
La meseta de Loess, ubicada en el noroeste de China y hogar de más de 50 millones de personas, recibe su nombre de un tipo de suelo seco y pulverulento que arrastra el viento. Siglos de uso y pastoreo excesivos originaron una de las más altas tasas de erosión del mundo y dieron lugar a la pobreza generalizada.

Se ejecutaron dos proyectos para recuperar la meseta de Loess en China, región severamente degradada, a través de uno de los programas de control de la erosión de mayor envergadura del mundo. El objetivo era lograr que esta parte pobre de China volviera a ser una zona de producción agrÃcola sostenible.

Más de 2,5 millones de habitantes de cuatro de las provincias más pobres de China — Shanxi, Shaanxi y Gansu, asà como la región autónoma de Mongolia Interior— salieron de la pobreza. Gracias a la introducción de prácticas de agricultura sostenible, se logró duplicar los ingresos de los agricultores, diversificar el empleo y revitalizar el medio ambiente degradado.
Aspectos destacados:
- Se duplicaron los ingresos: en los hogares alcanzados por el proyecto, las personas vieron crecer sus ingresos de alrededor de US$70 anuales per cápita a cerca de US$200 mediante el mejoramiento y la diversificación de la productividad agrÃcola.
- Se protegieron los recursos naturales: el pastoreo no controlado, la agricultura de subsistencia, la recolección de leña y los cultivos en laderas habÃan dejado devastadas enormes zonas de la meseta. El proyecto fomentó la regeneración natural de la cubierta de pastizales, árboles y arbustos en laderas que habÃan sido previamente destinadas a cultivos. La replantación y las prohibiciones al pastoreo permitieron que la cobertura de vegetación perenne se incrementara del 17% al 34%.
- La sedimentación de las vÃas navegables se redujo dramáticamente: el flujo de sedimentos desde la meseta hacia el rÃo Amarillo ha disminuido más de 100 millones de toneladas cada año. Un mejor control de los sedimentos ha ayudado a reducir el riesgo de inundaciones mediante una red de pequeños embalses que ayudan a almacenar el agua para las aldeas y para la agricultura cuando las lluvias son escasas.
- Las tasas de empleo han subido: los cultivos aterrazados más eficientes y la diversificación de la agricultura y la ganaderÃa han dado como resultado nuevos puestos de trabajo dentro y fuera de los establecimientos agrÃcolas. Durante el transcurso del segundo proyecto, la tasa de empleo aumentó del 70% al 87%. Las oportunidades para las mujeres también se multiplicaron significativamente.
- Se garantizaron las fuentes de alimentos: antes del inicio del proyecto, las frecuentes sequÃas ocasionaban la pérdida de los cultivos de laderas y, a veces, el gobierno debÃa proporcionar ayuda alimentaria de emergencia. El cultivo en terrazas no sólo mejoró el rendimiento promedio de los cultivos sino que también disminuyó considerablemente su variabilidad. La producción agrÃcola ya no se concentra en una limitada variedad de alimentos y productos básicos (cereales) de bajo valor sino que apunta principalmente a los productos de alto valor. Durante el perÃodo del segundo proyecto, la producción per cápita aumentó de 365 a 591 kilogramos por año.
- El proyecto contribuyó notablemente a la reestructuración del sector agrÃcola y a la adaptación a un entorno económico orientado por el mercado; además, dio lugar a las condiciones necesarias para la conservación sostenible del suelo y el agua.
- Incluso antes de finalizado el proyecto, se recuperó el equilibrio ecológico en una amplia zona que muchos consideraban perdida para siempre.
- La creación de las terrazas hizo necesaria la construcción de caminos que facilitaran el acceso de los vehÃculos, el equipo y los trabajadores a esas zonas. El control y la captura de sedimentos transformaron un terreno que antes era improductivo en valiosas zonas de cultivos, ayudaron a incrementar el almacenamiento de agua para las comunidades y la actividad agrÃcola y disminuyeron el riesgo de inundaciones. Las terrazas han reducido la cantidad de mano de obra necesaria y han permitido a los agricultores buscar nuevas actividades generadoras de ingresos.

- Primer proyecto de la meseta de Loess: de los US$252 millones (costo real del proyecto), US$149 millones provinieron de la contribución de la AIF y US$103 millones, del gobierno y de fondos de contrapartida.
- Segundo proyecto de la meseta de Loess: La AIF aportó US$50 millones y el BIRF, US$99 millones. Otros US$90 millones provinieron del gobierno y de fondos de contrapartida.
- La transformación fÃsica y económica de la meseta de Loess constituye la prueba más evidente de lo que se puede lograr a través de una estrecha asociación con el gobierno, polÃticas acertadas, respaldo técnico, consultas dinámicas con la gente y participación activa de los interesados. Los recursos de la AIF —en forma de inversiones directas, asistencia técnica y en materia de polÃticas, capacitación, fortalecimiento de la capacidad, asà como los esfuerzos y el cambio en el comportamiento de las personas que viven en la zona del proyecto— ayudaron a demostrar la eficacia de un modelo que mejoró las vidas y los medios de subsistencia de más de 2,5 millones de personas y alcanzó a muchos más gracias a la repetición de la experiencia.
- La capacitación y los servicios de respaldo ayudaron a ampliar la capacidad existente para la investigación y el desarrollo en lo que respecta a técnicas de agricultura de secano, mejoramiento de los pastizales, fruticultura, ganaderÃa y seguimiento y evaluación de los efectos de los proyectos.

Los principios de los proyectos se han adoptado y reproducido ampliamente. Se calcula que nada menos que 20 millones de personas se han beneficiado de la repetición de este enfoque en toda China.