26 de febrero de 2008 -- A pesar de los miles de millones de dólares que se han invertido en salud en África, la falta de profesionales de la salud en zonas rurales en muchos países constituye una barrera importante para la cobertura de servicios de salud para los pobres.
“Me destinaron a una zona bastante remota, a unos 38 kilómetros de la ciudad más grande y a 18 kilómetros del camino principal, pero no fui”, señala un médico de una ciudad de Etiopía. “Dos años después, un nuevo médico fue destinado a ese lugar. Trabajó durante un mes, pero tenía que viajar 18 kilómetros a caballo para cobrar su sueldo. Luego de dos meses, empacó sus pertenencias, logró cobrar su sueldo y emigró inmediatamente a Washington, D.C". [1]
A pesar de las grandes inversiones en salud en África, la población, en particular la de las zonas más pobres de África al sur del Sahara, sigue en desventaja en términos de cobertura de servicios de salud.
“Hasta cierto punto, el problema está en una escasez de profesionales idóneos y responsables, especialmente en las zonas pobres y remotas de muchos países”, dice Ok Pannenborg, asesor principal en salud de la oficina del Banco Mundial en la región de África. “Los pobres no pueden beneficiarse de los nuevos programas e inversiones en salud si no existe una fuerza laboral adecuada que traduzca dichas iniciativas en servicios de salud”.
En la mayoría de los países de África al sur del Sahara, los profesionales calificados del país viven principalmente en las zonas urbanas más prósperas. En las zonas urbanas de Zambia, hay 20 veces más médicos y casi cinco veces más enfermeras y parteras que en las zonas rurales. En Malawi, a pesar de que el 87% de la población vive en zonas que se consideran rurales, 96,6% de los médicos trabaja en centros de salud urbanos. En Burkina Faso, hay una partera por cada 8.000 habitantes aproximadamente en las zonas más acaudaladas, en comparación con una por casi 430.000 habitantes en las zonas más pobres. Muchas regiones y distritos remotos a veces ni siquiera tienen un médico, enfermera o partera que preste asistencia a los que la necesitan.
Christopher H. Herbst, analista de salud pública, quien se desempeña como especialista en mano de obra de la salud de la oficina del Banco Mundial en África, comenta que hay buenas razones por las que muchos de estos profesionales prefieren trabajar en centros urbanos o fuera de la región de África al sur del Sahara.
“En áreas urbanas, los trabajadores de la salud suelen ganar más dinero, pueden especializarse y disfrutan de una mejor calidad de vida profesional y privada”.
La gestión deficiente, equipos e insumos inadecuados y la ausencia de educación y oportunidades para generar ingresos adicionales son las razones que impiden que los profesionales de la salud quieran trabajar en zonas rurales.
Esfuerzo combinado para encontrar soluciones
Partera tradicional en Uganda. Fotografía cortesía de Africa Vox 2007
En 2006, el Banco Mundial, con financiamiento de la Fundación Gates y la Agencia Noruega para la Cooperación y el Desarrollo (NORAD, por sus siglas en inglés), inició un programa destinado a asistir a los gobiernos de África al sur del Sahara en el diseño y puesta en marcha de soluciones adaptadas a los problemas específicos de cada país en materia de recursos humanos de la salud.
“Las políticas innovadoras y a favor de los pobres que centran su atención en el mejoramiento de la gestión y la capacidad educacional, así como intervenciones que motiven a los trabajadores de la salud y los que trabajan en VIH/SIDA, son fundamentales para mantener la cobertura de los servicios de salud en las zonas pobres de África”, señala Agnes Soucat, economista jefe y jefe del equipo del Programa de recursos humanos de la salud del Banco Mundial en África. El objetivo no es sólo trabajar hacia el equilibrio entre los trabajadores de la salud en zonas urbanas y rurales en muchos países, sino también velar por que los profesionales que deben atender a los pobres sean accesibles y respondan a sus necesidades”.
El Programa de recursos humanos de la salud coordina la labor con organismos bilaterales y multilaterales, así como con ONG locales e internacionales. Ayuda a los gobiernos a obtener e interpretar pruebas propias de cada país, así como datos básicos para elaborar una política focalizada y programas de recursos humanos de la salud.
Trabajadoras de extensión de salud en Etiopía. Fotografía cortesía de Columbia University
En algunos países de África al sur del Sahara, los esfuerzos conjuntos por abordar la escasez de trabajadores de la salud idóneos en zonas rurales ya han comenzado a dar frutos. Un ejemplo es Etiopía:
“Todo apunta a los trabajadores de extensión”, dice el ministro de Salud del país, Dr. Tedros Adhanom.
Etiopía ha capacitado y destinado a más de 27.000 trabajadoras de la salud a zonas remotas. Las mujeres fueron seleccionadas en las mismas comunidades y hoy ofrecen servicios preventivos y curativos en casi todas las comunidades del país.
“Hacemos visitas domiciliarias tres veces por semana”, explica Fantaye, trabajadora de extensión de salud de Thero Boro Kebele, en el distrito de Mulo. “A veces tenemos que caminar hasta dos horas, pero no nos desanimamos [2].”
Al parecer, son programas como éstos los que son necesarios para acelerar el avance de África hacia el desarrollo.
“A menos que trabajemos en conjunto para plantear estrategias innovadoras y velar para que los millones de dólares que se invierten en salud en África lleguen a los que más los necesiten, difícilmente se podrán lograr los objetivos de desarrollo del milenio”, advierte Pannenborg en referencia a las metas que fijó Naciones Unidas para terminar con la pobreza antes de 2012.