23 de marzo, 2006—En este segundo artículo sobre el tema del ausentismo entre maestros y asistentes médicos, exploramos algunas de las posibles soluciones y cuestiones en un estudio investigativo del Banco Mundial y la Universidad de Harvard. Si usted vive en un país en desarrollo y su personal no se presenta habitualmente a trabajar, quizás piense que la única solución obvia es ofrecerles más dinero a modo de incentivo. Pero ésta no es la solución que encontrará en el estudio que llevaron a cabo los investigadores del Banco Mundial y de la Universidad de Harvard, donde analizan el tema del alto ausentismo entre maestros y asistentes médicos en seis países en desarrollo. El estudio reveló que a menudo son precisamente los maestros y médicos mejor remunerados los que no acuden a su trabajo. Como señala Halsey Rogers, economista superior del Grupo de Investigación para el Desarrollo del Banco, no debería esperarse que el aumento salarial, como única medida, reduzca el ausentismo del personal que, por lo general, no está bien supervisado ni es recompensado por su buen desempeño. Sin embargo, el estudio encontró que cuanto mejor sea el entorno laboral en la escuela o en el centro médico, más bajo será el índice de inasistencia. "Descubrimos una clara relación entre la buena infraestructura y el ausentismo más bajo", dice Rogers. "La explicación más lógica en aquellos países donde casi no se supervisa a los trabajadores es que el determinante para que una persona vaya o no a trabajar es cómo se siente en el lugar de trabajo". "Si las instalaciones son buenas - por ejemplo, si tienen servicios sanitarios y techo - van a estar más entusiasmados por ir al trabajo y trabajar en esas condiciones". Nazmul Chaudhury, economista en educación del Sector de Desarrollo Humano de Asia meridional del Banco, dice que deberían elaborarse políticas en materia de educación y salud que consideren los altos índices de inasistencia. Un forma de contrarrestar los altos índices de inasistencia entre los médicos de las regiones alejadas podría ser cambiar los presupuestos destinados a la salud hacia aquellas actividades que no requieran tantos médicos en esas regiones, por ejemplo, campañas de vacunación, lucha contra las plagas para limitar las enfermedades infecciosas y educación sanitaria. Otra idea que ya están intentando algunas organizaciones no gubernamentales – comenta Chaudhury – es realizar visitas médicas periódicas en lugar de destinar médicos a las regiones alejadas en forma continua o rotar a los médicos enviados a esas regiones en forma más regular. El estudio encontró que pocas veces se imponía una medida disciplinaria a los maestros y asistentes médicos que no acudían a sus trabajos. Según Rogers, el estudio sugiere que podría resultar bueno otorgar a las instituciones locales, como las asociaciones escolares, la facultad de contratar y despedir a sus docentes. "No resulta suficiente ir y establecer asociaciones de padres y maestros. Sin embargo, en las escuelas indias, donde dichas asociaciones son más activas, encontramos un porcentaje un poco menor de inasistencia, y creemos que si se les diera a estas asociaciones más poder para determinar la contratación y despido de docentes, se podrían lograr mejores resultados". Pero en la búsqueda de posibles soluciones, Chaudhury plantea la cuestión de si existe la voluntad política de enfrentar el problema del alto ausentismo, al tiempo que hace hincapié en otra cuestión - el poder de los médicos y los sindicatos médicos en los países en desarrollo. "El problema es que la mayoría de los sistemas de salud pública están dominados por los médicos y cuentan con el respaldo de poderosos sindicatos médicos. La reforma de este sector exige una gran movilización política y compromiso, que podrá evaluarse a la larga por los resultados en materia de salud", agrega. "Volvemos a reiterar que quizás los políticos consideren que ahora sus clientes fuertes son los sindicatos de médicos y maestros, los cuales se hacen oír y pueden organizar demostraciones masivas en la calle pero, en última instancia, más allá de los médicos y docentes, se encuentran millones de padres y pacientes. Ellos son en realidad los verdaderos clientes de los gobiernos y cuando los gobiernos respondan a esa voz, entonces sí seremos testigos de cambios”. |