Ofrecer oportunidades económicas a campesinos afganos pobres es crucial para la lucha contra el opio, señala informe del DFID-Banco Mundial

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Press Release No:2008/203/SAR

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TOKIO, 5 de febrero de 2008. Urge encontrar soluciones de desarrollo para eliminar actuales incentivos económicos y liberar a las comunidades rurales afganas de la dependencia de la producción del opio a mediano y largo plazo, advierte un informe publicado hoy por el Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID, por sus siglas en inglés) y el Banco Mundial.

El informe destaca los beneficios de invertir de manera sostenida en la economía agrícola rural e insta a la comunidad extranjera que reside en Afganistán a adquirir productos en el país y a estimular la producción local.

El informe, cuyo título es: Afghanistan: Economic Incentives and Development Initiatives to Reduce Opium Production [Afganistán: incentivos económicos e iniciativas de desarrollo para reducir la producción de opio], destaca que tales intervenciones constituirían un componente clave de una estrategia mucho más amplia de lucha contra los narcóticos, que también contemplaría sistemas de fiscalización, medidas políticas y administrativas, mejoramiento de la seguridad, mejoramiento del gobierno, creación de conciencia, disminución de la demanda y tratamiento.

Afganistán produce y vende más de 90% del total del opio ilegal que se transa en el mundo. La economía del opio alcanza al 30% del PIB legal del país, y millones de afganos se benefician de este producto de manera directa o indirecta. El desafío económico que plantea el opio es aún más evidente en las zonas rurales. Según el informe, el opio es la actividad agrícola más valorada y provee ingresos y trabajo a cientos de miles de afganos.

El informe, lanzado en Tokio en una reunión que sostuvieron donantes internacionales y el Gobierno de Afganistán, afirma que la economía de la droga prospera con más fuerza en zonas distantes e inseguras donde no existen otros cultivos ni medios de sustento alternativos. Hoy, la producción se concentra cada vez más en cinco provincias del sur del país donde la seguridad es sumamente débil. Dado este contexto, es indispensable que cualquier alternativa al opio aborde los problemas que enfrentan los agricultores rurales y los ayude a conseguir acceso a tierra, créditos, seguridad alimentaria y medios de sustento económico sostenibles.

El informe propone iniciar tareas de desarrollo con un horizonte de varios años de duración con miras a proporcionar al país la infraestructura, mercados y servicios indispensables para estimular el crecimiento sostenible. También es esencial, agrega el informe, garantizar la seguridad y reforzar las mejoras en materia de buen gobierno y de creación de instituciones de base efectivas, lo cual fortalecería la relación de responsabilidad y confianza entre los habitantes rurales y el gobierno local y central.

Si se logran estas condiciones, la experiencia demuestra que es posible reducir el cultivo de la adormidera del opio. Por ejemplo, en un período relativamente breve se logró reducir el cultivo de opio en zonas de la provincia de Badakhshan, donde los hogares se ubican cerca de zonas urbanas y por ende tienen acceso al mercado laboral y de productos agrícolas.

El informe destaca la importancia de la seguridad y el buen gobierno. “Los medios de sustento lícitos sólo se pueden mantener en condiciones donde el correcto buen gobierno y la seguridad permiten el desarrollo de mercados legales, la acumulación de activos y el desarrollo de actividades económicas normales”, agrega Alastair Mckechnie, director de la oficina del Banco Mundial en Afganistán. “Es necesario forjar un fuerte marco institucional cuyo fundamento sean las prometedoras instituciones comunitarias que ya han sido creadas en otras instancias, como el Programa nacional de solidaridad”.

El informe describe las seis intervenciones de corto plazo que sugiere establecer como prioridades:

  • Acelerar el desarrollo rural por medio de programas comunitarios;
  • Ampliar la superficie de tierras agrícolas arables a través de programas de riego;
  • Aumentar la producción de ganado para que los pobres puedan generar más activos y nuevos medios de sustento;
  • Crear oportunidades para la creación y el fomento de empresas agrícolas;
  • Estimular a socios internacionales que trabajan en la protección y reconstrucción de Afganistán a realizar sus adquisiciones y contrataciones en el país; y
  • Explotar posibles oportunidades para producir y comercializar cultivos industriales.

Si bien reconoce que la insurgencia y los conflictos que aún afectan a algunas zonas del país reducen las perspectivas de desarrollo, el informe apunta a posibles formas de avanzar, entre ellas maximizar el sentido de pertenencia local y la participación comunitaria; trabajar con socios y personal a cargo de la ejecución de proyectos en el país, que preferentemente pertenezcan a las propias comunidades; velar por que los proyectos respondan a las prioridades de las comunidades; y eliminar la etiqueta de “extranjero” a los proyectos. En los lugares donde impera la inseguridad, como en la provincia de Helmand, las alternativas son aún menos, pero sí se pueden hacer grandes inversiones en algunos enclaves y en torno a las ciudades; apoyar obras públicas con alta densidad de mano de obra; ampliar la cobertura de la red vial rural donde la seguridad lo permita; y propiciar inversiones en capital humano, incluso en instituciones educacionales ubicadas en otros lugares si fuera necesario. No obstante, si la situación de conflicto e inseguridad se mantiene como en la actualidad, no quedan muchas esperanzas de que vayan a mejorar las perspectivas en el futuro.

Vincular el apoyo al desarrollo rural con el fortalecimiento del buen gobierno puede ejercer un efecto importantísimo en los medios de subsistencia rurales y, a su vez, en la economía del opio. El informe hace un llamado a expandir y combinar programas nacionales actualmente en marcha y que han logrado resultados positivos, como el Programa nacional de acceso rural y el Programa nacional de solidaridad (NSP, por sus siglas en inglés), los cuales han resultado ser muy eficaces a la hora de invertir en zonas rurales. También el informe plantea ampliar las funciones de los Consejos de desarrollo comunitario (CDC), creados, en el marco del NSP, como socios para el desarrollo local. Estas gestiones ayudarán a las comunidades rurales a generar la infraestructura física e institucional necesaria para apoyar la transición hacia actividades comerciales. En efecto, los aspectos de infraestructura son particularmente críticos, ya que actualmente no existen rutas de acceso a las ciudades capitales de 108 de los 396 distritos de Afganistán.

Según el informe, el riego y la ganadería son las principales áreas que requieren apoyo. Debido a que el territorio de Afganistán está formado por tierras áridas donde la mayor parte de la producción agrícola requiere riego, urge desarrollar medios de sustento y ayudar a los agricultores a producir cultivos de mayor valor. El informe propone un programa de ejecución gradual, en el que durante 10 años se invierta de manera incremental hasta alcanzar inversiones por alrededor de US$1.200 millones. El informe también sugiere ampliar el apoyo a la ganadería y cita como ejemplo algunos programas nacionales en ejecución que apoyan la prestación de servicios veterinarios, así como iniciativas de producción lechera y avícola a pequeña escala.

Otro factor a tomar en cuenta es el impacto en materia de trabajo y creación de riqueza vinculado con el desarrollo de empresas rurales. El informe plantea muchas recomendaciones que ayudarían a mejorar el entorno para los negocios y mejorar el impacto de programas de apoyo a las empresas. Algunas de las sugerencias del informe en esa área son el mejoramiento del acceso de camiones afganos a países vecinos, financiamiento compartido, expansión de parques industriales, mejoramiento de las normas de exportación y fortalecimiento del servicio de aduanas.

Una medida urgente que traería grandes beneficios es que la comunidad extranjera comenzara a realizar sus adquisiciones en el país. Un estudio internacional descubrió que del presupuesto total de las tareas de mantenimiento de la paz, el país anfitrión se beneficia de sólo entre 4% y 9%. En este sentido, el informe insta a los países que apoyan el Pacto para el Afganistán a comprometerse decididamente y aumentar en forma drástica las adquisiciones locales. El grueso de tales adquisiciones serían productos agrícolas de alto valor y gran parte de ellos podrían cultivarse en zonas donde actualmente predomina el cultivo de opio.

En muchas zonas de Afganistán se podrían producir cultivos hortícolas, industriales o de exportación de alto valor, como por ejemplo semillas oleaginosas, frutas y frutos secos, algodón y vegetales. Según el informe, un programa integrado de fomento a la producción y desarrollo comercial de tales cultivos podría generar enormes beneficios.

Por último, el informe destaca que la eliminación gradual de la economía del opio en Afganistán se conseguirá cuando se cree una red de buen gobierno e incentivos a favor de actividades económicas lícitas, todo lo cual requiere tiempo, compromiso constante y recursos.

“Buscar soluciones fáciles con el fin de reducir rápidamente la producción de opio genera falsas expectativas y debilita cualquier efecto en el largo plazo”, sostuvo William Byrd, economista del Banco Mundial y uno de los autores del informe. “Cualquier dividendo será a mediano y largo plazo y se obtendrá gracias a esfuerzos coherentes, la persistencia ante los obstáculos a corto plazo e inversiones sólidas, coordinadas y sostenidas”.

Para leer el informe y obtener más información sobre el trabajo del Banco Mundial en Afganistán, visite: http://www.worldbank.org.af i

Para leer el informe y obtener información sobre el trabajo del DFID en Afganistán y en otras partes del mundo, visite: http://www.dfid.gov.uk i

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