032 hectáreas de bosque tropical en Madagascar.
En la húmeda selva tropical de Madagascar, 14 especies de lémures amenazadas, que solo se encuentran en esta isla, pronto podrán respirar más fácilmente. Un corredor de bosques que se extiende a lo largo de la costa oriental, denominado Corredor Ankeniheny-Zahamena (CAZ) cubre aproximadamente 425.000 hectáreas. El CAZ es una región de gran diversidad biológica y hogar de cientos de comunidades malgaches. Los diversos bosques proporcionan servicios esenciales de ecosistemas de los que dependen las poblaciones locales para su sustento diario, pero están bajo la presión de la agricultura de corte y quema, la tala ilegal y otras prácticas insostenibles. Mediante la protección de estos bosques y el enfoque en medios de subsistencia alternativos, ha sido posible ver la relación entre la salud de los ecosistemas y el bienestar humano. Con la baja de la deforestación, se ha producido una reducción significativa de las emisiones de carbono. Se está desarrollando un proyecto que dará beneficios económicos a la comunidad mediante la protección de estos bosques. “Cambié una parte de mis cultivos por especies autóctonas, como parte del proyecto de restauración de la biodiversidad en el Corredor Mantadia-Vohidrazanaâ€, dice Justin Lemiaraka, agricultor de la comunidad de Andasibe. “A cambio, con el respaldo del Banco Mundial y la Asociación Nacional de Acción Ambiental (ANAE), hemos creado una piscifactorÃa, con estanques de 300 metros cuadrados para almacenamiento. Después de mi primera cosecha, he comprado una radio con la que nuestra familia habÃa soñado durante añosâ€. Semillero para la biodiversidad El CAZ ha sido considerado durante mucho tiempo uno de los recursos más preciados de Madagascar en términos de biodiversidad. Se han identificado en sus bosques más de 2.043 especies de plantas, de las cuales el 85% son endémicas. Otras 30 especies de mamÃferos habitan en el corredor, además de 129 variedades de anfibios y 89 de aves. Pero los animales que quizás más se identifican con Madagascar son los lémures, de los cuales hay 101 especies en la isla y 14 de ellas que viven en el CAZ están en peligro de extinción dado que su hábitat natural desaparece lentamente debido a la deforestación por la tradicional agricultura de corte y quema. Las comunidades que viven en los bosques enfrentan dificultades debido a la disminución de los recursos naturales de los que dependen para su subsistencia. Créditos de carbono para proteger los bosques Se está diseñando un proyecto para proteger 370.032 hectáreas de bosque tropical que establece vÃnculos entre el Parque Nacional de Zahamena, la Reserva Especial de Manongarivo y el Parque Nacional de Mantadia en Madagascar oriental. Este esfuerzo voluntario, impulsado por el Ministerio de Medio Ambiente y Silvicultura, Conservación Internacional y el Fondo del Biocarbono del Banco Mundial, tiene como objetivo reducir las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación de los bosques (REDD) y proporcionará reducciones verificadas de emisiones (o créditos de carbono) que se pueden vender para financiar las actividades futuras del proyecto y ayudar a la población local a adaptarse a los efectos del cambio climático y mejorar sus medios de sustento. Extraer enseñanzas y compartir experiencias Algunos de los créditos de carbono generados por el proyecto y vendidos al Fondo del Biocarbono del Banco Mundial van a producir ingresos para financiar actividades de conservación, que incluyen el respaldo a medios de vida alternativos para las comunidades locales. Se espera también que el apoyo del Fondo al proyecto ayude a comprender cómo se puede implementar un proyecto REDD y replicar en otros lugares. Se calcularon las reducciones de emisiones generadas por el proyecto usando una nueva metodologÃa desarrollada por el Fondo y aprobada a nivel internacional por el Estándar Verificado de Carbono. El auditor independiente Rainforest Alliance está llevando a cabo una validación de los documentos del proyecto y también hará lo que se denomina una verificación del proyecto. Con posterioridad, los créditos de carbono pueden ser emitidos oficialmente y vendidos a otros compradores. “El CAZ pone a prueba una fuente innovadora de financiamiento para la administración de zonas protegidas, que también respalda a las comunidades locales en la búsqueda de alternativas a las actividades que dan lugar a la deforestación, como el corte y la quema. Este proyecto demuestra cómo el financiamiento del carbono puede apoyar la reducción de la pobreza y la conservación de la biodiversidad al mismo tiempoâ€, señala Ellysar Baroudy, directora del Fondo del Biocarbono del Banco Mundial. Mediante la reducción de la deforestación, se crea un ciclo positivo: el proyecto permitirá que se recupere el ecosistema y mejoren las poblaciones de lémures y aves. El ecosistema restaurado también ofrece otros servicios naturales. A nivel mundial, la captura de dióxido de carbono ayuda a combatir el cambio climático. Pero lo más importante para la población local es el acceso a agua dulce. El proyecto evita la erosión del suelo, lo que protege las cabeceras de ocho grandes rÃos que abastecen de agua en forma directa a aproximadamente 325.000 habitantes. El suministro de agua y el control de la erosión son también importantes para las llanuras agrÃcolas al este y el oeste del corredor, y para las dos centrales hidroeléctricas que abastecen de electricidad a las dos ciudades más grandes de Madagascar. Modelo innovador de buena gestión El Proyecto CAZ también es innovador en la introducción de un nuevo modelo de buena gestión, permitiendo  a un centenar de asociaciones comunitarias locales responsables de la administración de pequeñas zonas de los bosques que adquieran derechos legales sobre los recursos forestales. El proyecto también asegura que los beneficios de la conservación lleguen a las personas más afectadas. “Este proyecto demuestra cómo las personas que viven alrededor de los bosques tropicales naturales pueden estar involucradas en la gestión de proyectos destinados a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los desafÃos de este tipo de iniciativas son enormes teniendo en cuenta el número de personas involucradas y la lejanÃa y extrema pobreza que sufren estos habitantesâ€, indica Leon Rajaobelina, vicepresidente regional del Programa en Madagascar de Conservación Internacional. Este proyecto -que combina la protección de los animales y las personas y brinda, al mismo tiempo, oportunidades de empleo sostenibles a las comunidades locales- es un modelo innovador de cómo el financiamiento del carbono puede tener una función catalizadora para el desarrollo. Imagen principal: ©CI/James MacKinnon |