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El Banco Mundial Prevé que las Tasas de Crecimiento de los Países en Desarrollo Serán las más Bajas desde la Crisis de la Deuda de los Añnos Ochenta; las Perspectivas Mejorarán para el Año de 2000

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新闻稿编号:99/2016/S

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WASHINGTON, 2 de Diciembre de 1998 — Según un comunicado de prensa publicado hoy por el Banco Mundial, los países en desarrollo son los que más sufrirán los costos económicos y sociales de la desaceleración de la actividad económica mundial de 1998-2000; su crecimiento per cápita descenderá al 0,4% en 1998, frente al 3,2% registrado el año pasado.

Es probable que Brasil, Indonesia, Rusia y otros 33 países en desarrollo y en transición - que representan, en conjunto, el 42% del PIB total del mundo en desarrollo y albergan a más de un cuarto de su población - tengan un crecimiento per cápita negativo este año. En cambio, en 1997 el ingreso per cápita bajó sólo en 21 países, que sumaban el 10% del PIB y el 7% de la población del mundo en desarrollo. Aunque es posible que 1999 sea también un año de lento crecimiento en los países en desarrollo, la situación podría mejorar del año 2000 en adelante, en que el crecimiento per cápita podría recuperar el ritmo del 3,5% anual observado en los últimos años (excluidas las economías en transición).

Según el nuevo informe del Banco titulado Global Economic Prospects and the Developing Countries 1998/99 (Las perspectivas económicas mundiales y los países en desarrollo, 1998/99), gran parte de la desaceleración de las economías en desarrollo obedece a la profundidad y la gravedad sin precedentes de la recesión de los países en crisis de Asia oriental y su efecto de contagio en el resto del mundo. Según las previsiones, la producción de la región descenderá abruptamente este año y se estabilizará para 1999, por lo que, se mantiene en el informe, la crisis asiática ya ha adquirido proporciones similares a la crisis de la deuda latinoamericana de los años ochenta, por lo que se refiere a su impacto en los países durante sus primeros 12 meses.

"Lo que para muchos iba a ser sólo un incidente sin importancia ha resultado ser un factor de desestabilización de la economía mundial", ha declarado Joseph E. Stiglitz, Primer Vicepresidente y Primer Economista del Banco Mundial. "Si bien 1998 y 1999 serán años muy difíciles para los países en desarrollo, a más largo plazo (2001-2007) el crecimiento todavía podría alcanzar las tasas récord observadas en 1991-97, pero sólo si se aplican sin demora políticas destinadas a evitar una recesión mundial aún más profunda y si los países en desarrollo fortalecen el sector financiero."

Los países en desarrollo se han visto afectados por la recesión japonesa, cada vez más profunda, y por una serie de conmociones vinculadas a la crisis asiática, como el derrumbe del rublo ruso, la caída de los precios de los productos básicos, la pronunciada pérdida de dinamismo de la demanda mundial de importaciones y la aversión generalizada a los riesgos de los mercados financieros. Por añadidura, en muchas partes de África, Asia y América Latina, el fenómeno de El Niño provocó graves inundaciones y sequías que acabaron con buena parte de los cultivos, los sistemas de abastecimiento de agua y la infraestructura rural.

Debido en buena parte a esas perturbaciones, la demanda interna se está contrayendo este año en países que representan alrededor del 25% de la demanda mundial: gran parte de las naciones en desarrollo de Asia oriental, Japón, Rusia y el Oriente Medio. En los países donde se origina el 70% de la producción mundial -fundamentalmente, los Estados Unidos y Europa- la demanda está perdiendo impulso o, como en el caso de América Latina, está disminuyendo bruscamente.

En las últimas semanas se han tomado varias medidas importantes para favorecer la recuperación de la economía mundial a mediano plazo, entre ellas los sucesivos recortes de las tasas de interés en los Estados Unidos y varios países de Europa; la aprobación por la Dieta japonesa de un programa de impulso fiscal y revitalización financiera; la declaración de los dirigentes del Grupo de los Siete en apoyo del saneamiento del sistema financiero mundial, incluido su respaldo a la financiación del FMI; el acuerdo sobre un plan fiscal interno para el Brasil y el otorgamiento por la comunidad internacional, con carácter preventivo, de una línea crediticia; la asistencia financiera para Asia por US$30.000 millones organizada por el Japón, y el anuncio formulado en la Cumbre del Consejo de Cooperación Económica en Asia y el Pacífico celebrada recientemente en Malasia, de que los Estados Unidos, el Japón e instituciones multilaterales como el Banco Mundial prestarán mayor apoyo financiero y social a los países asiáticos que se encuentran en crisis.

Si bien estas medidas son de vital importancia, las perspectivas a corto plazo para los países en desarrollo no son muy halagüeñas, en especial si se tiene en cuenta que el financiamiento disponible para los mercados emergentes ha disminuido abruptamente desde mediados de agosto. En el informe se presenta el pronóstico "de referencia" más probable y, además, se bosqueja un marco hipotético desfavorable, en el que se explora qué ocurriría si se dieran las siguientes condiciones: propagación de las dificultades financieras en los mercados emergentes, una recesión más profunda en el Japón e importantes correcciones en los mercados de valores de los Estados Unidos y Europa. En tal caso, la economía mundial experimentaría una grave recesión en 1999 y el crecimiento per cápita de los países en desarrollo en su conjunto (excluidas las economías en transición) descendería por primera vez desde 1981-82.

Cómo abordar las crisis: duro escarmiento

Además de pronosticar las tasas de crecimiento de los países en desarrollo, Global Economic Prospects 1998/99 también se centra en dos preguntas fundamentales: ¿Por qué la crisis tuvo un efecto tan nocivo, aun en países con economía relativamente sólida? ¿Cómo puede la comunidad internacional evitar futuras crisis?

"Esta no ha sido una de las clásicas crisis de endeudamiento público que hemos conocido en el pasado y que habíamos aprendido a solucionar", señala Uri Dadush, Director del Grupo de análisis de las perspectivas de desarrollo del Banco Mundial, encargado de preparar el informe. "Pensando en el futuro, el papel primordial de las políticas fiscales y, donde sea posible, monetarias, en estos momentos es mantener la demanda, ampliar las medidas de protección social y recapitalizar los sistemas financieros. Para lograr una recuperación sostenida es fundamental reestructurar las empresas y asegurar el constante apoyo financiero de la comunidad internacional."

En consecuencia, el Banco Mundial está adoptando una estrategia con un doble componente: por un lado, la reorganización de los sectores financiero y empresarial y, por el otro, la protección de los pobres y otros grupos vulnerables durante las crisis.

Reestructuración y reforma de los sectores financiero y empresarial

A mediados de 1998, gran parte de los sectores de las finanzas y las empresas privadas de los cinco países en crisis o eran insolventes o atravesaban graves dificultades. Al parecer, en Indonesia, Malasia, la República de Corea y Tailandia, los préstamos no productivos son tan cuantiosos que, si se cancelaran totalmente contra el capital de los bancos, el patrimonio neto del sistema bancario sería negativo.

En estos países, la recapitalización de los sistemas bancarios hasta alcanzar la relación de suficiencia de capital del 8% recomendada por el Banco de Pagos Internacionales costaría aproximadamente del 20% al 30% del PIB.

Por lo tanto, a fin de asegurar la recuperación económica, las autoridades deben emprender la excepcionalmente prolongada, compleja y ardua tarea de sanear estos sectores y fortalecer las instituciones de supervisión, reglamentación y gestión que podrían reducir la probabilidad de crisis semejantes en el futuro.

Dada la naturaleza sistémica de esta crisis, la reestructuración financiera exigirá un firme liderazgo del Estado, encuadrado en un marco estratégico claro que incluya, inevitablemente, aportes considerables de fondos públicos. Para sanear las empresas viables habrá que reestructurar las deudas internas y externas, en muchos casos gigantescas, reprogramándolas, amortizándolas parcialmente o convirtiéndolas en capital. La participación de inversionistas extranjeros, que pueden proporcionar capital social y capital de riesgo, será importante para la reestructuración del sector financiero y de las empresas. También los gobiernos de la OCDE pueden hacer mucho para acelerar la solución del problema de la deuda pendiente, en especial con los acreedores privados externos.

Igualmente imperiosa es la necesidad de resolver los problemas de la deuda interna para que las economías puedan progresar. Sin embargo, como una reestructuración de la magnitud requerida en Asia oriental significaría adentrarse en un territorio relativamente desconocido, es muy probable que deban emplearse nuevos métodos.

El impacto social de la crisis no se advirtió con la debida antelación

En Global Economic Prospects 1998/99 se sostiene que las medidas convencionales adoptadas ante la crisis de Asia oriental tampoco tuvieron debidamente en cuenta el costo que tuvieron que soportar los pobres a raíz de la crisis, así como de la sequía y la subida vertiginosa de los precios de los alimentos básicos. Si bien los países de Asia oriental habían reducido la pobreza y mejorado el nivel de vida a un ritmo sin parangón en la historia, la investigación demuestra que las crisis prolongadas provocan más pobreza, mayor desigualdad en los ingresos y el deterioro de indicadores sociales, como la malnutrición, que entrañan graves consecuencias a largo plazo. Según las previsiones, en Indonesia, Corea del Sur y Tailandia se triplicará el desempleo y, sólo en Indonesia y Tailandia, el número de personas que recaerá en la pobreza en 1998 podría llegar a los 25 millones, y podría ser mucho más elevado si la desigualdad en los ingresos se agrava.

"La crisis puso al descubierto qué poca protección social tenían los pobres en Asia oriental si la economía regional atravesaba graves dificultades", señala Dipak Dasgupta, principal autor del informe y economista principal del Banco Mundial. "Pensando en el futuro, es indudable que, al concebir la respuesta apropiada a las crisis económicas, los temas sociales deben ser tan importantes como las cuestiones fiscales y monetarias. Aun cuando no sustituyan a las políticas económicas acertadas y orientadas al crecimiento, las redes de protección social pueden contribuir a aliviar los peores efectos de la crisis para los pobres y otros grupos vulnerables."

En el informe se mantiene que, entre las medidas prioritarias para proteger a la población pobre en una crisis, fundamentales en los préstamos del Banco Mundial para el sector social en Asia oriental, deben figurar la protección del suministro de alimentos mediante subvenciones y transferencias directas, la generación de ingresos para los pobres por medio de donaciones en efectivo y obras públicas, el mantenimiento del bienestar físico de la población mediante actividades de educación y atención básica de la salud, y servicios de capacitación y búsqueda de empleo para los desempleados. Otra de las prioridades debe ser la construcción de sistemas de protección social antes de que se produzca una crisis.

Cómo evitar crisis en el futuro

Después de un análisis atento de los orígenes de la crisis de Asia oriental y las medidas adoptadas ante ella, en Global Economic Prospects 1998/99 se mantiene que esta era de grandes flujos de capital privado presenta a los países en desarrollo difíciles problemas para la gestión de los mismos.

La dificultad principal estriba en que los países en desarrollo están poco familiarizados con las medidas institucionales y normativas de salvaguardia necesarias para utilizar provechosamente los mercados de capitales mundiales; además, la elaboración de este tipo de medidas es un proceso largo, muy especialmente en países que no cuentan con los especialistas necesarios y una administración pública eficiente. Por el contrario, los países industriales han reformado en los cien últimos años las políticas públicas y las instituciones para poder evitar las crisis sistémicas. Al parecer, han reducido la incidencia y la gravedad de las conmociones, pero no han conseguido eliminarlas (ejemplo de ello son la crisis de las asociaciones de ahorro y préstamo de los Estados Unidos en los años ochenta; la crisis bancaria en los países nórdicos al comienzo del decenio de 1990, y las dificultades financieras generalizadas que atraviesa actualmente la economía japonesa).

En el informe se subraya la interacción de los numerosos factores que acrecientan los riesgos de que se produzcan crisis financieras en los países en desarrollo, entre ellos, los precarios sistemas financieros internos, las políticas macroeconómicas desacertadas, la escasa previsión con que se llevó a cabo la liberalización financiera o de la cuenta de capital (o ambas), la gestión deficiente de las empresas y la tendencia de los mercados internacionales de capitales a oscilar entre la euforia y el pánico. El Banco Mundial propone varias medidas, inspiradas en las enseñanzas extraídas de Asia oriental, que, a su juicio, podrían limitar las crisis en el futuro.

  • Es preciso adoptar un planteamiento más amplio cuando se observa una actitud de excesiva tendencia al endeudamiento privado y a la asunción de riesgos en un contexto de abundantes entradas de capital y sistemas financieros precarios. En muchos casos, ello obligará a aplicar tipos de cambio más flexibles, una política fiscal más estricta, una reglamentación financiera más apropiada y rigurosa y, en caso necesario, restricciones a los flujos de capital. El objetivo de esas medidas será reducir los ingentes ingresos de capital y el repentino auge del crédito interno que suele preceder a las crisis financieras.
  • La liberalización del sector financiero interno, que puede aumentar considerablemente el peligro de crisis (particularmente cuando coincide con la liberalización de las cuentas de capital), debería avanzar con cautela y correr pareja con una supervisión y una regulación financiera más estrictas.
  • También la liberalización de la cuenta de capital debe proceder con precaución. No es realista suponer que los países en desarrollo cuenten con las políticas más acertadas y las instituciones más sólidas, y de este modo, puedan sortear el peligro de crisis.

    "Antes de liberar la cuenta de capital, un país debe hacer cuanto esté de su mano por fortalecer los sistemas financieros nacionales, pero para minimizar los riesgos de que se produzca una crisis hay que saber elegir el momento y sucesión de las distintas etapas de esa liberalización", ha manifestado Mustapha Nabli, Asesor Económico Superior y ex Ministro de desarrollo económico de Túnez entre 1990 y 1995. "Según la enseñanza extraída de la crisis de Asia oriental, para beneficiarse de la globalización los países en desarrollo deben consolidar la reforma económica y social y no apartarse de ella."

  • Habida cuenta de la excesiva inestabilidad de los flujos de la deuda a corto plazo, del fuerte efecto de contagio de la crisis y del peligro moral cada vez mayor de los mercados financieros internacionales, es menester modificar la estructura económica mundial. Sin embargo, en el informe se advierte que esta reforma llevará tiempo y se subraya que sus principios rectores ya se están debatiendo en muchos niveles de la comunidad internacional. Dada la importancia de estos temas, es fundamental que este debate se realice de manera franca y abierta y refleje la opinión general.

Conclusiones

El informe cobra un tono optimista cuando hace notar que los acontecimientos de los últimos 12 meses bien pueden anunciar el advenimiento de una nueva etapa, más realista y estable, para los países en desarrollo. Hay muchas circunstancias positivas de la economía mundial que favorecerían el crecimiento sostenido a largo plazo, a saber, unos mercados más abiertos y competitivos y un avance más firme del comercio mundial; el extraordinario aumento de la inversión extranjera directa, que volvió a alcanzar cifras sin precedentes en 1998, a pesar de la crisis; las bajas tasas de inflación internacional y los menores déficit fiscales, y más de un decenio de sólidas reformas económicas orientadas al mercado en los países en desarrollo. La mayor apertura comercial es uno de los medios más eficaces para conseguir un crecimiento acelerado y a largo plazo. Del mismo modo, son notables los beneficios de la apertura a la inversión extranjera directa, que permite mejorar la tecnología y el acceso a los mercados, alcanzar mayor productividad y adquirir conocimientos más avanzados.

Los países en desarrollo también pueden beneficiarse de otros flujos de capital a largo plazo procedentes de los mercados financieros mundiales; para ello es necesario contar con mercados nacionales de obligaciones y capitales más avanzados.

La actual crisis, si bien ha tenido consecuencias económicas y sociales graves, también ha dejado importantes enseñanzas sobre la forma de fortalecer la economía mundial, que permitirán evitar crisis de esta magnitud en el futuro. Los países necesitan desarrollar y fortalecer las estructuras normativas e institucionales para garantizar sistemas financieros seguros y estables, en especial donde se relacionan con los mercados financieros internacionales; asimismo, para evitar conmociones y solucionarlas con mayor eficacia, debe modificarse la arquitectura financiera internacional, para que sean cada vez más los países que pueden lograr mayores beneficios reales de la nueva economía mundial al mismo tiempo que reducen su vulnerabilidad a los riesgos.




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