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Europa oriental vive una revolución del sistema de pensiones

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27 de enero, 2005 - En el marco de los esfuerzos por transformar las instituciones después de la caída del comunismo, los países de Europa oriental terminaron como precursores de la reforma del sistema de pensiones.

"Realmente ha sido una revolución, en la cual la mayoría de los países están cambiando radicalmente sus sistemas de pensiones ", señala Michal Rutkowski, especialista en sistemas de pensiones del Banco Mundial con vasta experiencia en Europa oriental, Asia central, Oriente Medio y Norte de África.

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Rutkowski dice que se está produciendo una revolución del sistema de pensiones en Europa oriental.
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La mayoría de los países que integran o pretenden integrar la Unión Europea han efectuado reformas a sus sistemas de pensiones. Las naciones en cuestión son Hungría, Letonia, Polonia, Estonia, Bulgaria y Croacia, Eslovaquia, Lituania, Rumania, y sólo se excluyen Eslovenia y la República Checa.

Estas naciones están dejando el antiguo sistema de régimen de pagos con cargo a los ingresos corrientes (PAYG), el cual comenzó a agotarse hasta finalmente resultar insostenible debido a los cambios demográficos, y han diversificado sus sistemas de pensiones mejorando el anterior componente PAYG y creando un nuevo módulo privatizado que se financia a través de los mercados de capitales.

Estas naciones están dejando el antiguo sistema de régimen de pagos con cargo a los ingresos corrientes (PAYG), el cual comenzó a agotarse hasta finalmente resultar insostenible debido a los cambios demográficos, y han diversificado sus sistemas de pensiones mejorando el anterior componente PAYG y creando un nuevo módulo privatizado que se financia a través de los mercados de capitales.

"Los países de Europa oriental podían permitirse una reforma totalmente radical al sistema de pensiones ya que enfrentaban muchos desafíos simultáneos ", explica Rutkowski. Entre otros desafíos de la transición estaba el avance hacia la economía de mercado y el desarrollo de mercados financieros.

En el mundo, cada vez se recurre más a los mercados de capitales para financiar el sistema de pensiones como un medio de asegurar fondos para los ancianos. Una docena de países de América Latina han aplicado reformas similares en los últimos 20 años.
Los países de Europa oriental reorganizaron los antiguos sistemas PAYG para darles mayor transparencia y en lugar de hacer un fondo común con los aportes de los trabajadores y crear un gran pozo de dinero para financiar las pensiones de los actuales jubilados, el nuevo sistema PAYG identifica personalmente las contribuciones. Así, la pensión de una persona será la suma de sus contribuciones anuales más el interés acumulado.

Esta modificación incentiva enormemente a las personas a trabajar durante más tiempo. "Si un trabajador jubila a los 64 años y no a los 63, con el nuevo sistema obtiene entre un 8% y un 9% más de rentabilidad para su pensión. En el antiguo sistema la diferencia era sólo de 1% a 2%", explica Rutkowski.

En el antiguo sistema PAYG, la pensión se basaba en el sueldo final del trabajador, no en las contribuciones realizadas durante toda la vida.
Los países también introdujeron un nuevo módulo con financiamiento privado conforme al cual los aportes de los trabajadores pasan a fondos de pensiones que invierten el dinero en mercados financieros.

Estos cambios han permitido aumentar la sostenibilidad fiscal de todo el sistema de pensiones. Además, el sistema está diseñado para adaptarse automáticamente a los cambios en las circunstancias. "Si la esperanza de vida aumenta, no hay necesidad de sostener un debate parlamentario para cambiar la edad de jubilación", señala. Las personas querrán trabajar más tiempo para obtener una mejor jubilación.

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"En el proceso para ingresar a la UE, los países de Europa oriental tenían mucho que aprender de Europa occidental ", señala Rutkowski, aunque en términos de reforma del sistema de pensiones, los precursores son los países de Europa y Asia central.

A pesar de que todos los países europeos comparten una situación demográfica similar, es probable que las reformas que se emprendan en Europa occidental no sean tan radicales como la de sus vecinos del Este.

"Los países de Europa occidental tendrán que aplicar reformas, pero la mayoría de los cambios probablemente abarcarán el pilar del régimen de pagos con cargo a los ingresos corrientes de acuerdo con el modelo sueco", explica Rutkowski.

Estas reformas permitirían a los países de Europa occidental ajustar automáticamente sus sistemas a los cambios en la demografía e incentivarían a los trabajadores a participar en el sistema de pensiones durante toda su vida laboral.

Los actuales sistemas PAYG aplicados en Europa occidental son muy generosos, en especial en Francia y Alemania, lo cual significa que estos gobiernos tienen una mayor deuda implícita, es decir una deuda que el gobierno debería pagar a los trabajadores actuales cuando éstos jubilen de acuerdo con los compromisos que se han hecho.

Debido a que estos países cuentan con mercados financieros bien desarrollados, no pueden pretender inyectar más estos mercados mediante la creación de fondos de pensiones.

"A diferencia de Europa oriental, los elementos financiados sería mucho más marginales y voluntarios", concluye Rutkowski.

Escuche a Rutkowski destacar los desafíos de Europa (Windows Media).

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Inspiración para la reforma

La reforma del sistema de pensiones en las naciones de Europa oriental se inspiró en las reformas efectuadas en Suecia y América Latina.

Suecia dio transparencia a su sistema PAYG a través de un vínculo claro entre las contribuciones y las pensiones. Además, el nuevo sistema imita al sistema privado en cuanto a que los aportes de los trabajadores se registran individualmente y luego se les hace un seguimiento. En el momento de la jubilación, la pensión depende exclusivamente del monto de aportes que el trabajador ha hecho durante su vida y de la esperanza de vida según la edad de jubilación. Esos principios fueron aplicados por Letonia y Polonia en sus reformas.

América Latina creó un modelo de sistema de pensiones con financiamiento privado, aunque existen diferencias fundamentales con Europa oriental en cuanto a la forma de aplicar el principio. A diferencia de América Latina, que dejó de depender del sistema PAYG para usar el sistema financiado por el trabajador, las inversiones privadas en el plan de pensiones de Europa oriental representan menos del 10% del plan de pensiones de un individuo. Además, gran parte de la inversión no se hace en bonos públicos sino en instrumentos de ingresos variables, tales como las acciones.
"Al comienzo es comprensible que gran parte de la inversión se destine a bonos públicos, pero espero que con el tiempo aumente la inversión en acciones, proceso que ya está sucediendo", comenta Rutkowski.

El nuevo sistema infunde confianza

Todavía nadie ha jubilado con el nuevo sistema y no se podrán apreciar sus efectos durante varios años porque sólo las personas menores de 50 años pueden optar a él.
"No tiene sentido que las personas mayores de 50 años se cambien al nuevo sistema ya que no les quedan muchos años laborales como para poder aprovechar realmente los beneficios", explica Rutkowski.

Al parecer los individuos han aceptado de buen agrado la reforma puesto que ante la oportunidad de elegir entre el sistema antiguo y el nuevo, la gran mayoría se cambió al nuevo.

"En Polonia, por ejemplo, nueve millones de personas se cambiaron al sistema nuevo y aquellos entre los 30 y los 50 años, tres cuartas partes aceptaron la nueva opción. Sin duda el tema tiene que ver con la edad, pues era más probable que fueran los más jóvenes quienes eligieran el nuevo sistema. En efecto, la alternativa se ofreció sólo a las personas entre 30 y 50 años y los menores de 30 años quedan incorporados en forma automática", agrega Rutkowski.




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